Gente mucho más lista que yo (Citoyen, Kantor , José Rodriguez y Albert Esplugas) están discutiendo con un entusiasmo encomiable varias teorías económicas sobre el mercado laboral. Como de todo eso ya hablé hace una temporada (y la verdad, no he leído nada desde hace años y no me acuerdo de mucho), pasaré por el
debate de puntillas, aunque si me permiten dejaré un par de comentarios.

Lo que más me ha sorprendido de la discusión es lo mucho está complicando todo el mundo una idea relativamente simple: cuando alguien busca trabajo, uno tiene mucha prisa, y eso te coloca en una situación de desventaja.

Al hablar de monopsomio en el mercado laboral nos referimos a interacciones a corto-medio plazo, nunca a largo. Como José, utilizaré un ejemplo, pero lo haré muchísimo más crudo: un sólo tipo buscando trabajo. El tipo acabó el instituto, encontró un curro, trabajó unos añitos y resulta que la empresa se fue al carajo (es lo que tienen las recesiones; te comes el marrón aunque lo hagas todo bien), así que está ahí fuera, buscando empleo. Tiene pocos ahorros, recibos de luz, teléfono y demás, y paga alquiler. Nuestro currela se meterá en internet, buscará ofertas, y enviará su CV a 80 empresas cada semana.

Al principio puede discriminar, claro; tiene ahorros. Pero cuando estos se acaban, un trabajador buscando empleo acepta cualquier cosa, por mal que paguen, ya que si no tiene que volver con sus padres (horror). Un empresario que lo llame para una entrevista el primer mes se encontrará a un tipo un poco gallito que pedirá lo mismo que cobraba antes; el mismo empresario, unos meses después, tendrá un pelele balbuceante que aceptará cualquier cosa.

La idea de monopsomio no es que los mercados, en agregado, se equilibran siguiendo una solemne subasta matemática. El problema para el trabajador, y lo que da poder del mercado al empresario, es que acostumbra tener muchísima más prisa para cerrar un trato, no importa cual. Una negociación salarial no es realmente una subasta:  con muy pocas excepciones, no hay ofertas a la baja. Cuando un empresario escoge un nuevo empleado, lo que hace es seleccionar a un candidato y plantear un juego del ultimátum, con una oferta que tomas o dejas.

Lo más curioso de todo esto es que el poder de mercado del empresario cae en picado a la que el trabajador que busca es más “extraño” o “único”. Si uno necesita un especialista en recaudar fondos privados para una ONG con usos no limitados (necesitamos a uno: ¿alguien conoce a uno en Connecticut?), en el mercado no hay mucho dónde escoger. Si nos corre prisa (en serio, necesitamos uno), cuando lo encontremos no estaremos en posición de darle un ultimátum, sino más bien andaremos lloriqueando para que se quede. Es posible que el aumento de la desigualdad en los últimos años venga en parte derivada de este hecho, un aumento del poder de mercado de los “trabajadores estrella”.

Lo más curioso, por cierto, es que el poder de negociación de los empresarios probablemente ha aumentado en los últimos tiempos gracias a internet. El coste de enviar un CV es básicamente cero para un trabajador con ordenador y módem, así que la cantidad de ofertas enviadas (y como resultado, recibidas) es muchísimo mayor. Al selección personal, las urgencias de quien contrata son aún menores, ya que “convocar” a nuevos candidatos es muchísimo más fácil.

Para acabar, no creo, como dice Kantor, que los empresarios y trabajadores estén mirando de reojo a la competencia en todas las entrevistas de trabajo. Eso es atribuir una racionalidad muy, muy generosa a un jefe de obra que quiere un peón medio decente. Lo más probable es que el potencial peón sepa que realmente necesita el trabajo, y el jefe de obra le dé lo que le da a todos los peones, que al no le pagan para romperse la cabeza. El salario de mercado incluye, de forma implícita, el gigantesco coste oculto que tiene rechazar un trabajo para un obrero no cualificado – el peón sencillamente es un actor precio-aceptante. Medir esto de forma empírica es horriblemente difícil, ya que el mercado internaliza ya los precios; no es extraño que los estudios empíricos no den señales demasiado claras.

¿A largo plazo hay escasez de peones, enferemeras o lo que sea? A lo mejor sí. El problema es que el currela medio necesita el trabajo ahora mismo -toda interacción tendrá las mismas restricciones. De no ser que el de repente todo el mundo se convierta en un alfeñique incapaz y que ser fuerte y resistente sea un talento extraño y difícil de encontrar, el trabajo no cualificado siempre tendrá, en mayor o menor medida (menor con el desempleo bajo, claro), el mismo problema.

(Y sí, hace falta una reforma laboral, etcétera. Pero ese es otro tema)