Internacional

Democracia con partido único: elecciones en New Haven

4 Nov, 2013 - - @egocrata

Mañana martes la ciudad de New Haven, Connecticut, escogerá un nuevo alcalde. John DeStefano, tras 20 años de mandato, decidió no presentarse a reelección, abriendo la puerta a nuevos candidatos.

New Haven, como la mayoría de ciudades en el noreste del país, tiene un sistema de partidos bastante peculiar: tenemos a un lado el partido demócrata, y en el otro no hay absolutamente nadie. Las grandes ciudades en Estados Unidos demográficamente son menos blancas y más pobres que el resto de su área metropolitana; New Haven es 35% negra, 27% latina y 31% blancos-no-hispanos (sí, es una forma cargante de describir esta cosas). Es también una ciudad pobre: la renta por cápita es de $16.393 (comparado con $36.775 del estado o $27.334 del resto del país). El partido republicano no tiene ni siquiera una presencia testimonial en las elecciones; no hay ni un solo candidato a regidor o alcalde en la papeleta.  La ciudad es un régimen de partido único.

Esto no quiere decir, sin embargo, que las elecciones tengan que ser irrelevantes. Las generales no acostumbran a tener demasiada gracia, con esto de no tener oposición, pero la primarias demócratas sí deberían tener cierto interés. A fin de cuentas, los votantes en esos comicios están eligiendo al ganador casi automático, así que la competición la deberíamos ver allí, y no en otro sitio. Al menos en teoría.

La práctica, sin embargo, es un poco distinta. Durante el reinado de DeStefano las primarias fueron casi siempre irrelevantes. El alcalde era el candidato único, automático e incontestable, y nadie se presentaba contra él. En las generales el hombre iba y machacaba al pobre republicano residual o candidato chiflado independiente por 40 puntos, y santas pascuas. En las raras, increíblemente inusuales primarias donde algún pobre iluso se presentaba contra él, los sindicatos de trabajadores municipales y de la universidad de Yale sacaban a su gente a las urnas, y apisonaban sin piedad al tipo. Cada dos años era el mismo ritual… hasta el 2011.

En septiembre del 2011 DeStefano tuvo tres oponentes en las primarias, y ganó con un 43% de los votos. Es decir, una victoria normal, no el paseo militar de siempre. Los sindicatos esta vez le dieron la espalda; los recortes presupuestarios debido a la recesión, sumado a una ola de crimen tremenda  (New Haven acabó el año con 35 homicidios) le hicieron vulnerable. Jeffrey Kerekes, el don nadie que quedó segundo, se presentó de nuevo como independiente, y sacó un más que respetable 45% en las generales, con los sindicatos de nuevo dejando al alcalde sin los habituales apoyos. Aunque la alcaldía seguía teniendo la capacidad de recabar apoyos y recaudar donativos para la campaña, New Haven había tenido las primeras elecciones competitivas en más de una década. La coalición demócrata detrás del gobierno de la ciudad iba camino de romperse. DeStefano, comprensiblemente, decidió retirarse.

Era hora de reconstruir la coalición de gobierno en las siguientes primarias. El partido demócrata tenía que escoger entre cuatro candidatos: Toni Harp, senadora estatal por New Haven, Justin Elicker, un concejal en el ayuntamiento, Henry Hernandez, un ex-cargo municipal, y Kermit Carolina (sí, en serio), un ex-director de escuela. Aún siendo unas elecciones bastante decisivas, nadie se esperaba demasiada participación (unos 12.000-15.000 votos), así que la clave no eran tanto los candidatos en sí como los apoyos que pudieran recabar. ¿A quién apoyarían los sindicatos? ¿A quién apoyarían las organizaciones sociales de los barrios? ¿A quién apoyaría el resto de cargos del partido, con su infraestructura electoral, amigos con capacidad de dar donaciones y atraer apoyos?

La respuesta es relativamente sencilla: Toni Harp. La senadora tiene muchos años de servicio a sus espaldas, muchos contactos en Hartford, y muchos favores legislativos pendientes de cobrar. La maquinaria del partido demócrata en la ciudad, con sus sindicatos votando en bloque, haciendo puerta a puerta y llevando a genre a las urnas, las redes no-del-todo-clientelares-pero-misteriosamente-influyentes en los barrios, las organizaciones sociales  dependientes de subvenciones del estado/ayuntamiento y todos esos contratistas municipales empezaron a hacer su trabajo. Las primarias se convirtieron rápidamente en dos elecciones distintas: por un lado Harp contra sí misma, con la única incógnita siendo su margen de victoria, o por otra Elicker contra Hernández y Carolina, para ver quién quedaba segundo y si sacaba un resultado lo suficiente bueno como para ser viable en las generales.

El resultado: Harp sacó un 49,5% de los votos tras gastarse un pastón en las primarias, y Elicker quedó segundo, con un modesto 24%. Peor que Kerekes el 2011, pero suficiente como para convencerse a sí mismo que podía sacar un buen resultado en las generales. El mapa electoral no tuvo demasiadas sorpresas: Harp ganó cómodamente en los distritos  pobres de la ciudad (que son mayoría), Hernández sacó resultados decentes en algunos barrios latinos, y Elicker se impuso en East Rock, el centro de la ciudad y Westville, los distritos más ricos y con más población blanca.

¿Había mencionado que Harp es negra y Elicker es el hombre más blanco del mundo, el candidato hispter por antonomasia?  ahora ya sabéis por qué no fue una sorpresa. Las elecciones en New Haven, como en casi todas partes en Estados Unidos, tienen un componente racial obvio.

Tras las primarias, la historia del 2011 se ha vuelto a repetir. Harp es la candidata oficial del partido demócrata; Elicker, tras una rápida recogida de firmas, se presenta como independiente. A diferencia de hace dos años, el aparato del partido apoya sin fisuras a uno de los dos candidatos. Es un aparato del partido distinto al que llevó y mantuvo a DiStefano en la alcaldía durante 20 años, sin embargo; la vieja coalición de sindicatos (de Yale y municipales) y clases medias italianas/irlandesas post-industriales ha dado paso a una mucho más diversa, con las “minorías” (que en New Haven no lo son) dominando la organización. Harp es una criatura casi arquetípica de esta nueva coalición, una legisladora salida de la clase media afro-americana, con fuertes raíces en la ciudad y ampliamente respetada.

Esto no quiere decir que Elicker sea una reliquia de la vieja guardia; todo lo contrario. En New Haven a menudo se habla de la bike mafia para referirse a uno de los grupos de presión más influyentes en política municipal, los pesados obsesionados con hacer la ciudad más amigable para ciclistas. New Haven en los últimos años ha empezado a generar hispters, gafapastas y demás fauna urbana típica de ciudades con exceso de universitarios. Son un producto del progresivo renacimiento de las zonas urbanas en Estados Unidos, y fruto de un par de décadas de un alcalde bastante competente. Tras años de decadencia, New Haven está empezando de nuevo a ganar población, y con ello,  empezando a generar gente como Elicker.

Las elecciones de mañana martes, en el fondo, son un ejemplo de la ciudad de hoy y la que está por venir. Toni Harp representa, en gran medida, la ciudad pobre; Elicker, la ciudad más preocupada por el crecimiento sostenible, bicicletas y alimentos orgánicos. Por pura demografía, la primera debería imponerse sobre la segunda; ayer el gobernador, los dos senadores en Washington, nuestra congresista y montones de legisladores estatales estaban apoyándola, por si no quedaba claro.  Aunque la participación es habitualmente más alta en los barrios ricos, no habrá grandes sorpresas; es lo que tienen los regímenes de partido único.

Si os fijáis, por cierto, no he hablado demasiado de los candidatos en sí. Si queréis escucharles, aquí tenéis el debate de ayer entre ambos, que fue bastante entretenido. Conozco a ambos; ventajas de vivir en una ciudad pequeña.  Harp es buena legisladora, sólidamente de izquierdas, hábil y bastante despierta. En todos los temas en los que le hemos dado la vara desde el trabajo (una ONG dedicada a temas de igualdad de oportunidades y pobreza, por cierto) siempre ha votado de forma correcta. Será una criatura del aparato y su familia tendrá una curiosa falta de prisa para pagar impuestos, pero es progresista. Elicker representa uno de los distritos de mi barrio, y había coincidido con él en movidas gafapasta de desarrollo sostenible ya antes. Es inteligente, tiene un programa electoral excelente y bien detallado y probablemente haría un alcalde estupendo. Por programa, prefiero a Elicker, ya que creo que tiene una idea más clara de por qué la ciudad está mejorando y hacia donde debe ir. O al menos eso me digo a mi mismo, mientras pretendo no ser un gafapasta con blog atado al voto demográfico.

Lo más curioso, en todo caso, es ver cómo funciona la política en un lugar donde primero, no hay competencia partidista, y segundo, la composición del electorado cambia relativamente rápido. El gobierno municipal de New Haven no es el sitio más limpio del mundo, por supuesto (marchando una de fraude electoral), algo que no deja de ser otro aliciente. Además ver como mi representante estatal (Roland Lemar) le clava un puñalada trapera a Elicker en el último momento y leer la reacción del órgano mediático del gafapastismo local (los comentarios en el Independent) es morbosamente divertido.