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Bajo los adoquines, los anticonceptivos (I)

2 Jun, 2015 - - @politikon_es

La autonomía reproductiva y la libertad sexual de las mujeres son viejos temas de la agenda feminista. El grado de control de las mujeres sobre su propio cuerpo es uno de los rasgos distintivos de las sociedades liberales. Hasta mediados del siglo XX, las leyes que coartaban lo que hoy vemos como el corazón de la libertad sexual eran ubicuas incluso en las sociedades más modernas. Este cambio cualitativo es una pieza central de la evolución que comienza hacia finales de los años cincuenta en Occidente, con la progresiva destradicionalización y evolución hacia valores menos materialistas y se suele ver como consolidada con los movimientos juveniles de los sesenta. ¿Qué hay detrás de esta evolución?

Hace una década y media, la revista The Economist publicaba un artículo poniendo de relieve el papel central de un factor: la píldora anticonceptiva. Desde esta óptica, uno de los grandes revolucionarios del siglo XX fue un judío de origen austriaco que murió el mes de enero de este año. El invento de Djerassi convirtió la maternidad en algo responsable y controlable, separado del comportamiento sexual, y con ello hizo que se tambaleran las raíces de la sociedad tradicional. En esta primera entrega nos fijamos en como la difusión de la píldora anticonceptiva afectó al estatus socioeconómico de las mujeres, mientras que en la próxima entrega veremos como afectó a la libertad sexual.

La emergencia de la mujer profesional…

La historiadora Claudia Goldin ha defendido que el cambio que ocurre en el mercado de trabajo femenino a partir de los sesenta es un cambio revolucionario. No se trata solamente de un aumento de la participación laboral de las mujeres: esta aumento establemente a lo largo de todo el siglo. El cambio más interesante, según Goldin, ocurre en el papel que pasa a ocupar el trabajo en la vida de las mujeres. Cada vez más, dejan de ver su ocupación como una forma de subsistencia y pasan a verlo como parte de su identidad; dejan de percibirlo como un trabajo subsidiario en la familia a la renta de sus maridos y más como su profesión, una parte esencial de su independencia como mujeres. Al pasar a ocupar un papel mucho más importante en su identidad, a la hora de negociar el reparto del trabajo doméstico, las mujeres pasan a estar mucho más unidas a sus trabajos que en el pasado y la toma de decisiones pasa a ser más “democrática” respecto a encontrar un compromiso entre carreras profesionales.

Estos cambios cualitativos pueden percibirse en los siguientes gráficos (sacados de Goldin AEA 2006). En primer lugar, vemos el siguiente gráfico que representa la evolución de la brecha entre sexos en sus prioridades vitales:

reconocimiento_peso_mujeres

Lo que vemos es que la brecha cae progresivamente en los tres ámbitos y los hombres y mujeres pasan a tener prioridades socio-profesionales más parecidas. Pero la parte más interesante está en el cambio del patrón profesional que aparece en las mujeres:

ocupaciones_mujeres

Desde finales de los 60, las mujeres empiezan a bascular hacia ocupaciones con más proyección profesional -dónde la antigüedad supone ganar más a lo largo de la vida- que son también las que requieren más inversión en educación. Es éste el cambio fundamental: para que las trayectorias profesionales largas sean posibles, es necesario ser capaz de tomar decisiones -educación, matrimonio, participación laboral- con un horizonte de decisión a largo plazo: educarse durante periodos de tiempo más largos, aspirar a trayectos profesionales con una “curva de inserción” más larga y, para ello, retrasar la edad del matrimonio y de la maternidad.

…y el poder de poder elegir cuándo ser madre.

¿Qué papel puede tener la píldora en la inserción laboral de las mujeres? Claudia Goldin y Lawrence Katz (JPE 2002) lo plantearon de forma simple: la píldora redujo drásticamente el coste de posponer la decisión de formar un hogar. En ausencia de anticonceptivos, las relaciones sexuales regulares terminaban en embarazo antes o después. La única forma de evitarlo era la abstinencia. El sexo prematrimonial tenía no solo un coste económico y personal derivado del riesgo de embarazo no deseado fuera de la unidad familiar, sino también uno social derivado de su estigmatización. Teniendo que entre la abstinencia y estos costes, el incentivo para casarse y dejar el mundo profesional temprano era alto.

Además de este efecto directo reduciendo el “coste” del sexo recreativo entre solteros, hay un efecto indirecto a través del mercado matrimonial. A una edad determinada, la probabilidad de encontrar pareja no es constante, sino que depende de la cantidad de hombres y mujeres que quedan solteros en ese momento. Aunque una mujer estuviera dispuesta a tener una actitud conservadora hacia el sexo para prolongar su carrera profesional, si la mayoría de los hombres de su generación se casan a los 20 años, cuando decida buscar pareja no quedarán hombres solteros. Cuando todas las mujeres de una cohorte deciden posponer el matrimonio, es menos costoso hacerlo individualmente porque menos hombres están ya emparejados.

Goldin y Katz muestran en su artículo que el uso de la píldora afectó tanto a la edad de matrimonio como al acceso a profesiones intensivas en capital humano -abogadas, farmacéuticas, médicos, profesoras de universidad. Explotan el hecho de que la píldora se difundió de forma desigual y progresiva por distintos estados de EUA. Si la variación en el uso de la píldora estuviera asociada -controlando por otros factores relevantes- a la variación de edad media de matrimonio y al acceso a ocupaciones de perfil educativo alto, tendría sentido pensar que hay una relación de causalidad va de la implantación de la píldora hacia el estatus de las mujeres en el mercado laboral. El análisis estadístico sugiere que en efecto es así. Este ejercicio es válido porque la rebaja de la edad de acceso a la píldora, argumentan los autores, no venía influido por una demanda social, sino por la guerra de Vietnam.

Martha Bailey (QJE 2006) siguió la misma agenda de investigación para mostrar otros efectos de la píldora. Mientras que Goldin y Katz se fijan en el efecto en la edad de matrimonio y en el acceso a profesiones cualificadas, Martha Bailey se fija en la fertilidad y la incorporación al trabajo del conjunto de la mano de obra femenina. Usando también la variación en las leyes estatales, se encuentra que la píldora aumentó el número de horas trabajadas por las mujeres (y no solo en las ocupaciones más cualificadas) y la edad media a la que se tiene el primer hijo.
La interpretación de este resultado es que el principal efecto de la píldora se canaliza a través del timing de la decisión de ser madre. Al permitir elegir el momento adecuado para ser madre, la píldora no afectaba tanto a cuántos hijos se tienen, sino a cuándo se decide tenerlos y con ello permite tomar decisiones profesionales a largo plazo.

Cuando se habla de los factores que propiciaron la incorporación de la mujer al trabajo, es frecuente poner el acento sobre los cambios legales, las mutaciones en las mentalidades o el papel de los movimientos feministas. Con menos frecuencia, se pone el acento sobre los cambios económicos, como la evolución hacia una economía basada en los servicios y el capital humano dónde la fuerza contaba menos y las mujeres podían tener un papel protagonista. Sin embargo, es aún menos frecuente se menciona como los cambios en la “tecnología” (entendido de forma amplia) afectaron a la organización social. En este post, hemos hemos visto que, al permitir a las mujeres controlar el timing de sus decisiones de maternidad, la píldora cambió decisivamente el estatus sociolaboral de las mujeres.