Una de las cosas que todo buen escritor debe tener en mente es que eso de llenar de citas pedantes y reflexiones prestadas un discurso dejó de estar de moda en 1863, incluso un poco antes. Me temo que alguien se ha olvidado de informar al inefable Pedro Jota, que en su carta al Planeta Tierra de hoy llena el texto de una cantidad tan absurda de sabiduría ajena que la SGAE debería tomar nota.

La verdad, el discursito de marras tiene una cantidad de ironía involuntaria notable. Para empezar, viniendo de alguien que critica a Zapatero tanto por hablar con vaguedades, todo el texto es un compendio de ellas; cualquiera que puede permitirse mariposear entre Shakespeare, la vida del director de tesis de Zapatero, Tácito y el Imperio Austro-Húngaro sin llegar a nada más
concreto que a hablar de cenizas y música de Strauss al final del plomazo es para darle dos tortas. Lo cierto es que con el tamaño del ego del que escribe el discurso (y viniendo de alguien que se hace llamar Egócrata, aseguro que reconozco egos enormes cuando los veo) hay poco para sorprenderse.

Del contenido, un par de comentarios. Primero, menuda puta manía se gasta Pedro Jota hablando del Tribunal de la Historia; lo cierto es que esta falsa modestia que se gasta diciendo que él narra y los cantares de gesta del siglo que viene darán veredictos no se la cree nadie. El segundo, muchísimo más pedante, es mencionar que la historia del Imperio Austro-Húngaro y la España actual no tienen puñetera relación. A no ser que la tercera guerra mundial llegue de aquí 47 años, España esté en el bando perdedor y los aliados fuercen la disolución del país y el derecho de autodeterminación al Rey y Emperador de nuesta monarquía absolutista, claro está. Una lástima, tras los 47 años de mayor crecimiento
económico y estabilidad de la historia del Imperio.

En serio, la pobre Monarquía Dual merece algo más de respeto y rigor histórico.