Economía & Hispania. & ingeniería institucional

Despido caro y mercado laboral: un ejemplo

27 Abr, 2009 - - @egocrata

Tenemos empresario Pepitez, que tiene una empresa con dos trabajadores. El Trabajador A es Mariano, 47 años, contrato indefinido. Lleva 20 años haciendo lo mismo en el mismo sitio. El Trabajador B es Ruperto, 26 años, dos másters, un montón de ideas brillantes y un contrato temporal de un año, prorrogable.

Llega la recesión, y la facturación baja. Pepitez tiene que librarse de un empleado. Despedir a Mariano, un tipo honesto pero gris, le cuesta un montón de dinero. Despedir a Ruperto, en cambio, es totalmente gratis. Para que no le despidan, a Ruperto no le basta ser un visionario con una capacidad de trabajo descomunal; la producción que genera tiene que ser mayor que la de Mariano más lo que cuesta despedir a Mariano.

En un mundo normal, esto es difícil de probar para el empleado temporal. De hecho, en un mundo normal el empleado temporal no es demasiado productivo, en gran parte porque lleva en la empresa comparativamente diez minutos, así que cuando las cosas van mal, es el primero en salir por la puerta.

Lo peor es que los indefinidos lo saben, así que trabajan marginalmente menos. La productividad de los insiders es comparativamente menor de lo que podría sea, y la de los outsiders no crece, ya que a) nunca duran demasiado y b) saben perfectamente que si las cosas van mal, ellos pierden el empleo, sea su culpa o no. Para hacer las cosas peores, los empresarios van a destruir muchísimo más empleo en situaciones como esta, ya la productividad laboral es en general escasa; eso hace prescindir de mano de obra la opción más racional.

Como no podemos extender las protecciones a todos por igual (al menos no del modo que funcionan ahora; más luego), tenemos dos opciones: o bien nos resignamos a que el mercado proteja a los que ya están y haga daño a los de siempre, o hacemos algo para cambiarlo. Eso se traduce en crear incentivos a todos para que produzcan más; los nuevos contratados para que tengan menos problemas en competir con los insiders (y se hagan más productivos) y hacer que las decisiones laborales se hagan por productividad, no antigüedad.

Abaratar el despido, por cierto, no quiere decir que protejamos menos a los trabajadores. Podemos hacer que la protección funcione de forma distinta, eliminando el incentivo a mantener a trabajadores menos productivos pero que llevan más años. Un idea puede ser hacer que el empresario no pague nada por los despidos al trabajador, sino que dé una determinada cantidad de dinero fija al estado para crear un fondo de compensación. Cuando alguien es despedido, en vez de una indemnización lo que puede recibir es un suplemento a lo que recibe del seguro de desempleo, que variará según los años que su empresa ha pagado por él.

Los trabajadores veteranos -que tienen más problemas para encontrar trabajo- reciben más, pero el empresario no ve un coste extra. El empresario deja de ver a sus trabajadores como una colección de jarrones Ming y bisutería barata, pudiendo tomar las decisiones según eficiencia, y no regulación laboral. Por añadido, el coste de firmar un contrato indefinido es básicamente cero, especialmente si todos los contratos pagan al fondo de compensación. Si por añadido compensamos la tasa extra con una disminución de las contribuciones a la seguridad social (al menos temporalmente), la medida tiene un coste cero.

¿Es tan difícil? ¿Es tan imposible políticamente? El mercado laboral sería más eficiente, los trabajadores recibirían exactamente la misma cantidad de dinero, y dejaríamos de tener este absurdo colectivo de mujeres y gente de menos de treinta años que no para en un mismo sitio más de seis meses y son los primeros en ir al INEM cuando las cosas van mal.

Si el gobierno socialista no pasa algo de este estilo, el PP no tendrá remilgos en abaratar el despido sin estos arreglos sociales asociados, por cierto. Sea popular o no, la reforma que pasará cuando pierdan las elecciones será mucho peor, así que más les vale hacer algo ellos para compensar.

(la idea, por cierto, no es mía; Citoyen lleva diciendo esta clase de cosas desde hace tiempo.  Leedlo; lo discute con muchísimo más detalle. De nada)