Política

En defensa de los concejales

16 Jul, 2012 - - @kanciller

Las personas venimos casi siempre condicionadas por nuestra experiencia vital. En mi caso el haber vivido gran parte de mi vida en un pueblo de menos de 15.000 habitantes me ha marcado para lo bueno y para lo malo, también en mi manera de entender la política municipal. Esto aplica en especial para su protagonista estrella; el concejal de pueblo. Cuando se habla de los políticos y se vierten estos epítetos tan familiares sobre la corrupción y el choriceo del gremio, la gente parece pasar por encima de los que le gobiernan en el nivel más cercano. ¿Sabe la gente lo dura que es realmente la política municipal? Si alguien va en una lista electoral queda marcado para siempre, arrastra consigo a su familia, se vuelve objeto de burlas, te deja de hablar medio pueblo – y te empieza a hablar la otra mitad –, tiene que moverse entre las puñaladas y las rivalidades personales dentro y fuera del partido… Y a la vez los vecinos te paran en la panadería para contarte sus problemas, a que les ayudes con tal o cual expediente, a que le resuelvas un conflicto de lindes con el vecino… Un político municipal lo es las 24 horas. Pero eso sí, no hay duda de que la tarea también tiene su lado gratificante. Transformas tu pueblo y el de tu familia, haces que las cosas funcionen – desde la recogida de basuras hasta las fiestas patronales – y tu buena o mala gestión tendrá, sin duda, un impacto directo y visible por mucho tiempo.

En relación con la política municipal, el pasado miércoles el gobierno central anunció la reforma de las administraciones locales en tres pasos. El primero, fortalecer las diputaciones frente a la mancomunidad para asegurar la prestación de servicios esenciales a nivel municipal (tan opacas y poco democráticas). El segundo, establecer una tabla nacional de remuneraciones para alcaldes y concejales en función de la población, haciendo que no sean los plenos los que asignen las retribuciones de sus miembros (la aplaudo, es de puro sentido común). Pero el tercer punto es que, de acuerdo con lo que ya se había filtrado en algunos periódicos, se ha decidido reducir el número de concejales en un 30% en todos los tramos de población. Me voy a centrar especialmente en este apartado porque me parece una medida tramposa e indignante y, sobre todo, porque tiene un indeseable sesgo normativo (ya lo dije en la tertulia pasada). Veamos las implicaciones que tiene esta medida desde tres ángulos diferentes.

Reforzando el bipartidismo local

En este artículo se resume perfectamente la verdadera intención detrás de este cambio en el número de concejales: Es una reforma electoral encaminada a fomentar el mayoritarismo de nuestro sistema de elección municipal. Es decir, quienes realmente pagarán los platos rotos de esta reforma serán las candidaturas pequeñas, independientes, y partidos minoritarios. La normativa del sistema electoral municipal establece que a) Se aplicará la fórmula D´Hondt para la asignación de representantes, b) Los partidos deben superar el 5% de los votos válidos para optar a representación y c) Cada municipio tendrá un número fijo de concejales en función de su población. Este último punto es el tratado en la reforma que nos ocupa. En la tabla siguiente presento los representantes por población actual y cómo quedarían tras la reforma (redondeando para que con la reducción quedase un número impar).

Como ya se ha comentado en otras ocasiones, la fórmula d´Hondt solo genera resultados poco proporcionales cuando se combina con magnitudes de distrito (número de representantes) bajo. Pues bien, el punto de corte más importante está en torno a los 8-9 representantes… Justo el número crítico de la variación con la reforma. Un cambio que, lógicamente no genera efectos neutrales. En lugar de calcular la proporcionalidad, lo que me obligaría a tomar un municipio concreto – y que no tiene por qué interesarle lo más mínimo al lector –, lo que he hecho es calcular el umbral efectivo de representación en función del tamaño de cada municipio. El cálculo se hace con la diferencia entre el umbral máximo (% de votos que, bajo circunstancias más adversas, garantiza un escaño a un determinado partido) y el umbral mínimo (% de votos que, bajo las circunstancias más favorables, otorga un escaño a ese partido). La idea es relativamente fácil: Señala el porcentaje de votos que necesita un partido para obtener representante con la diferencia entre la situación hipotética más desfavorable y la más favorable (Más detalles aquí). En el gráfico siguiente presento la situación actual y la que quedaría tras la reforma.

Como se puede apreciar, el umbral efectivo de representatividad se incrementa en todos los casos con la reforma. Si tomamos como punto crucial la barrera electoral del 5% para considerarlo un mínimo justo, en el sistema actual más o menos todos los municipios por encima de 10.000 habitantes son relativamente proporcionales. Sin embargo, a partir de la nueva reforma, el umbral efectivo sube notablemente y es solo a partir de los 20.001 habitantes que un partido político tendría más o menos los concejales que le corresponden superada la barrera del 5%. Es decir, que los resultados se sesgan a favor de los partidos grandes de manera inequívoca ¿Y a cuantos municipios va a condicionar este cambio? Pues bien, según los datos del INE, el 94,4% de nuestros municipios se verán afectados, lo que equivale a un total (en promedio aproximado) de trece millones de españoles que verán reducida la representatividad de sus plenos locales. Plataformas, partidos pequeños, candidatos independientes… Lo tendrán más complicado desde ahora para obtener representantes en los municipios pequeños, lo que hace más restrictivo el acceso a las instituciones.

Los concejales tenían un precio

Sin embargo, el gran argumento que se plantea desde el gobierno no tiene nada que ver con el impacto de la medida en la proporcionalidad sino con el ahorro que implica. Se supone que tenemos un exceso de políticos que causan un gasto excesivo luego a malos tiempos, menos políticos. Este el famoso argumento de los 445.568 políticos en España, concienzudamente desmontado en este blog. Sin embargo, creo que merece la pena mirar los datos para profundizar en el mundo local y ver si de verdad hay tal ahorro.

He realizado el cálculo sobre el número de concejales que hay en España y me sale en torno a unos 68.000 si se multiplica los municipios existentes por el número de concejales que le corresponde por población. Desde luego, para un país de 46 millones de habitantes no parece una cifra desorbitada. Ahora descompongamos sus remuneraciones. En casi todos los municipios de menos de 10.000 habitantes la regla es que los concejales no cobren nada (en algunos tampoco el Alcalde, que sigue compatibilizando el cargo con su trabajo). Pues bien, esto afecta a un total de 7.364 municipios, alrededor del 90% de nuestros pueblos, y toca a un total aproximado de 52.960 concejales. Es decir, que el 77% de nuestros regidores no cobran un sueldo por desempeñar su labor. En los municipios de entre 10.000 y 20.001 personas suele haber en torno a dos-tres personas liberadas en los ayuntamientos. Si asumimos tres, esto eleva al 81% los concejales que no cobran nada por sus funciones municipales. Es decir, aproximadamente ocho de cada diez concejales desarrolla sus funciones por un compromiso personal, no económico. ¿Cómo puede alguien pensar que al suprimirlos se puede generar algún ahorro?

Ahora bien, la réplica que se me hace en este punto es el referente a las dietas. Se argumenta que estos pagos indirectos son un complemento que implica que, aunque no se cobre sueldo, sí que se esté percibiendo remuneración encubierta. Las dietas se cobran por Plenos (y creo que por comisiones en municipios grandes), pero sin duda no llegan a suplir los ingresos de un salario. Es complicado que un concejal pueda vivir solo de dietas, en especial en los municipios pequeños, al menos por lo que conozco por mi entorno. Pero aún asumiendo que se cometan abusos con las mismas el argumento es endeble. Si de verdad se trata de un asunto de dietas, en la misma tabla en la que se regularán sueldos se las puede tasar también. Se las puede limitar a la insignificancia si se quiere, pero como justificación para eliminar el número de concejales me resulta poco creíble. Puede haber los mismos concejales sin que cobren dietas. Vuelvo a insistir en lo que se ha dicho hasta la nausea: No nos cuesta dinero los políticos, lo que nos cuesta son las políticas. Un cargo electo no nos cuesta apenas, lo que nos cuesta son las políticas públicas que desarrolla… Así que el ahorro debe ir en lo segundo y no en lo primero. A menos, claro está, que el argumento subyacente sea otro.

La maldición de la anti-política

En un país en que todos los políticos son iguales; unos corruptos, unos chorizos… Limitarlos en número y poder siempre será bienvenido por una masa desafecta de españoles de a pie. Como medida apenas implicará un ahorro económico real, pero sí que ayuda a abrir la caja de los truenos de la anti-política. Muchos representantes, muchos problemas, así que… ahorremos en instituciones. Un asunto peligroso que nos hace deslizarnos por una pendiente en la que empezamos suprimiendo concejales y terminamos poniendo un espadón al cargo del negocio. No es que exagere, es que el poso argumental es el mismo que la película “Raza”. Pero la cuestión todavía es más asombrosa si pensamos que ni siquiera se ha planteado una verdadera reforma de las administraciones locales. No se ha pensado en fusiones municipales, en suprimir los cargos locales de libre designación, en una discusión sobre un sistema de elección directa del alcalde o incluso un modelo con más concejales como el de los países nórdicos. El recurso del gobierno ha sido dar una satisfacción a los instintos más primarios de nuestra pobre cultura democrática con un burdo recorte lineal en los representantes municipales.

Visto que la tendencia me parece inevitable y vamos a empezar a poner precio a nuestras instituciones electas, no negaré que las implicaciones que tiene me entristecen sobremanera. Al final deja a nuestros concejales huérfanos de padre y madre. No veré acampadas por ellos, ni recogidas de firmas, ni protestas frente al Congreso, ni intelectuales de gran talla moral que den la cara. Sin embargo, en 2015 habrá un 30% menos de concejales. Menos tipos a los que dirigirme en la cola del pan para comentarle mis problemas, menos representantes a los que tirarles de las orejas cuando hagan mal su trabajo, menos tipos con los que comentar los asuntos municipales en un bar. Menos partidos para que me representen en el pleno, menos oportunidades para que partidos locales puedan aportar soluciones diferentes. Esto es lo que nos espera a partir de la próxima legislatura. Esto es lo que tiene ahorrar en democracia.

Coda sentimental

Un tío mío ha sido concejal del Partido Popular en su pueblo; amigos han fundado sus propios partidos locales en ciudades medianas y han obtenido representación; otros tantos conocidos se parten la cara en sus municipios sin cobrar nada por ello. Para mi toda esa gente es la mejor política que tiene este país; la de gente que se mete para intentar mejorar la vida de sus vecinos como buenamente puede. Esos son los concejales. Es verdad que siempre nos llegan los sonados escándalos de corrupción municipal y hay tentaciones de brocha gorda. Ahora bien, qué poquito caso se hace de todos aquellos que, calladamente, asumen un coste personal por contribuir al bienestar de su gente…¡Y anda que no es duro soportar a tus vecinos todo el día! A ellos, a los representantes municipales (y muy especialmente a los de pueblo), mi más profunda admiración personal.