Competencia, monopolio y explotación: los básicos

Una de las principales funciones de la competencia en una economía de mercado es limitar los beneficios de las empresas. En el resto de este post voy a intentar explicar el mecanismo por el que esto ocurre. Nada de lo que sigue es en absoluto original y pueden encontrarse en cualquier libro de introducción a la micro, pero algunas de sus implicaciones sí son, tal vez, ligeramente contraintuitivas cuando el problema se aborda desde el enfoque ideológico con el que todos nos aproximamos en mayor o menos medida a cualquier problema del que no tenemos un conocimiento específico.

Cuando una empresa opera en el mercado tiene que hacer tres cosas: a) Contratar trabajadores b) Organizar esos trabajadores para producir un producto c) Vender el producto en el mercado. La fijación de precios interviene en los puntos a) y c).

Cuando una empresa quiere vender un producto, necesita convencer a los consumidores para que lo compren. Esto se puede conseguir, bien gastando más en hacer mejores productos, bien vendiéndolos a un precio menor. Analizar ambas cosas es equivalente, así que me fijaré en la segunda por ser más intuitiva y asumiremos, solo por simplificar, que todos los productos son iguales en el mercado.

Los ingresos de una empresa son el producto del número de unidades vendidas de su producto multiplicado por el precio. Subir el precio debería aumentar los ingresos si la empresa siguiera vendiendo la misma cantidad pero el problema es precisamente que, al subir el precio, la empresa ve como menos consumidores compran su producto. Por tanto, para toda empresa hay un equilibrio entre precio de cada unidad y número de unidades vendidas y el precio será tanto más alto como menos varíe la cantidad. Esta sensibilidad que tiene la demanda a la que se enfrenta la empresa al precio es lo que los economista llamamos “elasticidad” de la demanda.

¿De qué depende la elasticidad de la demanda a la que se enfrenta la empresa? Intuitivamente, se puede pensar en muchos factores. Pero si la gente deja de comprar un bien -porque es demasiado caro- será para dedicar ese dinero a comprar otros. Siempre que hablamos de fijación de precios estamos hablando en alguna medida competencia: la capacidad de los consumidores para, al subir el bien que compran de precio, irse a la competencia, es decir, la existencia de otras empresas en el mercado que vendan bienes que los consumidores perciban como sustituibles y la capacidad de los consumidores para cambiar de proveedor. Si las empresas no actúan de forma concertada para subir los precios, entonces la competencia disciplinará a cada una de las empresas manteniendo los precios bajos.

Si dos empresas producen bienes idénticos y una de ellas sube el precio, la otra capturará toda la demanda. Por eso, las dos empresas competirán hasta el punto en el que sus ingresos sean justo los suficientes para cubrir sus costes remunerando sus factores de producción. Si solo hay una empresa, al contrario, los beneficios serán artificialmente altos.

Algo muy parecido ocurre en el mercado de trabajo. Si hay varias empresas compitiendo y una de ellas ofrece un salario menor que las demás, los trabajadores preferirán aceptar las ofertas de trabajo de las demás; pero si solo hay una empresa (o de forma más realista, los trabajadores tienen habilidades específicas a una empresa o una capacidad limitada para cambiar de empresa), entonces un empresario podrá ofrecer salarios más bajos de los que ofrecería si la oferta de trabajo fuera más elástica (es decir, si los trabajadores tuvieran más opciones dónde elegir). En este caso no hablamos de “monopolio” sino de “monopsonio”.

En la práctica, los obstáculos a la competencia son legión. No se trata de ver la simplificación anterior dónde realmente solo hay una empresa. El hecho de que sea difícil cambiar de proveedor (o de empresa) porque hay costes de cambiarse o problemas legales, que haya barreras de entrada en los mercados que impide que las empresas ineficientes sean expulsadas o simplemente que exista una heterogeneidad suficiente en los productos aisla a las empresas de la disciplina de mercado. Curiosamente, históricamente ha sido la izquierda, no la derecha, la que se ha preocupado por la falta de competencia en el capitalismo. A principios del siglo pasado, el movimiento populista o la Sherman Act en Estados Unidos o la crítica marxista de las tendencias monopolísticas del capitalismo parten de esta idea.

Tradicionalmente, se diferencia entre barreras tecnológicas, estratégicas y legales. Las tecnológicas son las que nacen de la estructura de costes (a veces es más eficiente que todo el output se produzca en una sola empresa) o del funcionamiento del mercado (es posible que por ejemplo haya problemas de información). Las estratégicas son las que nacen del acuerdo de distintas empresas para no hacerse la competencia, sino acordar evitar la carrera hacia abajo en los precios (o hacia arriba en los salarios). Finalmente, los obstáculos regulatorios son los que limitan las competencia debido a reglamentaciones legales (limitaciones de horarios, monopolios legales).  Las liberalizaciones de los mercados de productos o la regulación laboral tratan precisamente de minimizar los obstáctulos a la competencia o, en caso de que esta no sea viable, suplirla con mecanismos alternativos.

Es importante entender por qué la regulación laboral y las liberalizaciones (muy importante no confundir liberalización y privatización; cualquier comentario que ponga Telefónica como contraejemplo será humillado sin piedad en los comentarios) del mercado de productos son dos caras de la misma moneda: ambas tienen por función contener el poder de las empresas. En ausencia de competencia en los mercados laborales y de productos, tenemos lo que la economista que hizo el primer análisis completo de este problema llamaba la “doble explotación del trabajo en una economía capitalista”. Los trabajadores son explotados en el mercado de trabajo porque los salarios son artificialmente bajos respecto a una situación competitiva; pero también son explotados en el mercado de productos porque el precio de los productos que pueden comprar con sus sueldos es artificialmente alto. El margen del empresario se ve doblemente ampliado: una vez como monopsonista, otra como monopolista.

Me gustaría cerrar con una pequeña reflexión sobre nuestra permanente querella con las reformas estructurales. Europa vivió durante mucho tiempo -este libro es excelente para entender esto- con una economía muy regulada. Las empresas tenían monopolios, con frecuencia legales y los sindicatos contrarrestaban la falta de competencia generando otro monopolio por su lado. Por razones de las que no hablaré en este post que ya se acerca a las mil palabras, este modelo dejó de funcionar a partir de los años 70 en una economía dónde lo que primaba era el crecimiento intensivo y la innovación tecnológica.

Pero la parte crucial es que la desregulación laboral debe ir de la mano de las liberalizaciones de los mercados de bienes y servicios. Ambas tienen el efecto de mejorar la eficiencia de los mercados -las empresas producen más y contratan más trabajadores-, pero para que la primera no desequilibre la balanza en contra de los trabajadores, es importante que vaya acompañada por reformas del segundo tipo. Estas últimas, da la sensación, son reformas de las que se habla poco y que, por lo general, son siempre vistas por izquierda y derecha como causantes de todos los males de este mundo.

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14 Responses to Competencia, monopolio y explotación: los básicos

  1. Someone 30 septiembre, 2012 a las 21:16 #

    interesane analisis lo de la doble explotacion del trabajo por falta de competencia. me ha recordado un post de Fedea sobre la falta de competencia en el sector de los hidrocarburos (y podriamos añadir telecomunicaciones y otros) con los costes que eso implica para el pais (inflacion con su correlato en el poder adquisitivo de la poblacion y la competitividad exterior…). De hecho es por esto que yo nunca critico los altos salarios de Espana ya que tambien es cierto que su poder adquisitivo se ve muy mermado por la escasa competicion de sectores claves y no se traduce en un “vivir por encima de las posibilidades” sino en un “pagar por encima de las posibilidades”. No se como lo veras tu…

    Sobre el libro de European economy since 1945, he visto que cubre Europa y no solo Europa Occidental y tambien la crisis brutal que tuvimos a finales de los 40 (rara vez recordada). Ojala de esta crisis tambien salgamos con nuevas instituciones para otros treinta gloriosos aunque no se si lo que nos faltan son las ideas, la clase politica adecuada para ello o las dos cosas… Gracias por recomendar bibliografia en todo caso!

  2. Juan de Juan 1 octubre, 2012 a las 08:07 #

    No estoy muy de acuerdo con su afirmación primera de que “una de las principales funciones de la competencia en una economía de mercado es limitar los beneficios de las empresas”. Me parece a mí que que la competencia limita los beneficios de las empresas que se aprovechan de la restricción competitiva; pero no de las empresas en general. En términos generales, me parece a mí que cuando en un mercado desaparecen las barreras competitivas, el excedente de explotación agregado crece en el tiempo. Las empresas, pues, ganan más.

    • Fulano 1 octubre, 2012 a las 09:33 #

      El beneficio agregado puede ser mayor cuando hay competencia. Lo que limita la competencia es el beneficio de cada empresario en particular.

      • Juan de Juan 1 octubre, 2012 a las 10:28 #

        Mmmm… pues sigo sin verlo.

        Pongamos que yo trabajo en el sector de la construcción, y resido en un país donde la ley dice que edificios de más de 2.000 metros cuadrados deben ser construidos por empresas que tengan más de 5.000 trabajadores en plantilla y un balance de no menos de 34.000 millones de euros. Evidentemente, hay una restricción. Yo puedo ganar dinero, pero, como sólo 100 o 200 trabajadores, será construyendo chalés y cosas así, porque, evidentemente, tengo un mercado que me está vedado, donde se produce el oligopolio de las dos o tres empresas muy grandes que cumplen los requisitos.

        Es evidente que una liberalización de esa regulación provocará que los beneficios de esas dos o tres empresas grandes puedan descender (y escribo puedan porque tampoco está claro: podrían trasladar a sus plantillas una parte de las consecuencias de la liberalización, como de hecho han hecho ex-monopolios en España y fuera de España y, al fin y a la postre, ser igual o más rentables; aunque es difícil). Pero lo que está fuera de toda duda es que yo, si soy listo y sé hacer mi negocio, trabajaré más y ganaré más. Y, como yo, todo el resto del sector de la construcción, menos esas dos o tres empresas.

        Creo que la frase “la competencia reduce el beneficio de ALGUNAS empresas (las que se benefician de una situación previa no competitiva)” es más exacta.

      • Francisco 1 octubre, 2012 a las 11:49 #

        Poder, poder pueden ser muchas cosas. Pero eso no funciona así.

        Pero si yo soy un monopolio absoluto de un producto que no puedes dejar de consumir lo que haré será subir su precio hasta maximizar los ingresos totales y el beneficio a todo lo que los consumidores puedan pagar.

        Salvo que sea una bella persona y cuando ya esté ganando mucho dinero piense que es mejor no abusar.

        A más competencia, menos margen de beneficios, porque a la inversa siempre habrá uno que esté dispuesto a disminuir sus beneficios al mínimo que le permite sobrevivir para “sobrevivir” al resto.

        No se en que ejemplo el beneficio agregado (margen sobre venta) sube con la competencia, salvo que hagas un acuerdo de precios, claro.

        • Juan de Juan 1 octubre, 2012 a las 12:05 #

          Creo que olvidas dos cosas:

          Cosa 1: A mayor competencia, mayor venta agregada. Si el mercado de los ordenadores personales fuese un monopolio, hoy no se venderían, ni de coña, todas las máquinas que se venden.

          Cosa 2: A mayor competencia, más competidores. Esto también es obvio, me parece a mí.

          Las situaciones que se pueden dar son todas. Se puede dar una situación en la que el crecimiento del mercado (más ventas, más agentes) no compensa la caída de los márgenes, y situaciones en las que sí. De ahí que yo sostuviese, cosa que sigo haciendo, que la afirmación del artículo es demasiado categórica.

          • Francisco 1 octubre, 2012 a las 15:45 #

            Bueno,

            Tu estás suponiendo que la competencia dinamiza el mercado y estás metiendo factores adicionales. Eso desvia la discusión.

            Piensa en un vendedor monopolista de telefonía móvil en España al que el resto del mundo le hace el I+D y le vende los telefonos.

            No necesita competencia para tener más productos.

  3. Juan de Juan 1 octubre, 2012 a las 10:32 #

    Por cierto, y teniendo en cuenta que este blog lo escriben y orbitan personas que saben de los USA bastantes cosas, me gustaría preguntar si saben cómo funciona el tema de la legislación antitrust en casos de fusiones.

    En algún sitio he leído que en Estados Unidos se usa, básicamente, el índice de Herfindahl-Hirschman, considerando que cuando el nivel es superior a 1.000, se está produciendo una situación de mercado excesivamente concentrado. Pero aun siendo así, no sé si esto se aplica con automatismo (una fusión que deje el mercado por encima de un HH > 1000 es, simplemente no autorizada) o hay margen para el albedrío administrativo.

    • Cives 1 octubre, 2012 a las 14:43 #

      En USa no lo sé; en Europa si no recuerdo mal hay margen.

      • Juan de Juan 1 octubre, 2012 a las 14:52 #

        Demasiado margen, sí.

        • Cives 1 octubre, 2012 a las 15:52 #

          Es un sistema qeu funciona con presunciones.

  4. Buhonsa 1 octubre, 2012 a las 23:44 #

    Inyección de ideas que ayudan a pensar sobre el tema pero quizá un poco simplista. Me quedo con el ligamiento de las liberalizaciones dl mdo d bienes y servicios y el mercado del trabajo pero realmente hoy en día ,¿qué no esta ligado al mdo de trabajo?

    Sobre la manera de ampliar la cuota de mercado sí, gestionar tanto el precio como la calidad del producto son medios para conseguir el fin pero podríamos hablar de innovar en operaciones, un adecuado tratamiento de la cultura empresarial, sacarle más jugo a nuestra base actual de clientes. Nuevas formas de operar, gestionar en toda la cadena de producción, en todo el lead time.
    Supone dar un servicio con menores costes pero mejorando nuestra integración, sobre todo con terceros. Pero no limitarse a que las operaciones sean únicamente más rápidas sino que permitan agilidad para cambiar en cualquier momento, adaptación a cambios tecnológicos, globalización de mercados, cambios en los gustos y necesidades del cliente.
    Los competidores suelen tardar mucho más en detectar el potencial de nuestras innovaciones operativas que otros cambios como el precio o una inversión en tecnología, quitando tema de patentes, que son claramente una puta barrera y un monopolio.

    Creo que en el análisis pesa demasiado el enfoque que has querido dar de una defensa de la libre competencia, ya desde tiempos atrás ligada a la izquierda. En un intento de eliminar a esa izquierda falaz que parece clamar por todo lo contrario e instas a un revisionismo (mi opinión).
    Quizá hubiese estado bien algo un punto sobre la teoría del valor o del valor de la producción ( Smith,Ricardo, Stuart Mill, Menger etc), cuando señalas que hay que convencer al cliente…

  5. silver account 3 octubre, 2012 a las 20:28 #

    Parte de la competencia monopolística modelo de mercado insiste en que los precios no son un problema. De hecho, este modelo general, sostiene que las empresas no tienen control sobre los precios, el mercado lo hace. Los precios se ven obligados a ser idéntico entre todos los competidores. Si Coca-Cola y Pepsi se enfrentan a un nuevo jugador en el mercado con mucho dinero y una campaña de gran alcance nuevo anuncio, los precios rápidamente se acerca más al costo marginal. Esto significa que Coca-Cola y Pepsi verán su aumento de costos marginales en sus mismas plantas y equipos están haciendo un menor número de unidades de su producto. Por lo tanto, los precios son dictados por el mercado, no la empresa.

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