Economía

Argentina: seis notas sobre expropiaciones

17 Abr, 2012 - - @egocrata

Todas esas voces que decían que nada iba a suceder se equivocaron (cof, cof): Argentina ha nacionalizado YPF. El circo mediático ha sido casi inmediato, con reacciones airadas, declaraciones patrioteras y demás excesos retóricos. Como este es un tema que toca tanto las obsesiones de la derecha (defender España) como de la izquierda (malvadas multinacionales petroleras) sobre este tema se han dicho más bobadas que de costumbre, así que vale la pena pararse a pensar y recapitular un poco. Aquí van unas notas breves.

1. Repsol sabía el riesgo que corría

Cuando una empresa decide invertir en el exterior sabe que está corriendo un riesgo. Argentina, Bolivia o Argelia no se distinguen por ser los sitios más estables o cuerdos del mundo, así que cualquiera que mete dinero en un chiringuito en esa zona sabe que se la está jugando. Repsol y sus accionistas sabían perfectamente que Argentina es un país con una larga tradición de dar bandazos populistas, una clase política que se mueve de la tecnocracia nihilista al izquierdismo tontorrón con una facilidad extraordinaria, y que bastaban un par elecciones y algo de mala suerte para que alguien les montara un cirio. Los argentinos incluso avisan de ello. Está en la constitución. Pueden llorar, pero no era algo impensable.

2. El gobierno español debe reaccionar

Del mismo modo que cuando secuestran a cuatro cooperantes españoles que andaban por Botswana cazando elefantes ayudando a los más necesitados movilizamos a diplomáticos, fontaneros y aliados para intentar ayudarlos, cuando una empresa española se lleva una galleta es necesario hacer lo mismo. No es tanto por el hecho que te vayan a hacer demasiado caso (Argentina es un país soberano y puede hacer lo que le da la gana) sino para dar una señal clara que esta clase de acciones no salen del todo gratis. Lo natural, y deseable, es que la Unión Europea le pegue una buena bronca a los argentinos, les dé un aviso con un par de sanciones y les diga bien claro que si hacen el mandril con otra empresa europea les caerá un buen repaso.  A las empresas americanas no las nacionalizan demasiado a menudo por un buen motivo.

3. Privatizando a bajo precio

Algunas voces han comentado que Argentina tiene derecho a nacionalizar YPF porque la compañía fue malvendida en los años noventa, y Repsol la compró a precio de saldo. Lo que no explican estas mismas voces es por qué las empresas públicas en países en vías de desarrollo salen a menudo tan baratas: el riesgo que te duren cuatro días es altísimo.

Argentina vende a YPF por cuatro duros no porque Ménem sea un malvado y el FMI les obligue, sino porque no pueden colocarla a mejor precio. Nadie quiere meter una millonada en un país que tiene una larga tradición de expropiaciones. Si Ménem quería hacerse de oro con la privatización, Shell, BP o Exxon tienen más dinero para sobornos que Repsol, ciertamente; el hecho que nadie haya intentado comprar la petrolera española es una señal bastante clara que nadie veía a YPF como un chollo. Era una bomba de relojería.

Los países que tienen por costumbre soltar coces a la propiedad privada de vez en cuando tienen este pequeño problema: se quedan sin nadie que quiera comprar nada en ellos. Argentina hace tiempo que dejo de ser de fiar en este aspecto, y siguen con la vieja tradición.

4. Nacionalizaciones y falta de inversión

Por el mismo motivo que nadie va a pagar demasiado por tus recursos o empresas si tienes la costumbre de nacionalizarlas, el efecto más grave es que a la hora de invertir nadie te va a ayudar demasiado. Repsol sabía que cualquier inversión adicional en la decrépita infraestructura de YPF (que era un desastre en sus tiempos de empresa pública, por cierto) podía incrementar su beneficio, pero también hacía que las pérdidas potenciales en caso de nacionalización fueran mayores. Como más estridente la retórica de los políticos, menos incentivo a meter más dinero.

Lo realmente grave para Argentina con todo este circo, de hecho, es el efecto que una nacionalización produce en el resto de la economía. Cualquier persona que tenga intención de invertir en el país tiene que añadir en la columna de posibles desgracias el ser nacionalizado, con un riesgo de carácter creciente como más estratégica y vital sea tu empresa. Cualquiera que se dedique a dar un servicio público en el país ahora mismo va a cerrar de inmediato el grifo de inversiones hasta que no reciban un compromiso creíble que no serán expropiados. Y como un estado soberano no puede prometer inacción (estilo “Dios crea una piedra que no puede levantar”), el efecto en la economía es a menudo letal.

Sinceramente, si fuérais argentinos y tuviérais dinero ¿compraríais acciones en una compañía eléctrica del país? Bienvenidos a la fuga de capitales. Hay una amplia literatura sobre como el respeto a los derechos de propiedad es un factor clave en el desarrollo económico a largo plazo de los estados. Argentina tiene una larguísima tradición haciendo lo contrario.

5. El “éxito” económico de Argentina

De todo lo que he leído hoy, lo que más gracia me ha hecho es Alberto Garzón diciendo que Argentina entre 1922 y la era de las privatizaciones fue un país próspero y bien gobernado.  Un cuerno. Argentina era, durante los años veinte, uno de los países más prosperos del planeta, con un nivel de renta por cápita comparable al de Francia, o Alemania, y considerablemente más elevado que Italia o Japón. Era, sin discusión, uno de los diez países más ricos del mundo; antes de la Primera Guerra Mundial, de hecho, con un nivel de renta comparable al de Estados Unidos.

¿Qué sucede entre 1922 y 1980? Una larga, larguísima serie de despropósitos políticos y mala gestión económica, incluyendo la dichosa substitución de importaciones y ese estupendo capitalismo de estado que tan pocos favores ha hecho al país.  En 1980 el PIB por cápita de los argentinos es la mitad que el de franceses y alemanes, y apenas un 60% de italianos y japoneses. El país en esa época es cualquier cosa menos una historia de éxito. Para acabarlo de arreglar,  otra tanda mala política económica y la crisis de la deuda dejan la economía más que estancada durante toda la década, y los argentinos perdieron otro 30% de su riqueza.

El país sí creció con fuerza durante los noventa (recuperando el nivel de 1980 en cuatro años),  curiosamente cuando andaban privatizando empresas, creando bancos centrales independientes y haciendo cosas más razonables. Por supuesto, los argentinos procedieron a embarcarse en otra ronda de políticas espantosas y se pegaron otro leñazo descomunal cuando De la Rua se obcecó en mantener la convertibilidad durante años mientras la economía naufragaba. Desde el 2002, el motor de la economía del país ha sido uno muy simple y sencillo, la exportación de materias primas y soja, no una política económica heterodoxa.

6. La gestión de recursos naturales

Queda un último punto, cómo gestionar los recursos naturales y combatir su maldición. El mundo está lleno de petro-estados increíblemente ricos en teoría pero horriblemente pobres en la prácticas. Estos países, además, parecen tener problemas graves para permanecer democráticos mucho tiempo, con algunas excepciones gloriosas. Cómo diseñar un sistema institucional que evite que un estado se convierta en un adicto a sus exportaciones de soja / petroleo / cobre incapaz de generar riqueza es un problema complicado. No es imposible (mirad a Noruega), pero no es algo trivial, aunque estoy bastante seguro que Cristina Fernández ni se lo ha planteado. Pero eso es para otro artículo.