Los líderes de la eurozona siguen peleándose sin llegar a ningún acuerdo remotamente decente estos días, supongo que con la remota ilusión que el enésimo plan de rescate (¡esta vez sí funcionará! ¡en serio!) sea más o menos aceptable para sus exasperados votantes. Los políticos, en estos casos, no pueden evitar hacer política, y están dispuestos a liarse a tortas con quien sea para ganar uno de esos titulares de prensa en que alguien les declara ganador.

Viendo la cantidad de energía que le dedican a esto, uno diría que la cosa tiene cierta importancia. Si un político es capaz de explicar claramente que ha negociado duro, ha conseguido que el honor del país sea salvaguardado y que toda la culpa es de esos cochinos nihilistas alemanes / gnomos de Zurich / banqueros de Wall Street, el votante agradecido le dará una palmadita en la espalda, le dirá que ha hecho un buen trabajo y renovará su confianza en su brillante gobierno. Merkel ajusticia a los irresponsables griegos. Zapatero consigue que Alemania acepte la unión fiscal. Los banqueros son ajusticiados en la plaza pública a golpe de nacionalizaciones. Épico.

Pequeño inconveniente: los votantes no actuan así. De hecho, Larry Bartels tiene un artículo fantástico (vía) centrado en analizar este mismo supuesto, y su conclusión es muy simple: si las cosas van mal, el electorado se carga al gobierno. Punto. No hay excusa que valga.

El método que utiliza para comprobar la hipótesis es ingenioso. Primero, construye un modelo econométrico bastante estándar que intenta predecir los resultados de 31 elecciones generales en países de la OCDE partiendo de cómo va la economía del país. Segundo, crea un segundo modelo en que los votantes en vez de decidir según el crecimiento que ven en casa lo hacen en comparación con otros países del entorno. Si Reino Unido, digamos, está encajando la recesión mucho mejor que Irlanda o Alemania, es posible que Gordon Brown esté haciendo un buen trabajo, y todo eso que dice que es una crisis global fuera de su control es cierto, más o menos.

Comparando las predicciones de los dos modelos, el primero (sólo miro en casa) resulta ser mucho más potente que el segundo. Los votantes no miran fuera, no comparan con otros sitios y no escuchan a sus líderes; si ven que las cosas van mal, patada y fuera, sin darle más vueltas al tema. Lo único que importa es si la economía va bien o no; el resto es completamente secundario.

Esto nos trae varias conclusiones curiosas. Para empezar, todo esto que la crisis es una derrota de la socialdemocracia y un triunfo de la derecha es un cuento chino; los votantes no están para estos detalles. Bartels no detecta ningún sesgo ideológico en la reacción del público. Si los países de la muestra parecen girar a la derecha no es porque el miedo lleve a las masas a votar ley y orden; simplemente había más partidos de izquierda mandando cuando golpea la crisis, y ellos son los que se comen el marrón.

Segundo, esto no quiere decir que la política no importe. Al contrario, las políticas públicas tienen efectos considerables. Bartels comprueba que los países con mayores estímulos fiscales (y menor caída del PIB asociada) el partido al mando recibe menos palos. En casos como el español,  por supuesto, eso quiere decir que Zapatero debería haberse olvidado de reformas laborales de cuarta categoría, consensos, alegres apelaciones a la negociación y pacto social y haberse lanzado a aprobar buenas reformas por encima de todo. Quizás no supiera cuáles eran, claro, pero ese es otro cantar.

Tercero, toda la pantomima negociadora en la Unión Europea es profundamente estúpida. Si Alemania se mete en otra recesión, Merkel está muerta;  Sarko tiene probablemente las elecciones perdidas ya. Pegar una patada en el ojo metafórica al gobierno belga te dará dos titulares, pero no te dará votos. Los belgas no se quedarán en casa sin votar, desmoralizados, en las elecciones generales alemanas. Los militantes del SPD no decidirán mágicamente que Merkel quizás ha hundido al euro, pero ha jodido a los belgas bien, así que mejor la voto. Todo Dios en el Consejo tiene todos los incentivos del mundo para llegar a un acuerdo que salve el euro y evite la catástrofe, sin excepción; el castigo electoral del fracaso acabará con todos los presentes si no lo hacen. Pero mira, ahí les tienes, todos preocupados en parecer tipos duros.

Cuarto, referido a Estados Unidos: en un sistema de gobierno dividido, tenemos dos actores que saben que si la economía va bien el presidente sale reelegido, y si la economía va mal el presidente pierde. Todo el mundo odia al Congreso, así que no importa demasiado. Los republicanos realmente no tienen incentivos para pactar nada con Obama, y lo saben. No me extraña que haya gente seria que empiece a estar preocupada que el gobierno federal tenga problemas para llegar a acuerdos para pagar el recibo de la luz.

———————

A todo esto, Sarkozy tiene razón sobre cómo recapitalizar los bancos europeos. Primero el dinero del fondo de rescate, después capital nacional. Pero vamos, creo que Merkel eso lo sabe. Su testarudez es para demostrar que no quiere «unión fiscal».