Corrupción

¿Menos bipartidismo es menos corrupción?

20 Feb, 2013 - - @kanciller

En el repaso matutino de prensa ha caído en mis este artículo de opinión “Cautivos del bipartidismo”, de Jorge Urdánoz Ganuza. En el artículo se empieza poniendo el ejemplo del ministro de defensa alemán que dimitió por plagiar su tesis como contraste al tratamiento que se le da en España a la corrupción. Aunque despeja rápido el balón de la explicación cultural – lo que considero muy acertado – la explicación que da a continuación no me convence tanto. Su argumento es que el bipartidismo tiene todo que ver con la corrupción. Copio literal:

Pero en España [Frente a Alemania] no tenemos libre competencia entre partidos. Lo que tenemos es bipartidismo. Por rara que nos suene, la pregunta clave para abordar la corrupción en España es la siguiente: ¿Hay algo más desamparado desde el punto de vista electoral que los ciudadanos de centro-derecha y derecha de este país? Ocurra lo que ocurra, solo tienen una opción: votar al PP. Y algo muy parecido ocurre con los ciudadanos de izquierda: solo pueden votar PSOE… o dejar que gane el PP.

Es decir, el argumento es que los votantes no controlarían la corrupción electoralmente porque, a diferencia de Alemania, no existe una proporcionalidad perfecta en la representación que permita optar por elegir a otras opciones políticas cercanas. El sistema electoral – que no podía faltar – media como variable fundamental. Pese a que el argumento suena relativamente plausible, lo cierto es que va en contra de casi todos los estudios comparados que tenemos sobre el tema. Si uno repasa los estudios de Peerson  y amigos, Kunicová y Rose-Ackerman o Charron la evidencia va justo en sentido contrario, cuanto menor es el número de partidos, menor es la corrupción. No me voy a ir a ejemplos históricos (siempre hablando de Italia, que pesado soy), sino que os invito a que pensemos en el modelo agente-principal.

¿Por qué el bipartidismo? Tres argumentos

Según el modelo agente-principal el votante, que es el principal, quiere elegir a unos políticos con un mínimo de honradez y competencia mientras que el agente, el político, quiere permanecer en el poder. Vamos a asumir por un momento que el votante no obtiene pagos por la corrupción, o lo que es lo mismo, que no existe caciquismo (cosa que sabemos que es muy arriesgada en España visto lo que nos muestran aquí Pablo Fernández-Vázquez y amigos). Supongamos que nuestros votantes son gente virtuosa. Y supongamos que nuestros políticos quieren ganar elecciones y, solo si no son detectados, meter la mano en la caja de caudales públicos. Aunque a veces la literatura tiene algunos problemas para localizar el mecanismo (porque mayoritario uninominal- bipartidismo suelen ir juntos) parece claro que la clave está en el sistema de partidos. ¿Por qué?

El primer argumento es que el control electoral de la corrupción (un control vertical) se realiza siempre ex post. Es decir, el político roba y entonces el votante cabreado elige a otro partido. Cuando hay solo dos partidos, el principal grupo de la oposición tiene buenas razones para esforzarse en controlar al partido en el poder. Si la oposición llama la atención al electorado sobre la corrupción del gobierno, de entrada, tendrá unos claros réditos electorales en régimen de monopolio. O le votan a él o, al menos, desmoviliza a los votantes del adversario. Sin embargo, en un sistema multipartito no está claro quién se beneficiará electoralmente de la corrupción del partido en el gobierno. Es más, puede ser que un partido denuncie la corrupción y no necesariamente reciba más votos, sino que simplemente se distribuyan entre todos los partidos por igual o incluso vayan a un tercero.

Además, los votantes pueden tener problemas para coordinarse y penalizar al gobernante corrupto ¿A qué partido votar para sancionarlo? Frente a la clara alternativa del bipartidismo puede darse la paradoja de que los partidos de la oposición suban electoralmente pero, dados los componentes mayoritarios del sistema, no se traduzca en suficiente representación para poder desalojar al corrupto partido del gobierno.

El segundo argumento habla de un problema de acción colectiva. Es razonable pensar que la existencia de múltiples partidos puede ayudar a controlar la corrupción del gobierno ya que hay más ojos vigilantes. Sin embargo, también hay razones para pensar que en un contexto multipartidista los políticos preferirán abstenerse de gastar su capital en la denuncia de malas prácticas.

Imaginemos tres partidos viables en un país. Si un partido investiga al gobierno, descubre una corruptela y lo denuncia, de entrada ignora si recibirá el beneficio electoral del demérito del contrario, como he argumentado antes. Pero además, dado que la estrategia del partido en el poder será el clásico “y tú más” para tratar de ocultar su responsabilidad, los dos partidos se enzarzarán en una escalada a ver quien es más corrupto. Ante estas acusaciones cruzadas, el tercer partido que ha permanecido fuera de la controversia saldría beneficiado electoralmente sin necesidad de hacer nada, una posición claramente ventajosa. Por lo tanto, en el sistema multipartito no habría tantos incentivos para denunciar públicamente la corrupción visto este problema de acción colectiva.

La última idea se refiere al hecho de que los sistemas multipartidistas conllevan la existencia de gobiernos de coalición, lo que impediría a partidos y votantes penalizar la corrupción de manera eficaz. La idea clave es que se daría una dispersión horizontal de la responsabilidad al aumentarse el número de actores implicados. Por el lado de los partidos, como hay muchos competidores, es más fácil que la agenda se desvíe del comportamiento irregular del gobierno mientras que potenciales socios se abstendrían de denunciar si piensan que pueden tocar poder. Pero además, los votantes tendrían más dificultades para detectar al corrupto ya que en los gobiernos de coalición la responsabilidad entre sus miembros se difumina y la sanción electoral es más complicada. ¿Quién es el culpable de la corrupción en un tripartito?

Por favor, busquemos la pistola humeante

Todos estamos bastante molestos con la corrupción política y a todos nos parece que es fundamental erradicarla. Quizá la lección “ideológica” del artículo, que habla sobre cómo los partidos mayoritarios han ido “colonizándolo todo” esté más cerca de la verdad. El control electoral de la corrupción en España es bajo, y las hipótesis que se manejan (sintetizadas aquí) ponen el foco más en los votantes que en la oferta. De hecho, vamos a ver como asumir que no hay oferta electoral fuera del bipartidismo es falso. Los ciudadanos van a  ejercer, si seguimos las encuestas, una fabulosa rendición de cuentas en 2015. Aún diré más, se puede argumentar que el problema no es el bipartidismo sino la ausencia de él, es decir, que en determinados territorios la oposición sea complemente incapaz de generar una alternativa que suponga una amenaza real para el gobernante corrupto.

Sin embargo, lo que no tenemos es que dedicarnos a mezclarlo todo en un reduccionismo simple que confunda causas y consecuencias. Lo que tenemos que hacer es buscar dónde está la verdadera pistola humeante que explica el muerto en la sala.

No me creo que la corrupción sea culpa del sistema electoral ni del bipartidismo, por más que se alinee con simpatías por otros partidos. A no ser que alguien me ofrezca una aproximación comparada y me diga; “Eh, que en Chorizolandia tienen un sistema de partidos y electoral parecido al nuestro y están igual” no compro. Simplemente va en contra de todo lo que sabemos. Sin embargo, sí que tenemos mucha más evidencia sobre otros elementos (resumidos aquí) que explican la corrupción y que básicamente es la ausencia de controles horizontales. Es decir, la falta de checks and balances y mecanismos de alerta temprana que permitan detectar la corrupción. Sistemas que hagan que los votantes no se tengan que encargar de sancionar a los corruptos porque sus prácticas sean abortadas antes de que se produzcan, ya haya dos o doscientos partidos.

En esta entrada quería hacer una llamada de atención; no podemos decir que el sistema electoral y el bipartidismo explican todos nuestros males. Al menos, no si no eres un político y quieres dar una respuesta a todo antes de siquiera tener un pregunta. El bipartidismo no es la causa por mas que los dos grandes partidos sí sean los responsables políticos de lo que nos pasa. No mezclemos. Si es que en el fondo es tan fácil como bajar al nivel autonómico para rematar de cabeza, donde nuestros sistemas electorales son relativamente proporcionales. Mirad algunas comunidades donde ha habido gobiernos de coalición recientemente y decidme que no hay (ha habido) casos de corrupción. Parece claro que la causalidad no es directa.

Por lo tanto, quizá sea razonable que no nos precipitemos a la hora de decir que estamos cautivos del bipartidismo cuando hablamos de corrupción. No al menos si lo que queremos es detectar sus verdaderas causas para aplicar recetas efectivas. Si lo que queremos es dar un relato coherente a nuestras intuiciones previas, eso ya es harina de otro costal.