Mi primera reacción cuando he leído que Angela Merkel iba a aprobar un ajuste fiscal ha sido de incredulidad. Ahora mismo los mercados se mueren de ganas de comprar bonos alemanes – de hecho, los germanos casi puede pedir dinero prestado gratis. ¿Para qué tirar por la senda del neohooverismo y los fantasmas de Weimar y lanzarse a una política fiscal restrictiva ahora? Parece relativamente claro que Alemania no es Grecia – incluso el FMI anda diciendo que sólo algunos estados de la UE deben reducir su gasto público, pero no
todos. Paul Krugman se llevaba las manos a la cabeza, desolado.

El problema es que parece que las cosas ya no son tan sencillas – y que de hecho, casi parece que Alemania y Estados Unidos son los únicos países que pueden colocar deuda fácilmente. Tyler Cowen señalaba que Francia (¡Francia!) está teniendo problemas para vender bonos estos días, y parece que no son los únicos. Los CDS de todo el continente (Alemania incluída) están subiendo, con los mercados supongo empezando a darse cuenta que si España o Grecia se la pegan nuestros vecinos se tendrán que gastar millonadas nacionalizando/rescatando (depende de lo
duros que sean) sus bancos. No estoy seguro que todos estos datos sean razonables, y la verdad, no tiene demasiada importancia – el pánico, por absurdo que sea, te hunde exactamente igual.

En un país normal, cuando el sistema financiero parece que va a implosionar y el gobierno corre riesgo de comerse una factura enorme liquidando o rescatando bancos, habitualmente suceden dos cosas. Por un lado, la deuda pública se convierte en un refugio seguro, y el gobierno tiene capacidad adicional para inyectar dinero. Segundo, y más importante, el banco central interviene a lo berserk, sacando el proverbial helicóptero para regar de liquidez todo el sistema, con total desprecio para el valor de la moneda y la inflación.

Estados Unidos, en el 2008, tuvo la suerte de tener a un banquero central que sabía lo suficiente sobre la Gran Depresión para regar el sistema financiero con pasta, mientras el gobierno federal improvisaba como bien podía un mecanismo más o menos chapucero (pero efectivo) para tapar los gigantescos agujeros contables en los bancos. En Europa, en cambio, tenemos un tipo que cree que el festival de Eurovisión genera riesgos inflacionarios, no tiene el más mínimo interés en poner un céntimo de más en circulación no sea que nos guste, y hemos sido incapaces de generar una respuesta coordinada mínimamente creíble para poder salvar el sistema financiero.

Cuando el Fondo Monetario Internacional (¡el Fondo Monetario Internacional!) te pide que pases más regulaciones y medidas políticas para mejorar la gobernabilidad y coordinación de la zona euro, es que realmente estás haciendo las cosas muy mal. La verdad, no estoy nada seguro que el consumo alemán sea la solución a nuestros problemas – por muy absurda que sea la reducción de gasto de Merkel, Alemania no puede importar suficiente para sacar al resto del continente del agujero. El problema no es el déficit público de algunos países; lo que está creando miedo a estas alturas es el hecho que nadie parece estar trabajando en echar un cable a sus vecinos. Ni el BCE es de ayuda, ni las instituciones de la zona euro tienen capacidad para arreglar nada. A estas alturas deberíamos estar
hablando como mínimo de la creación de un bono de deuda pública común para la eurozona – y seguimos con esta clase de sálvese quien pueda unilateral.

Al paso que vamos, España ya puede hacer lo que quiera. Nos la vamos a pegar todos juntos sin remedio.