Ciencia recreativa

Inversión en la primera infancia y conflictos intergeneracionales

4 Dic, 2011 -

Acabo de tener una idea feliz -es decir, que no he meditado demasiado- releyendo este post de Sara de la Rica que me gustaría sacar a debate. Os cuento la historia.

La madre de todas mis obsesiones tiene es la siguiente. Cuanto más sabemos sobre el tema, más claro tenemos que el Estado de Bienestar tal como está diseñado en Europa continental, está roto. No sólo no consigue asegurar la igualdad de oportunidades, ni siquiera es capaz de mantener, como hacía en el pasado, el nivel de renta de la gente. Tenemos un mix de políticas redistributivas excesivamente basado en la unidad familiar (en lugar de los individuos), excesivamente pasivo (en lugar de “activo”) y basado en remediar ex post en lugar la desigualdad en lugar de prevenir su formación.

Frente a esto hay una idea bastante obvia: la política familiar; “invertir en los niños”. ¿Como se remedia esto? Por un lado, hay bastante evidencia de que cada euro que se invierte en una individuo es menos “rentable”, tanto en términos de reducir la desigualdad como de mejorar la productividad de ese individuo, conforme esa persona es más mayor. Esto es algo económica y éticamente terrible: económicamente, porque supone que una parte importante de lo que invertimos en tramos de edad superiores está siendo desperdiciado; éticamente, porque a la hora de asegurar la igualdad de oportunidades, está cada vez más claro que la desigualdad está ya determinada antes de que cada persona haya tomado la mayor parte de sus decisiones, con el efecto dramático de que el status social se transmite (fuertemente) de forma intergeneracional. 

Por otro lado, hay una aspecto importante que tiene que ver con la incorporación de la mujer al trabajo. El hecho de que en el estado actual de la tecnología las mujeres ocupen el lugar que ocupan para que las generaciones se reproduzcan les produce un handicap importante ya que existe para ellas un tradeoff entre tener hijos y cuidar de ellos (al menos durante el periodo de lactancia) y mantener una carrera profesional. Este handicap es especialmente fuerte cuando la estructura de la economía funciona de tal forma que la interrupción temporal de la carrera profesional afecta fuertemente (por ejemplo, con mercados de trabajo rígidos o con sistemas de producción basados en habilidades específicas al puesto de trabajo). Cuando la mujer sufre este handicap en términos de renta en el mercado de trabajo, puede ser óptimo llevar a cabo una repartición del trabajo dentro de la unidad familiar dónde el hombre trabaja y la mujer de ocupa de la casa. Esta repartición del trabajo doméstico está en la raíz de las
desigualdades de género y la sujeción de la mujer al hombre. Una forma de paliarlo es subvencionando el “outsourcing” en el cuidado de los niños, de forma que la mujer no deba ocuparse de ellos.

Finalmente, el problema está en que una sociedad dónde la conciliación de la vida laboral y familiar no es posible y las mujeres tienen que elegir entre su autonomía y la maternidad, la fertilidad tiene a ser baja. Esto hace que el envejecimiento de la población de agudice y la sostenibilidad del Estado de Bienestar se ponga cada vez más en peligro, al haber cada vez más gente cobrando pensiones y acudiendo a la sanidad pública y cada vez menos gente pagando. En este sentido, la imposibilidad de conciliar vida profesional a familiar es un problema económico (porque estaríamos mejor si las mujeres se incorporaran al trabajo ya que habría más gente trabajando para sostener el estado de bienestar) y demográfico (porque estaríamos mejor si las mujeres tuvieran más hijos).

Ante todo lo anterior, da la impresión de que el argumento a favor de una política de inversión en la primera infancia es abrumador ¿no?. El problema es lo que me gusta llamar la “Gerontocracia”. El votante medio en Europa es cada vez más mayor y se trata de un electorado relativamente movilizado que ningún partido puede despreciar. En una situación dónde los recursos del Estado están contados, desviar presupuesto desde gasto en la tercera edad hacia políticas de inversión en la primera infancia es políticamente muy costoso, por muy eficaz que sea. Mi sensación es que aquí tenemos claramente un “fallo de la democracia” y que el gran reto del futuro es intentar reconciliar los intereses de las distintas generaciones mediante algún arreglo institucional.

Aquí es dónde entra la idea feliz que he tenido. Recuerdo que cuando salió la ley de dependencia, Kantor y Roger (yo por aquél entonces no sabía casi nada de econmía) alababan que en el diseño de la ley no fuera intervencionista; mirad lo que decía Kantor:

2.-Ayudar a la sociedad civil a hacer mejor lo que ya hace bien. La familia sigue siendo el primer prestatario de seguro social del país. A veces anda corta de presupuesto y precisamente los subsidios contingentes en el nivel de dependencia y renta son la forma más cómoda de ayudar a las familias. Ellos conocen sus necesidades y pueden comprar en el mercado los inputs (especialmente trabajo) que necesitan para ayudar a los dependientes. La familia no necesita un burócrata en su casa, sino (eventualmente) un empleado.

Y Roger:

Tercero, el sistema es tremendamente pragmático y bien poco estatalista, permitiendo que aunque el pagador sea el estado, la iniciativa en la prestación de servicios pueda ser privada.

El artículo de Sara de la Rica viene a plantear que, a día de hoy, los abuelos siguen siendo los que se ocupan del cuidado de los nietos en muchas familias, permitiendo así a los padres incorporarse al mercado laboral. Una forma de encontrar una comunidad de intereses sería, de hecho, remunerando (públicamente) ese trabajo que realizan los abuelos cuando están en condiciones de hacerlo y cuando dejan de estar en condiciones de hacerlo y pasan a necesitar algún tipo de ayuda por su dependencia (por ejemplo un empleado del hogar), el hecho de compartir hogar con sus nietos se considere un criterio adicional (esto tiene sentido: así tanto los nietos como los abuelos pueden compartir la ayuda).

Así a bote pronto no se me ocurre ninguna forma razonable de diseñarlo sin problemas; pero mi primera intuición es que la idea de “remunerar” el trabajo doméstico de los abuelos es una forma de cumplir dos objetivos simultáneos: i) Apoyar la renta de los jubilados ii) Asegurar el cuidado de los niños.