Internacional

Primary Colors (XXI): violencia

14 Mar, 2016 - - @egocrata

No quería hablar sobre primarias hasta el martes por la noche, cuando tengamos los resultados de Florida, Illinois, Missouri, Carolina de Norte y Ohio. Entonces podremos decir, con cierta seguridad ya, quienes serán los nominados de los dos partidos, o una buena aproximación sobre el tema. El problema es que la campaña, especialmente en el lado republicano, ha tomado un giro hacia un lugar muy, muy extraño este fin de semana, y creo que merece un comentario. Veamos.

Partido demócrata:

Los demócratas siguen con su campaña más o menos normal, o al menos tan normal como puede ser una campaña donde la favorita del establishment se topa (otra vez) con un candidato insurgente carismático. Aunque seguimos en el escenario que llevo repitiendo desde hace unas cuántas semanas (Clinton ganará, aunque Sanders le hará sudar), la monumental pifia de las encuestas en Michigan y la inesperada derrota de Hillary hacen que los comicios de mañana tengan cierta gracia.

En teoría, mañana es un día para Clinton. Florida está llena de latinos y Carolina del Norte es sureño y tiene muchos afro-americanos, dos estados ideales para Clinton.  Illinois y Ohio son estados del Mid-West (relativamente) urbanitas, con poblaciones negras e hispanas considerables. Sólo Missouri, algo más rural y considerablemente más blanco, parecía favorecer a Sanders.

Michigan, sin embargo, quizás fuera una señal de que estas intuiciones no eran demasiado acertadas: Sanders ganó allí, con los sondeos fallando estrepitosamente. Tanto Ohio como Illinois se parecen mucho a Michigan demográficamente, y ambos tienen el mismo pasado industrial y votantes quizás enfadados con los tratados comerciales que Sanders critica con saña estos días. Las encuestas, ahora mismo, dan a Clinton ventajas claras en Florida (+31), Carolina del Norte (+21), y Ohio (+18), y un margen cómodo en Missouri (+7) e Illinois (+14). Aún así, los sondeos más recientes dan a Sanders más cerca en Ohio (+9 para Clinton) e incluso por delante en Illinois.

Si las previsiones se cumplen y Clinton gana cuatro de cinco, las primarias se han acabado, ya que el margen de delegados, con el mapa restante, es imposible para Sanders. Si se repite Michigan y Sanders gana contra pronóstico dos o incluso tres estados en el Midwest… la realidad es que las primarias se han acabado también, ya que el margen de delegados seguirá siendo casi imposible. Los demócratas asignan delegados de forma proporcional; lo más probable es que si hay victorias de Sanders, estas sean por la mínima, mientras Clinton de nuevo saque ventajas enormes en Florida y Carolina del Norte. Nada que no sea una victoria descomunal de Bernie (más de diez puntos) en cuatro de los estados hará que las cosas cambien demasiado.

Los medios actuarán como si fuera el fin del mundo para Hillary incluso si pierde sólo uno, pero no les hagáis caso.

El partido republicano

En las primarias del GOP estos días se ha hablado de violencia. Más en concreto, de los disturbios en un mitin de Donald Trump el viernes por la noche, y sobre cómo la retórica de este candidato parece estar incitándola, sin visos de arrepentimiento.

La escalada retórica es real, y la podéis ver en este vídeo montado por Rachel Maddow. Salvando las distancias, Trump a menudo suena como Arnaldo Otegui cuando le preguntaban sobre terrorismo; y no, no estoy llamando a Trump ETA, pero sus negativas constantes a condenar acciones violentas son francamente preocupantes.

Sobre los disturbios, más que violencia lo que tuvieron fue una algarada (orquestada por asociaciones que apoyan a Sanders, por cierto), sin que nadie llegara a quemar autobuses ni nada por el estilo. En Estados Unidos, donde no están para nada acostumbrados a la violencia política, han sido tomados como algo serio de veras.

Tienen razón de hacerlo. Más que un fascista clásico o un ultraderechista de corte europeo, la campaña de Donald Trump recuerda estos días a la de George Wallace, el furibundo segregacionista sureño que destrozó la coalición demócrata en 1968 con su candidatura por el partido Americano Independiente. Wallace era mucho más racista que Trump, pero en su campaña apelaba, una y otra vez, al resentimiento de blancos de renta baja contra minorías, aislacionismo y nacionalismo combinado con una defensa populista de la seguridad social y otras prestaciones sociales. Como Trump, Wallace utilizaba retórica que flirteaba abiertamente con la violencia, y también insistía que el problema de Estados Unidos es que todos se habían vuelto unos nenazas. Un número considerable de observadores están haciendo este paralelismo estos días (ejemplo aquí, aquí, aquí, aquí, aquí, aquí y aquí), así que no voy a insistir demasiado en ello, pero que se hable de Wallace no es nada trivial.

En la memoria colectiva americana las elecciones de 1968 son los comicios más traumáticos desde la guerra civil. 1968 es el año del asesinato de Robert Kennedy durante las primarias, el caos de la convención demócrata, la renuncia de Johnson a la reelección, el racismo abierto de George Wallace, violencia racial en las calles, las protestas contra Vietnam, y disturbios en grandes ciudades tras la muerte de Martin Luther King. Que el año acabara con Richard Nixon como presidente dice mucho del caos reinante. Algunos observadores ven a Trump como un síntoma de una sociedad con una cantidad enorme de conflictos latentes, justo bajo la superficie, esperando una chispa para que empiecen a arder.

Esencialmente, Trump está apelando de forma magistral a los peores instintos de un segmento de la población (leed este retrato del voto de Trump – vale la pena) americana que se siente completamente excluida del sistema político. Sus problemas no son imaginarios en absoluto: los salarios para las decilas inferiores han caído durante los últimos años y la tasa de mortalidad entre blancos mayores de 45 años se ha disparado. Los demócratas, cuando hablan de pobreza, a menudo lo hacen dirigiéndose a minorías en zonas urbanas, no a la olvidada mayoría blanca en ciudades pequeñas y zonas rurales lejos de las costas. Las élites del GOP directamente pasan de ellos, utilizando guiños racistas pero manteniendo su programa descaradamente pro-ricos. Trump no ha hecho más que dejarse de insinuaciones y dejar de lado el amor de los republicanos por la inmigración, recortes sociales y libre comercio, explotando este vivero. Bastaría con un atentado terrorista, un mitin de campaña que acabe mal o algo peor para que la crisis de finales de los sesenta se repitiera.

¿La verdad? aunque creo que hay cierta verdad en que Trump es el George Wallace del partido republicano, creo que esos temores son excesivos. Estados Unidos es hoy un país mucho más cómodo con la multicularidad e integración social que hace 48 años. Muchas de las grandes divisiones culturales salidas de los sesenta (religión, homosexualidad, aborto, política exterior) o son mucho menos vilurentas, o casi han desaparecido. El racismo abierto, agresivo del viejo sur se ha extinguido; lo único que persisten son (enormes) desigualdades estructurales. Estados Unidos sobrevivió al 11-S sin un sólo incidente racista serio. Por encima de todo, puede que Trump esté apelando a los instintos más bajos de la coalición de Wallace, pero casi nadie está tensando la cuerda desde la izquierda al mismo tiempo.

Dicho todo esto, ¿cómo está la carrera para la nominación? Primero, creo que tras el espectáculo del viernes y las críticas generalizadas a la retórica de Trump los sondeos no son demasiado fiables. En teoría, Ohio mañana favorece a Kasich (es su estado), Florida a Rubio (idem), Carolina del Norte e Illinois a Trump y Missouri a Cruz. A la práctica, sabe Dios qué veremos en las urnas.

Hay dos escenarios posibles. Florida y Ohio son los estados más poblados, y son winner-take-all; el candidato que saque más votos se lleva automáticamente todos los delegados en juego. Illinois y Missouri son parecidos, pero por distrito del congreso; el ganador del distrito se lleva todos los delegados. Si Trump gana los cuatro estados, las primarias republicanas casi se pueden dar por terminadas, y el hombre de negocios de Queens será el candidato republicano. Si Trump gana en Florida e Illinois pero pierde en Ohio (el resultado más probable hasta hace unos días) el GOP tiene alguna opción de detenerle, aunque será difícil.  Si salta la sorpresa y palma también en Florida, la cosa se complica de veras, y todo apuntaría a unos primarias largas y una convención disputada.

Si algo han provocado los disturbios de Chicago ha sido convencer a las élites del GOP que el partido debe hacer todo lo posible para evitar que Trump sea el candidato. Esto quiere decir que aunque Trump tenga más delegados que nadie al llegar a Cleveland para ser nominado, el partido iría a la guerra abiertamente y buscaría un candidato alternativo. Aunque esto provocaría la deserción en masa de muchos votantes de Trump y dañaría el partido de forma irreparable de cada a noviembre (incluso si Trump no se presenta como independiente), dando las elecciones a Hillary, el partido parece estar cada vez más convencido que nominarle es irresponsable, casi suicida.

Este convencimiento ha producido el que es seguramente el mejor video de la campaña hasta ahora, cuando le preguntaron a Marco Rubio si aún tenía intención de votar a Trump en las generales si era el candidato:

La cara de resignación del pobre Marco es trágica.

Los mecanismos institucionales específicos para cargarse una nominación son francamente complicados. El NYT sacó hace unos días una descripción del procedimiento como está escrito ahora mismo (el partido puede cambiarlo cuando quiera, incluso en la misma convención). La idea central es que en ausencia de mayoría absoluta en primera vuelta, los delegados de varios estados dejan de estar “atados” a un candidato en la segunda votación. Si sigue sin haber mayoría, en tercera ronda el número de participantes con libertad de voto aumenta, y en cuarta ronda todo el mundo puede ir donde quiera. La cosa es complicada porque los delegados se “liberan” en rondas distintas según las normas del estado donde fueron escogidos (y sí, cada estado hace lo que quiere). Para confundir más las cosas, casi el 80% de delegados salen de convenciones estatales que los designan en base al resultado de las primarias / caucus locales en teoría, pero donde el aparato del partido puede influir a la práctica.

Si esto os parece una receta para una pesadilla política de primer orden, no vais desencaminados. Imaginad la desesperación del GOP cuando creen que esto es la mejor opción. Entre que la principal alternativa Trump es Ted Cruz y que la convención puede acabar convirtiéndose en un circo dantesco, las primarias del GOP pueden tener un final épico.

Bola extra: ¿primarias abiertas o cerradas?

Uno de los motivos por los que Sanders ganó en Michigan es que en ese estado las primarias son abiertas: los votantes independientes (no registrados con ninguno de los dos partidos) pueden participar en las elecciones que prefieran. Bernie atrajo muchos independientes, y ganó ese grupo por goleada.

El martes Ohio tiene primarias semi-abiertas (no puedes registrarte el mismo día, pero no hace falta ser demócrata), Illinois semi-cerradas (sólo demócratas registrados, pero puedes registrarte el mismo día) y Missouri abiertas (vota quien quiere – incluso republicanos – pero no puedes registrarte ese mismo día). En teoría esto favorece a Sanders, pero sabiendo la juerga que tienen los republicanos, es posible que algunos votantes prefieran votar en ese lado.

Sí, el sistema de primarias es un horror. Novedad.