Política

El fracaso de la nueva política

30 Dic, 2011 - - @jorgesmiguel

Ya tuvimos oportunidad de hablar de Wikileaks y otros fiascos hace unos días, pero la aprobación del reglamento de la “ley Sinde” en vísperas del fin de año parece revestirse de una fuerte carga simbólica después de 12 meses en los que la ilusión de una “nueva política” se adueñó por momentos del debate público. Al calor de la Primavera árabe y la “revolución Assange”, la realimentación entre las resistencias a la ley anti-descargas y las tendencias antipolíticas y críticas con el bipartidismo que cristalizaron en torno al 15M pareció por momentos anunciar un tiempo nuevo. Desde luego, entre los partidarios de todas estas causas no se ahorraba mesianismo.

No obstante, casi un año después de aquel #nolesvotes, los resultados que el activismo cibernético, ya sea en su versión civil o en la vandálica, puede exhibir son bastante magros, por no decir inexistentes. Pese a relatos sentimentales y triunfalistas como este, un análisis reposado no deja en buen lugar las pretensiones de algunos de estar en puertas de superar o abolir la vieja política. Las reivindicaciones del 15M sólo entraron de refilón en la agenda cuando se pasó a las movilizaciones en el sentido más clásico; y, aun así, apenas se pueden apreciar otros resultados que una abultada mayoría absoluta del PP, un sinnúmero de reportajes folclóricos en los medios que supuestamente ninguneaban el movimiento y el lanzamiento de alguna prometedora carrera política entre aquellos que tanto decían despreciar la política profesional.

Por lo que toca a la Primavera árabe, y aun aceptando que las redes sociales hayan tenido algún papel en casos concretos, el panorama que queda cuando la polvareda de activismo instantáneo y solidaridades low cost -¿se acuerdan uds. de sus muros de Facebook hace un año?- empieza a disiparse es ligeramente más complejo que los eslóganes y la exhibición de buenos deseos e intenciones generados en Occidente por el movimiento. La creciente influencia a lo largo del Mediterráneo de los islamistas -que, sin embargo, han de dar un giro más o menos sincero hacia el pragmatismo-, la opacidad del nuevo régimen libio o una guerra civil en Siria que ya es algo más que una amenaza lejana permiten, otra vez, hacerse pocas ilusiones de que los nuevos medios de comunicación social hayan modificado sustancialmente lo que Leo Strauss llamó la “naturaleza de las cosas políticas”.

Llegado este punto, el obligado disclaimer: es obvio que esos nuevos medios están para quedarse, y que tienen un papel que representar en la democracia y el debate público. Lo que rechina cuando uno hace balance del debate digital de este año que acaba es el triunfalismo injustificado, la profunda banalidad de tanto discurso mesiánico, el desprecio por la ciencia social de quienes en otros ámbitos se autodenominan “escépticos”, la distancia entre las expectativas y los logros, el paradójico ombliguismo de lo que quieren ser movimientos y discursos globales. Y, desde un punto de vista personal, tiendo a disfrutar cuando la realidad se venga de quienes insisten en ignorarla. Llámenlo Schadenfreude si quieren.

Pero hoy habría que mencionar quizás otro fracaso que, aunque revestido de distintas retóricas, ilustra también la peculiar focusing illusion que afecta a los debates y los movimientos en la red. Tras casi ocho años de eclosión liberal, de austracismo estrafalario y de soflamas losantianas y losantinistas distribuidas no sólo por los cauces tradicionales sino por unos nuevos medios de los que ciertas páginas y agregadores quisieron ser bandera, tenemos un gobierno presidido por el denostado Rajoy y con el odiado Gallardón como Ministro de Justicia que, por cierto, acaba de hacer una reforma progresiva del IRPF. Ni el aborto ni el resto de debates ideológicos que enfangaron los dos mandatos socialistas parecen estar muy arriba en la agenda de prioridades e, ironías, la conspiranoia del 11M y demás materiales de derribo pronto no serán más que un recuerdo de tiempos mejores en los que
podíamos permitirnos perder legislaturas discutiendo sobre el sexo de los ángeles.