Política

El sueldo de los políticos

19 Jul, 2012 - - @kanciller

Una de las demandas que ha tenido más eco entre la opinión pública, al menos desde que empezó la crisis, es la de bajar el sueldo a los políticos. Entre las propuestas más drásticas están la de que cobren el salario mínimo interprofesional o que directamente no reciban un real por su trabajo (¿Acaso no es vocacional?). Eso sí, no solo se quiere que los políticos cobren menos o no cobren, también se quiere que sean buenos. O al menos mejores que los actuales. Las dudas que generan estas propuestas son evidentes… ¿Es posible hacernos con semejante elenco de altruistas y eficientes concejales o diputados? ¿Tras aprobar esas medidas encontraríamos largas colas de personas dispuestas a gestionar mucho y bien por amor a la cosa pública? Permitidme que lo dude. En todo caso, estas propuestas son una buena excusa para hacer una entrada defendiendo algo bastante impopular pero que considero fundamental para solventar algunos de nuestros problemas actuales. Lo que quiero defender es justamente el argumento contrario: Hay que pagar mejores sueldos a los políticos.

El drama de la selección de élites

En Politikon hemos hablado muchísimas veces de un tema que nos preocupa mucho: la selección de nuestras élites. Ya hemos expuesto en la tertulia, en esta entrada de Roger o en este artículo de diario que la situación es terrible. Por razones diversas estamos fracasando en conseguir buenos gobernantes y cargos públicos. Voy a hacer una simplificación del problema – centrándome solo en una de sus posibles explicaciones –. Imaginad  dos tipos de perfiles entre nuestros potenciales representantes políticos. Por un lado tenemos a gente externa a los aparatos tradicionales de los partidos. Son gente de carrera profesional, independiente, con criterio, la cual por compromiso personal estaría dispuesta a participar en un proyecto político. Por el otro lado tienes a las burocracias de los partidos. Son políticos de aparato, sin trayectoria profesional fuera de las organizaciones y gente muy dependiente económicamente de sus siglas.

Para el primer grupo la participación en política supone un coste de oportunidad ya que abandona una carrera de más o menos éxito por meterse en la arena pública. Sin embargo, para el segundo grupo, para los del aparato, la política es el único medio de subsistencia. Este desequilibrio genera incentivos muy fuertes para que los profesionales de la política, los cuales son mucho más habilidosos en el manejo de la estructura interna, acaben imponiéndose a los que tienen una vida fuera. Dada esta correlación de fuerzas, el resultado final son unos pobres cuadros dirigentes. Sus integrantes ni tienen una trayectoria fuera del mundo político (les falta experiencia) ni pueden tener un criterio propio al margen de las cúpulas (les sobra disciplina). Por supuesto, esto arroja un montón de preguntas sobre el funcionamiento interno de los partidos, su porosidad en el reclutamiento… Muchas de ellas reflexiones pendientes. Aún así el argumento del coste de oportunidad parece una posible explicación para apuntar el por qué del bajo nivel de nuestra élites.

¿Rompiendo el círculo vicioso? Políticos mejor pagados

¿Es posible introducir algún elemento exógeno al funcionamiento de los partidos que pueda ayudar a mejorar la calidad de nuestros políticos? Pues bien, hay alguna evidencia (poca todavía) sobre el impacto que tiene el salario en la selección y el rendimiento de los políticos. Una evidencia que, además, merece la pena tener en cuenta: De acuerdo con los resultados de un estudio los políticos mejor pagados no son sólo más formados (de media) sino que también gobiernan mejor.

Este artículo de Gagliarducci y Nannacini se basa en el estudio del mundo municipal italiano durante los años 1993-2001. El diseño es cuasi-experimental ya que en Italia hay una tabla salarial para los alcaldes fijada en función de la población del municipio (esperemos que aquí también la haya en breve), lo que permite jugar con el impacto de la remuneración. Por razones diversas se centran especialmente en el umbral de las ciudades con más o menos de 50.000 habitantes, punto en el que el sueldo entre alcaldes cambia significativamente. Los argumentos son bastante intuitivos. Un mejor salario a) disminuye el coste oportunidad de que los buenos profesionales se dediquen a la política y b) genera más incentivos para gobernar bien porque te pagan generosamente en el cargo y quieres salir reelegido. Por lo tanto, se esperaría que los salarios incidieran positivamente en ambas cuestiones.

Los resultados de sus análisis van en esta dirección. En los municipios en los que los alcaldes eran mejor pagados, dichos políticos tendían a ser profesionales cualificados (abogados, managers…) y tenían más formación en promedio. El salario parece que atrae a mejores perfiles de político. Pero además estas ciudades están mejor gobernadas. Para saber si este mejor desempeño es por la selección de los alcaldes o por su incentivo para estar en el cargo (dado el buen sueldo), Italia ofrece una oportunidad fabulosa ya que los primeros ediles tienen limitación de mandato a dos legislaturas. Este hecho permite comparar el rendimiento entre alcaldes que pueden repetir y los que no y, según los datos, lo que principalmente lleva que una ciudad esté bien gestionada es la selección de buenos alcaldes y no tanto el incentivo de ser reelegidos.

Por último, en el artículo también se muestra que el sector público tiende a ser menor en los municipios gobernados por estos alcaldes. Esto puede ser por dos razones. Por un lado, puede que sea porque al ser profesionales cualificados creen más en la gestión privada y reducen el sector público (preferencia). Por otro lado, también puede ser que sean mejores gestores y supriman administración superflua (eficiencia). Pues bien, en el análisis comparan diferentes indicadores, como las ratios de pago de impuesto y la velocidad en su recogida, y los resultados apuntan a que la mejora es principalmente en términos de eficiencia. Simplemente estos alcaldes administran mejor sus ciudades al margen de su ideología.

Lecciones para España

En general la evidencia apunta a que tener políticos bien pagados (el umbral es discutible) tiene efectos positivos: Mejora la selección de las élites poniendo a gente más cualificada a lidiar con la administración pública y, en global, mejora la eficiencia de la gestión. Sin embargo, esto no se puede extrapolar al caso español tan a la ligera. Si uno descompone la fuentes reales de financiación (monetaria o en especie) de los cargos públicos españoles creo que se puede distinguir entre tres grandes bloques. El primero es un salario fijo, el cual en general es bajo o moderado, y relativamente transparente. La segunda fuente son importantes complementos salariales a través de dietas, presencia en consejos de administración, cargos solapados… que hace que los políticos acumulen funciones, responsabilidades y sueldos. Y el tercero, el bocado del león en la sangría de nuestros presupuestos, los políticos tienen toda una plétora de cargos de libre designación en la que familiares, afines a los partidos y demás comensales se nutren a costa del erario público.

Cualquier reforma que quiera atacar el problema de la selección de elites tiene que incidir sobre los tres componentes a la vez. Es fundamental que desaparezcan las dietas o se hagan transparentes, que se prohíban o limiten los solapamientos de funciones y, muy particularmente, que se restrinjan los cargos de libre designación que alimentan amiguismos y redes clientelares. Todos estos componentes, de hecho, son tremendamente opacos y son los primeros que deberían ser atacados y criticados por la opinión pública. El cargo electo tiene una legitimidad democrática, los parásitos que viven de él no. Sin embargo, creo que estas medidas deberían ir acompañadas de una subida de sueldo a nuestros políticos – justo la parte transparente de la ecuación -. Mi propuesta es dar un sueldo generoso a nuestros políticos pero que a la vez haya menos dietas, solapamientos y cargos de libre designación. Es más, estoy seguro que este cambio supone un ahorro real en nuestros presupuestos (y no tanto suprimir cargos electos). Y aunque es posible que la subida del sueldo no deba hacerse ahora por cuestiones de coyuntura, sí creo que hay que pensarla en el marco de una reforma amplia del funcionamiento de nuestra administración.

En mi humilde opinión creo que los que critican el sueldo de los políticos están errando el tiro. Dudo que nadie quiera trabajar gratis y, de hecho, cuando hablamos de política no creo que esto sea deseable. Tenemos que buscar atraer a los mejores políticos posibles y que estén bien pagados por hacer su trabajo. Es más, creo que al final hay que plantear el dilema en estos términos: Si queremos tener buenos políticos en España, tenemos que estar dispuestos a pagar por ellos.