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¿Quién se beneficia del crecimiento económico?

2 Feb, 2007 - - @egocrata

Leía esta mañana por El Daño de Lüzbel sobre la evolución de los salarios en España, y la verdad, si uno hace caso a las estadísticas no parece que haya demasiado motivo para el optimismo. La economía crece a muy buen ritmo desde hace años, y en los últimos meses parece que no sólo el crecimiento se ha acelerado (un 3,8% anual es una cifra fantástica) sino que además la inflación ha empezado a frenarse; sin embargo, el efecto en los bolsillos está siendo limitado.

Como siempre que uno ve dos cifras en apariencia contradictorias, es necesario echarles un vistazo con algo más de cuidado. Primero, para ver si los datos que tenemos
realmente están dando una imagen precisa de la realidad, o son una señal limitada. Segundo, en caso que los datos sean válidos, tratar de explicar por qué esta disparidad está ocurriendo.

Para responder la primera pregunta, hay que tener en cuenta varios aspectos. Para empezar, debemos tener en cuenta la media (el dato que tenemos) es un instrumento estadístico relativamente torpe; detrás de ese valor básicamente inmóvil podemos tener varios escenarios. Es perfectamente posible que gran parte del crecimiento de los salarios se haya centrado en el 1% más rico, con el resto de la población a dos velas; pero también puede que hayan caído los salarios reales del 30% que menos cobra, con el resto de flotando plácidamente hacia el bienestar. También podemos ver una combinación de ambos efectos, sin que eso se refleje en una variación de la media.

¿Qué explicación es la más razonable? En mi opinión, la combinación de ambos escenarios es lo más probable. Por un lado, parece bastante evidente
que las empresas están recogiendo con sus enormes beneficios una parte del crecimiento económico; así lo señalan las estadísticas y así parece estar sucediendo en todas partes del mundo.

Sin embargo, hay varios detalles que me llevan a pensar que en España los salarios de trabajos no cualificados están realmente encallados y sin crecimiento. La enorme tasa de temporalidad es un factor claro; con un segmento considerable del mercado laboral entrando y saliendo de empleo constantemente, sus sueldos no tienden a subir precisamente. El segundo motivo, y algo que tiene algo de tabú en la izquierda, es la inmigración y el enorme incremento de trabajadores no cualificados que eso conlleva. Sí, eso tiende a deprimir los salarios.

Me parece que es posible decir, por tanto, que sí, los salarios medios no se han incrementado tanto como en otros países, pero que el dato de hecho oculta algunas dinámicas (la
altísima temporalidad e incremento de la población emigrante) que me llevan a pensar que la realidad no es tan desastrosa como las cifras llevan a pensar.

Aún así, el hecho que los salarios sea aún lento hace necesario dar una explicación. Para ello, diría que hay dos causas probables, la relativamente alta tasa de paro y el deprimente incremento de la productividad. Los salarios siguen la productividad en gran medida, y la economía española, en gran parte por su muy especial configuración del mercado del trabajo, no la está generando. Sobre la tasa de paro, también hablamos de oferta y demanda; mientras haya un número considerable de trabajadores buscando empleo, los empresarios pueden ofrecer salarios más bajos. Conforme el desempleo disminuye, esa tendencia tenderá a invertirse, por pura ley de la gravedad.

Aún con estos datos, es importante remarcar un detalle crucial: si bien los datos
salariales no son buenos, de hecho son secundarios respecto a la creación de empleo. La forma más eficaz y eficiente de redistribuir renta y crear igualdad es disminuyendo el número de parados, mucho más que hinchando salarios a destiempo. La calidad de los puestos laborales generados es (mientras el desempleo es aún alto) incluso secundaria; pasar de no tener salario a tenerlo es una mejora enorme para quien empieza a trabajar.

Y sí, eso significa que estoy alabando tanto a las políticas del PP como las del PSOE en estos últimos años; ambos se han centrado en lo correcto. Una lástima que no se hallan dedicado a combatir la temporalidad con más coraje.