El otro día escribía en un artículo sobre Oriente Medio como Estados Unidos había ganado todas las batallas pero seguía perdiendo la guerra. El análisis en general me sigue pareciendo correcto (no cambio de opinión tan rápido, vamos) pero lo que realmente me parece atroz es como despacho al final la idea que una dictadura podría ser una solución aceptable al conflicto en Irak. Luís Gómez, con cierta razón, respondió con un ataque de apoplejia aguda, en gran parte porque no me entendió lo que decía, pero sobretodo porque la verdad no es que me explicara demasiado bien.

Bien, supongo que es hora de desarrollar un poco el argumento. Espero que Luís, que cuando habla de la región normalmente dice cosas sensatas, me
lo critique como se merece. Empezaré, como de costumbre, con una lista. En Irak ahora mismo hay en mi opinión cuatro escenarios posibles, dentro de una estimación más o menos sensata:

a.) Status quo:

Las cosas siguen como están, de forma más o menos indefinida. Esto es, los Estados Unidos siguen con la ocupación, los iraquíes siguen dándose de tortas entre ellos, y el país se mantiene en una guerra civil de (relativamente) baja intensidad gracias a estabilidad (relativa) que dan las tropas americanas. Es un resultado bastante horrible; estamos hablando de centenares de muertos civiles al día (imaginad España con un par de 11-M y Hipercor cada mañana), dos millones de desplazados (de una población de 27 millones) y una autoridad estatal entre patética y nula.

Es muy dudoso que los americanos puedan mejorar la situación con los niveles de tropas actuales a medio plazo; sencillamente, no tienen
suficientes soldados para mantener los niveles de presión actuales más allá de septiembre, y de hecho aún con el último incremento de tropas la violencia ha vuelto a repuntar desde mayo. Por no hablar de Irán y sus cariñosos envíos de armas; para ellos mantener la guerra caliente es fácil.

b.) Partición:

No comentaré demasiado, ya que no parece estar en la agenda de Washington ni de broma. En parte porque uno tendría tres problemas en vez de uno, en parte porque Siria e Irán tendrían dos estados satélite de regalo. Y eso sin resolver el problema de la violencia; no es seguro que la partición no se convirtiera en un baño de sangre al estilo India-Pakistán.

c. ) Democracia estable:

Sin duda el mejor de los resultados posibles, y el que obviamente los iraquíes desean mayoritariamente, cuando no están huyendo de algún
miliciano local
. El problema es la factura necesaria para obtener este resultado.

Siendo realistas, la única manera para darle a la democracia iraquí una mínima posibilidad de supervivencia es que Estados Unidos duplique su nivel de gasto militar, ponga medio millón de soldados sobre el terreno para estabilizar el país, suelte un par de sopapos a Irán para que dejen de incordiar, y el mundo entero se trague una crisis del petroleo cuando Irán y los Saudíes traten de descarrilar el invento. Si se produce el milagro y los iraquiés son capaces de parir una constitución que evite que la estructura económica y social del país acabe con el régimen democrático, entonces, y sólo entonces (y estoy hablando de un arreglo político rematadamente complicado), Irak tiene alguna opción.

¿El problema? Políticamente es
insostenible. Si Bush pide esto al país ahora mismo será echado a patadas de la Casa Blanca, en vista de la enorme chapuza que ha sido todo este asunto. El resto de occidente no va a pagar la factura de los errores de Estados Unidos (seremos demócratas, pero no idiotas), y obviamente ni Hillary, ni Giulani, ni Obama, ni Bloomberg van a lanzarse a desfacer entuertos como Johnson hizo en Vietnam en una guerra que no es suya. Y más en algo que puede que funcione, puede que no, o puede que acabe en una guerra abierta con Irán, Pakistán y un pollo a escala planetaria de narices.

d.) Dictadura más o menos camuflada:

La última opción, y la más patéticamente realista, es la vuelta al status quo previo a la invasión. Irak como país estable, férreamente vigilado por la comunidad internacional, lo suficiente fuerte como para mantenerlo fuera de la órbita iraní y… bajo el puño de hierro de un dictador aliado.

Es una solución patéticamente cínica,
pero la verdad, me temo que la más realista. Estados Unidos escoge uno de los bandos enfrentados en Irak que no sea especialmente ofensivo (laico, antiislámico, antiiraní. Ostras, los baathistas), lo arma hasta los dientes, y le deja que haga un golpe de estado que instaure una dictadura, con las tropas americanas cooperando sin que se note demasiado. Un poco de represión (razonable, sin pasarse), unas palmaditas en la espalda, y hala, ya nos podemos largar. Quizás sea necesario llegar a un acuerdo con Irán (garantías que el nuevo régimen no volverá a las andadas guerreras de antaño, levantar algunas sanciones a cambio de que no intervengan), y nada, un retorno al viejo y sencillo mundo de los régimenes autoritarios amigos.

Conclusiones:

Moralmente deleznable, pero política y estrategicamente la opción D es lo único remotamente realista. La opción A (
status quo) es insostenible, y sólo refuerza a Irán, que tiene libertad de acción absoluta al carecer Estados Unidos de tropas para meterse en otro conflicto. La opción B no está sobre la mesa, y es probable que favorezca a los iraníes igual. La C es doblar la apuesta; el resultado estaría en el aire pero los costes políticos y económicos la hacen imposible. Queda D, la dictadura pactada bajo la mesa con Irán. Una solución triste, derrota clara y un final patético a una guerra que era probablemente una mala idea y que fue ejecutada del peor modo posible.

¿Es la mejor salida? Me temo que ya no estamos en una situación en que esta pregunta tenga sentido. No podemos volver el reloj atrás y repetir la invasión con medio millón de soldados; el electorado americano ya no está para esas cosas. No podemos arreglar el problema sin hacer sacrificios gigantescos, y no podemos abandonar el país a tontas y a locas dejando la puerta abierta para que Irán ponga un gobierno títere. Creo en la democracia, y la
verdad, ojalá Irak hubiera salido bien, pero como están las cosas ahora, ni doblando la apuesta garantizaríamos que las cosas funcionasen.

Es hora de minimizar daños y dejar el quijotismo en la puerta.