elecciones

No sabemos lo que quieren los españoles

22 Ago, 2016 - - @jorgegalindo

Dos hipótesis aparentemente contradictorias flotan en el debate público: los votantes españoles están hartos de la parálisis y quieren un gobierno; esos mismos votantes españoles tienen preferencias tan distintas que montar un gobierno con las piezas actuales es imposibe debido a los vetos cruzados. Como la vía de la izquierda y la nacionalista para cerrar acuerdos están dormidas, la cuestión suele plantearse como un dilema entre la abstención del PSOE para permitir el gobierno de Rajoy y repetir elecciones una vez más.

En realidad, es posible que ambas hipótesis sean ciertas. Al fin y al cabo, es fácil obtener una respuesta positiva a cualquier variante de la pregunta “¿prefiere usted un Gobierno de X o terceras elecciones?”, más aún si “X” se deja vacío o si se añade a la pregunta el calificativo de “bloqueo institucional”. Igualmente, es perfectamente constatable que las preferencias ideológicas de los votantes, y sobre todo la visión que tienen de los partidos que no son el suyo, están considerablemente distanciadas. La paradoja se resuelve fácilmente cuando se observa que la elección que enfrentan los votantes es mucho más compleja de lo que se planteó en el primer párrafo.

Decía Alberto Penadés en esta maravillosa entrada que determinar los deseos de la mayoría es difícil cuando hay más de dos opciones en liza. Y es que en este caso no sólo hay más de dos opciones, sino que además hay más de una dimensión de decisión.

Repasemos la estructura de alternativas.

Para empezar, está la simple combinatoria de partidos para llegar a los 176 escaños. Dejando de lado un imposible PP+Podemos, la mayoría se alcanza con alguna de las siguientes combinaciones:

PP+PSOE (con o sin C’s) | PP+C’s+PNV+CC+CDC | PSOE+UP+C’s | PSOE+UP+Nacionalistas

Cuatro opciones (el hecho de que algunas sean más probables que otras ahora mismo debería ser irrelevante para quien quiera averiguar qué prefieren los ciudadanos), y aún me he dejado variables en el tinero, como la composición exacta del mix nacionalista en un hipotético pacto de izquierdas o la participación de C’s en el pacto amplio (que, de momento, pareciere asegurada).

En el texto anteriormente citado, Penadés proponía lo siguiente para dilucidar preferencias de coalición en una encuesta:

Una estrategia intermedia podría consistir en preguntar por la primera y segunda preferencias (incluso por la tercera, aunque complicar las preguntas también las hace poco fiables). Mejor aún, podría preguntarse por las preferencias entre todas las coaliciones relevantes, tomadas de dos en dos, y el analista podría calcular, de forma simple, la que gana a todas las demás, si tal solución existe, obteniendo así un orden de preferencias social para las alternativas.

Para mí, esto sería bastante apropiado, incluyendo entre las posibles alternativas de la pregunta la opción de terceras elecciones. Es la única manera en la que, creo, podríamos establecer un principio de oposición entre las dos hipótesis del principio. Hasta donde yo sé, ninguna casa de encuestas ha hecho una pregunta que sea exactamente de este tipo tras el 26J (sí hubo alguna parecida, hecha por Kiko Llaneras, antes), así que en ese sentido no sabemos realmente “lo que quieren los españoles”.

Pero es que esto solamente es una dimensión del problema, como apuntaba al principio. Se me ocurren, al menos,

1. El nombre del candidato.

2. La forma del acuerdo: investidura (corto), legislatura (largo), coalición (entrando en el gobierno).

3. El voto en la sesión: sí o abstención.

4. El contenido del acuerdo: qué políticas se compromete la plataforma a desarrollar.

Además, todo ello podría ser sensible al proceso y a la forma de negociación, algo que es casi imposible de codificar.

En definitiva, dilucidar “lo que quieren los españoles” requeriría probablemente una encuesta ad hoc, sin más preguntas que las que se refieran a todas estas variables; además, no le vendría mal un módulo abierto, dado que el set de respuestas en algunas de las cuestiones no es cerrado, y la condicionalidad existente entre unas y otras (por ejemplo, el voto en la sesión y las políticas dependen en gran medida de la forma del acuerdo). No sé si necesitamos más encuestas, pero sí necesitamos encuestas más completas.

Para terminar, es fundamental tener en cuenta que los políticos que están en la mesa de negociación (o que deciden no sentarse en ella) no tienen muchos más datos que nosotros. Las encuestas internas existen, claro, pero no nos pensemos tampoco que dan todas las respuestas posibles a los enigmas arriba planteados. Además, los líderes deben rendir cuentas ante sus cúpulas y sus militantes, y no solamente ante los votantes. El conjunto del partido y su posición en el mismo filtra la información a la que acceden, por lo que el sesgo es difícil de evitar. Así que ellos están tomando decisiones con datos igualmente incompletos.

En definitiva, solo sabemos lo que sabemos, y la verdad es que es bastante poco. Afortunadamente, no es nada: sabemos de la diferencia de preferencias ideológicas entre los votantes, y sabemos también que la opinión dividida en torno a la dicotomía entre Rajoy y terceras elecciones. También tenemos alguna información sobre la importancia relativa de Rajoy para los ciudadanos. Y así, bloque a bloque, construimos cierto saber. Es un saber útil, pero parcial. De nuevo, las respuestas simples se estampan ante una realidad compleja.