Economía

El extraño mundo de los recortes en sanidad

4 Dic, 2012 - - @egocrata

Durante estos últimos días la “reforma” de la sanidad en la Comunidad de Madrid ha dado mucho que hablar. El ejecutivo autonómico defiende extenalizar servicios para ahorrar costes; los sindicatos y la izquierda hablan de privatización encubierta, un primer paso hacia la americanización del sistema sanitario.  Para variar, ambos argumentos son completamente erróneos; uno por exagerado, el otro por fantasioso. Veamos por qué.

Empezaremos por el más sencillo, el del final del sistema universal vía privatización y demás. Una privatización de los servicios sanitarios no tiene por qué representar el fin del estado del bienestar, una caída de la calidad del servicio o un retroceso en los derechos sociales de los ciudadanos. Si comparamos con el resto de países europeos, es fácil ver por qué: la inmensa mayoría de países del continente tienen sistemas de salud mixto, a menudo con resultados excelentes. El Rolls-Royce de la sanidad pública en la Unión Europea, Francia, tiene un sistema abrumadoramente privado, con el estado como aseguradora de último recurso y un extenso sistema de mutuas privadas cubriendo prestaciones suplementarias. El sistema francés es muy efectivo, amigable y rápido para los pacientes a la par que bastante caro de operar (sobre un 12% del PIB, comparado con el 8-9% en España), pero funciona muy bien. Holanda y Alemania tienen sistemas parecidos; Suiza tiene un sistema similar al futuro Obamacare un poco más caro pero con una calidad de servicio aún mayor.

Dicho en otras palabras: uno puede tener sanidad universal, gratuita y con una cobertura muy generosa, y hacerlo todo en el sector privado. No es un problema regulatorio insalvable. Criticar una reforma de la sanidad por “privatizadora” es como criticar un libro por utilizar tapa dura; estamos hablando de estética, no de contenido.

Esto no quiere decir, por supuesto, que la externalización de servicios en la sanidad pública madrileña sea buena idea. El sistema de salud español es, dentro de los países desarrollados, uno de los más baratos de operar del mundo. Esta ventaja en costes, además, no se traduce en indicadores de salud o cobertura médica espantosos; los españoles están como mínimo igual de sanos que nuestros vecinos, y hasta hace muy poco la atención era básicamente universal. El método para conseguir estos buenos resultados es relativamente simple: la sanidad española es un sistema soviético donde el paciente calla y obedece sin capacidad de elección que paga a médicos y enfermeras espantosamente mal. No tiene mucho secreto, realmente: casi todo el sistema es propiedad pública, y los sueldos, comparados con nuestros vecinos, son una miseria. El único país con un sistema similar (e igual de “acogedor”) es Reino Unido,  aunque tiene resultados peores en parte por una población algo más vieja y tener que tratar con ingleses.

Externalizar servicios / privatizar la gestión del sistema, por tanto, probablemente no ahorrará demasiado dinero. Los sueldos no pueden ser mucho más bajos, ciertamente. Por añadido, el enorme poder de negociación del sistema de salud pública con proveedores (en España es la madre de todos los monopsomios) se diluye en gran medida. Es muy difícil, sino casi imposible, conseguir una disminución del gasto sanitario en España mediante cambios en el sistema de gestión. Si la Comunidad de Madrid hubiera hablado de “mejores servicios” (copiando el modelo francés) quizás me creería lo que dicen, pero hablar de gastar menos con una privatización chusquera es pura fantasía. La consejería insiste en ahorros enormes externalizando servicios como lavandería o limpieza, pero están hablando de una parte minúscula de la estructura de costes de un hospital. El gasto final será, casi seguro, prácticamente idéntico.

¿Quiere esto decir que es imposible recortar el gasto sanitario en España sin reducir servicios? No, por supuesto. Hay partes del sistema bastante ineficientes, empezando por los medicamentos (desde recetas hasta el absurdo sistema de farmacias) y acabando por algunos procedimientos inútiles o burocracia excesiva. Aún así, dentro del habitualmente torpe, ineficiente y escandalosamente poco redistributivo estado de bienestar español, la sanidad es de las pocas cosas que funcionan relativamente bien. La sanidad es algo que el mercado hace espantosamente mal si se deja sin regular; todo el sistema se convierte de forma casi inmediata en una orgía de fallos de mercado (¿conocéis otro sector donde menos competencia entre aseguradas reduzca precios? exacto), así que aquí sí que no soy demasiado partidario de grandes retoques. Por una vez.

La única forma de conseguir ahorrar dinero con reformas en la sanidad es si alguien propusiera un cambio realmente audaz copiando el modelo de Singapur. Buena suerte consiguiendo aprobar algo remotamente parecido sin que le hagan filetes, por cierto.