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Chirac, sus agricultores, y el libre comercio

11 Nov, 2005 - - @egocrata

El libre comercio es bueno. Siempre lo es, y siempre favorece a todos los países que participan en él. Parece que mi político imbécil francés preferido, sin embargo, sigue sin querer enterarse, y sigue emperrado en tirar todo avance en la materia por la borda.

Hablo de la OMC y la ronda de negociaciones de Doha, y la negativa del pobre negociador de la Unión Europea (que tiene autoridad exclusiva en la materia, por cierto) a hablar de subsidios y aranceles agrícolas, porque a Chirac no le da la gana de que se hable de ello. Pobre Peter Mandelson. Es la voz de la UE en las negociaciones, pero tiene que hablar sobre temas que tocan la política agraria común (PAC), en los que los estados tienen derecho a veto. Francia ya ha dicho que si le tocan sus proteccciones y sus subsidios agrícolas se cargan las negociaciones, así que los desgraciados negociadores comunitarios trabajan con las
manos atadas a la espalda. Es preocupante ver como un país tan adicto a los subsidios agrícolas como Estados Unidos ha presentado una oferta que le da mil vueltas a la europea. Si algo tiene de bueno Bush (aranceles al acero aparte) es que defiende el libre comercio con todas las letras; quizás la UE debería tomar nota.

¿Por qué es bueno el libre comercio? La pregunta no tiene una respuesta sencilla. Primero, es importante que la liberalización sea real; si se excluyen ciertos productos, el efecto beneficioso se reduce. Segundo, es necesario que los tratados no introduzcan distorsiones en las legislación de los países. A menudo los tratados comerciales incluyen protecciones especiales a los inversores estranjeros, algo que acaba por debilitar la protección de los derechos de propiedad de las compañías nacionales. Tercero, es importante que no incluya cláusulas que fuercen a cambiar las ventajas competitivas de los países. Sonará muy cafre, pero obligar a introducir protecciones laborales a
terceros es una estupidez, que sólo retrasa la solución de los problemas.

El libre comercio básicamente beneficia a todos al favorecer que cada uno produzca lo que hace mejor. En el caso de la agricultura, es sencillamente más barato producir tomates en Brasil que en Europa. Si no hay barreras comerciales, importando tomates brasileños nos gastaremos menos dinero que comprando un producto subvencionado y protegido europeo. En el caso de la industria téxtil, un industria que requiere poca tecnología y mucha mano de obra, es más barato producirlo en países como China, con exceso de trabajo disponible, que no en Europa, donde la mano de obra es cara. Para fabricar microprocesadores, empresas que requieren una inversión en capital y desarrollo gigantesca y mano de obra muy cualificada, países como Brasil o China preferirán importarlos de Europa que fabricar tecnología anticuada ellos. Y así sucesivamente.

Desde la izquierda se me vendrá con imágenes de niños fabricando balones en fábricas
en Chiquitistán, horrorizados del dolor que el no fabricar balones en Sabadell provoca. Bien, un par de cosas. Primero, si el niño no estuviera trabajando allí, estaría arando campos o cultivando arroz en alguna aldea perdida. Al colegio no iría, ya que los padres necesitan de su trabajo para salir adelante. Segundo, los salarios de los trabajadores en un país no dependen de las protecciones sociales, sino de la productividad media de la economía. Si obligamos a pagar salarios mayores al valor de lo que un trabajador produce (que es lo que hacemos al introducir protecciones laborales) lo que hacemos es dejarle sin trabajo. Sólo cuando encontrar trabajadores se hace difícil y estos piden más salario se empieza a pensar en aumentar la productividad de los que se tiene con inversiones, y la subida de los sueldos se hace real. También entonces enviar al niño al colegio vale la pena, ya que no puede trabajar sin tener estudios. Y el mecanismo está funcionando ahora, no es un mito.

Ya que estamos, hablaremos de la temida deslocalización. Primero, decir que su efecto es mucho menor de lo que todo el mundo teme; sólo aquellos negocios en sectores ineficientes son los que no pasan el corte. Una economía tiende por si sola a eliminar aquello que hace mal, así que sólo industrias de bajo valor añadido mueren. Segundo, la agricultura (la gran perjudicada) sólo cubre una parte muy pequeña de la población. Tercero, los trabajos que se pierden al abrir las fronteras a productos más baratos se compensan por los que se ganan al vender más fuera del país productos más caros. El estado del bienestar está allí para hacer que estos cambios no sean traumáticos, y asegurar que nadie se quede atrás, no para bloquear con la protección de unos pocos la mejora de todos.

Lo importante es concentrarse en hacer lo que una economía hace mejor, y asegurarse que las infraestructuras y las redes de apoyo a estas contribuyen a mejorar esa ventaja. Y no tener miedo. En el comercio internacional no hay ganadores o perdedores; hay especialización para hacer más grande la tarta.