Política

Twitter y la cámara de eco

15 Feb, 2016 - - @griverorz

Twitter ha anunciado esta semana una nueva opción que ha atraido un poco más de polémica de lo habitual. Esto último es casi un logro, habidas cuentas de la recepción que han tenido algunas de las últimas innovaciones. Sin embargo, el contexto en este caso explica mucho. La publicación en el New Yorker de una pieza argumentando la inevitable decadencia de la plataforma (y otros similares que hemos visto en los últimos meses), las dimisiones en la cúpula de la empresa, y la falta de crecimiento de la base de usuarios han ayudado a construir una narrativa en el que los diseñadores y desarrolladores de Twitter no están en contacto con las demandas y necesidades de los usuarios. La última feature sería representativa de esta tendencia: es algo que nadie ha pedido y que no ataja algunos de los problemas de los que más se quejan los usuarios. Sin embargo, independientemente de su dimensión estratégica y valor comercial, el anuncio tiene mucho interés desde la perspectiva de las ciencias sociales. Ahora, en lugar de seguir un riguroso orden cronológico, los tweets estarán ordenados por su relevancia para el usuario.

Podemos discutir sobre si el valor de Twitter como red social está precisamente en que nos expone a una riada de mensajes en tiempo real, a un conjunto de monólogos y discusiones sin cortapisas. Sin embargo, la nueva feature tiene argumentos sólidos a su favor. Del mismo que seleccionamos a quien seguimos en la herramienta, también es posible que queramos seleccionar entre temas. Puede que hayamos decidido seguir a alguien, pero eso no implica que nos vaya a interesar todo lo que publican. Yo mismo, por ejemplo, en mi cuenta alterno entre inglés y castellano, entre divagaciones sobre ciencia política, opiniones sobre temas aleatorios y actualizaciones sobre mi trabajo o mi vida diaria. Twitter considera, quizás con buena razón, que mis lectores no se sentirán perjudicados si algunos de estos mensajes reciben menor importancia o incluso desaparecen de su timeline. Dicho de otro modo, Twitter entiende que lo importante son los temas que han hecho que sigamos a una cuenta y no la cuenta en sí.

Pero hay otro efecto que no podemos perder de vista. La investigación académica sobre redes sociales ha puesto mucho énfasis en la noción de la cámara de eco. En Twitter, pero también en otras redes, seguimos la misma estrategia que usamos con el resto de los medios de comunicación: preferimos leer a gente con la que estamos de acuerdo o que tiene opiniones similares a las nuestras. Dicho así suena bastante inofensivo, pero quizás el aspecto más oscuro de esta forma de decidir los contenidos a los que estamos expuestos aparezca más clara si expresamos la misma idea en negativo: escogemos a quien seguir de tal manera que no tengamos que ver una diversidad de opiniones. Y las redes sociales nos permiten hacer esto a una escala muy superior a los medios tradicionales, hasta ahogar cualquier voz disonante. Al hacer una segunda selección de tweets de entre la gente que seguimos, Twitter estaría cerrándonos todavía más en nuestra burbuja.

La elección de a quién seguir o no es un modo del todo natural de comportarse. Más todavía teniendo en cuenta que las redes sociales son instrumentos de ocio. Pero nos pone en riesgo de estar encerrados en un entorno que nos refuerza en nuestros prejuicios. Puede que veamos o compartamos algún mensaje con una idea que nos repugna, pero, por lo general, lo hacemos para ridiculizarla y casi siempre lo hacemos escogiendo la versión más grotesca de las ideas de los otros. En las redes sociales no vemos vemos la parte ponderada y razonable del otro lado. Como dice Cass Sunstein al hablar de los blogs, el resultado en realidad es más parecido a un mundo con “grupos muy diferentes de gente, viviendo en redes informacionales completamente distintas y creando burbujas cada vez mas aisladas cultural e ideológicamente.” Es por eso que muchos investigadores creen que las redes sociales favorecen la polarización política.

El problema no está por tanto en los sistemas de recomendación que Twitter ahora u otras redes sociales antes usan para sugerirnos a quién seguir o qué leer ya que en el fondo estos sistemas no hacen más que simplificar lo que ya haríamos nosotros mismos de todas formas. Sin embargo, aunque el efecto añadido de ver tweets por relevancia sea marginal en comparación con la selección que hacemos cuando escogemos a quien seguir, no hace más que aumentar en la dirección de aislarnos un poco más.

Hay una reflexión de más largo alcance que es imposible evitar, sobre todo en el contexto del solucionismo tecnológico que a veces parece rodearnos. Internet no cambia fundamentalmente cómo somos ni lo que buscamos en la comunicación con los otros. Desde luego no lo hace en la arena política y en nuestra habilidad para gestionar y procesar el desacuerdo. Sí, es cierto que nos ofrece unas posibilidades que hace unos pocos años eran impensables y que nos abren casi de forma forzada a un mundo del que antes solo veíamos un pedacito muy pequeñito, pero la verdad es que la mayor parte del tiempo nos encerramos en nuestra cómoda burbuja que ahora es más grande y más densa que antes. Por supuesto, podemos tomar una acción consciente de romper esa rutina y seguir en Facebook o Snapchat a gente nueva por el mero hecho de que estamos en desacuerdo con ellos, o seguir a los políticos que no nos gustan para poder tener una representación más equilibrada del debate político en los mensajes que nos llegan. Pero eso no es diferente de pensar que todos estos años podríamos haber leído varios periodicos para poder compensar los sesgos ideológicos que sabemos que tienen cada uno de ellos. Parece poco realista depositar ahí nuestras esperanzas.