Economía

Stuck in the middle with you: estancamiento permanente

21 Ene, 2016 - - @plata_nacho

Un fantasma secular recorre, últimamente, algunos círculos de la academia y la política económica: una idea lanzada por el profesor de Harvard Larry Summers, cada vez más de moda, el estancamiento permanente (mejor que secular, según Steinberg) o secular stagnation. Sucede que, como muchas modas, también esta moda viene de lejos. Alvin Hansen ya propuso esta teoría hace cerca de cien años.

La teoría señala que en Estados Unidos “la consecución simultánea de: un crecimiento adecuado, la utilización de los recursos disponibles y la estabilidad financiera, resulta cada vez más difícil” (Summers, 2014). Esta idea ha sido secundada por varios economistas (Cowen, Krugman y Gordon, entre otros), que prevén un futuro gris para los estándares de vida en la economía estadounidense en los próximos años. En definitiva, y para ponerlo de manera muy cruda, la economía estadounidense, pero también las economías europeas, habrían alcanzado un tope de crecimiento de la productividad. Según estos economistas, a partir de ahora, crecer nos va a costar mucho.

Los cambios tecnológicos actuales no son suficientes para generar saltos grandes en la productividad y la tasa de crecimiento económico. Uno de los grandes proponentes de esta tesis es Gordon, cuyos argumentos podríamos agrupar en dos bloques. En primer lugar, la mayor parte de las inversiones en I+D se han concentrado en industrias con un menor o decreciente peso en la economía, tales como la manufactura o las TIC. En segundo lugar, no parece que la inversión en determinados sectores haya generado incrementos en la productividad en las últimas décadas, sugiriendo la existencia de un “techo” al crecimiento económico.

El tema, por técnico que parezca, no deja de ser importante. Y si no, recuerden lo que le pasó al tipo de la película de Tarantino al ritmo de Stuck in the middle with you… Por mucho que se repita el palabro “nuevo modelo productivo”, poco vamos a mejorar si estamos realmente en una situación de estancamiento permanente. Existen otros argumentos, sin embargo, que nos permiten ser más optimistas. Primero, las características particulares de la revolución tecnológica de los últimos años hacen que el aumento de la productividad no se registre en las estadísticas utilizadas para medirla. Al mismo tiempo, debido a los cambios en los modos de vida actuales, medir la reducción del tiempo de transporte o la esperanza de vida como indicadores principales de la calidad de vida deja fuera matices importantes. Por ejemplo, aunque los últimos cambios tecnológicos no estén reduciendo el tiempo para viajar de Madrid a Londres, sí que están convirtiendo la necesidad de la presencia física en algo menos relevante, pero con un impacto fundamental en la productividad y la calidad de vida. Quizá los años de vida no están aumentando, pero sí la calidad (y productividad asociada) de aquellos que ahora viven muchos más años.

Como señalaba hace poco Samuel Bentolila, en el Reino Unido ya han tomado nota, con un grupo de académicos y policy-makers del Banco de Inglaterra trabajando en la reformulación de la medición de la actividad económica. Charles Bean, autor del informe recién publicado, incidía en otros factores además de los ya expuestos. De cómo la distinción entre el trabajo y el ocio se está difuminando, o cómo los servicios de intermediación están siendo alterados por el cambio tecnológico. Entender esos cambios y ser capaz de medirlos va a resultar clave para entender si las nuevas dinámicas de las economías modernas nos están llevando o no al estancamiento permanente.

Por último, y con esto volvemos al siglo XIX, hay que recordar el papel de las instituciones en la adaptación de nuevas tecnologías para promover el crecimiento económico. Esto es lo que muestra el trabajo reciente de autores –ya convertidos en tertulianos de nuestras mesillas de noche –como Acemoglu y Robinson. Las instituciones (la seguridad jurídica, la independencia de los organismos reguladores, las trabas burocráticas, etc.) pueden tener un papel más importante en la potenciación de la productividad de lo que los proponentes del estancamiento permanente le otorgan. Lección importante para nuestros futuros gobernantes ahora que están de negociaciones parlamentarias. Quién o quiénes pueden dejarnos más o menos estancados, en el centro o en la periferia, se lo dejamos a usted para opinar, lector.