Economía & Unión Europea

Resistiendo lo inevitable en Grecia

9 May, 2011 - - @egocrata

Cuando un país tiene que pagar un 26,2% para pedir dinero prestado a dos años, parece meridianamente claro que los mercados te están enviando una señal. Nadie se fía de tí; todo el mundo está dando por hecho que tarde o temprano vas a decir que no puedes pagar tus deudas, y vas a decir a tus prestamistas que no piensas devolver todo ese dinero. Es algo obvio; los mercados no creen que vas a pagar.

Los políticos europeos, sin embargo, han decidido que la opinión colectiva de los mercados es errónea. En Europa, un estado paga sus deudas, se dicen; si deja de hacerlo, el resultado será un desastre de proporciones Lehmánicas. Grecia va a pagar, y están dispuestos a quemar el país hasta los cimientos para demostrarlo. Todo es cosa de un rescate más, un empujón más, un recorte fiscal más, y los tipos de interés bajarán, los griegos aceptarán recortar sus salarios para dar un 10% de lo que producen cada año a banqueros franceses y alemanes y todo será mejor.

Es incomprensible. Los mercados financieros internaciones quizás temen una bancarrota griega, pero la dan por hecha. Todo el mundo parece entender que es completamente imposible que esa gente devuelva lo que debe, no importa cuántos rescates organicemos. Esto no es como el desastre de Lehman el 2008, cuando un agente con una pila de transacciones incomprensibles dejó de mover dinero sin avisar, y nadie tenía ni puñetera idea quién se había quedado con el culo al aire. Grecia lleva ahogándose a cámara lenta desde hace casi tres años, el único dinero que mueve es un activo sencillo y comprensible como es deuda pública, y a estas alturas estoy (relativamente) seguro que todo Dios que tiene algo que perder en una bancarrota sabe de sobras dónde están las salidas de emergencia.

Hemos llegado a un punto completamente surrealista: los mercados han aceptado lo inevitable, pero los políticos europeos no. Aunque todo el mundo da por hecho que en Grecia los prestamistas se van a comer un marrón, los gerifaltes de la UE siguen discutiendo, negociando y pegándole palizas ocasionales al contribuyente griego de turno gritando «que no cunda el pánico» a pleno pulmón.

Lo más patético, sin embargo, es el absurdo político que esta especie de fantasía rescatadora para los políticos del norte de Europa. Merkel se ha pasaso un año y medio llevándose de tortas en casa para dar un horriblemente impopular (y patéticamente inadecuado) salvavidas a los griegos, todo para evitar tener que rescatar unos cuántos bancos franceses y alemanes que se han pillado los dedos salvajemente. Como el problema griego no es de liquidez, sino de solvencia, esta ayuda nunca es suficiente, así que siempre hace falta más dinero. El resultado es que un año y medio después, la maniobra de Merkel para evitar dar dinero a sus banqueros se ha convertido en una pesadilla política en casa, un desastre para Grecia, y una catastrofe potencial para toda la eurozona. Estupendo.

Los políticos son más crueles que los mercados. Quién lo iba a decir.