Internacional

Impeachment (I): aventuras en Ucrania

25 Sep, 2019 - - @egocrata

La política americana se ha desplazado hacia una de esas regiones brumosas situadas en áreas remotas de las constituciones, la parte del articulado que nadie quiere nunca utilizar. El impeachment, o proceso de destitución presidencial, es una procedimiento inusual, uno de esos preceptos que académicos y aficionados a la política ficción gustan de imaginar pero que nadie quiere ver en la práctica.

Ayer, la cámara de representantes dio el primer paso para abrir un proceso de impeachment contra Donald J. Trump, presidente de los Estados Unidos. Es sólo la cuarta vez que el congreso lo invoca en 230 años de historia constitucional.

Los hechos

Empecemos por lo básico, el motivo detrás de este impeachment. Dicho en pocas palabras: es posible que Trump exigiera que el gobierno de Ucrania investigara a Hunter Biden, el hijo del ex-vicepresidente y candidato presidencial Joe Biden, o de lo contrario no les daría $400 millones de ayuda militar aprobados por el congreso. Trump habría utilizado la política exterior de Estados Unidos y $400 millones de dinero público para chantajear/sobornar a un gobierno extranjero para dañar un potencial rival político del presidente.

De ser esto cierto, es una acusación extraordinaria, de una gravedad inaudita. Es un uso y abuso de la política exterior del país para beneficio personal sin precedentes.

Las pruebas (o ausencia de estas)

Historias extraordinarias exigen corroboraciones extraordinarias, por supuesto. Esta es una historia tan fuera de lo común, tan absurda, tan salida de un guión malo de Hollywood, que es difícil de creer que sea cierta sin pruebas contundentes. El pequeño problema para Trump es Rudy Giuliani, ex-alcalde de Nueva York, abogado personal del presidente, y quizás el hombre más estúpido de América, lleva meses insinuando en televisión que Trump le encargó hacer este trabajo.

Esto sería suficiente para meter a Trump en un fregado monumental si Giuliani fuera alguien que el país aún sigue tomándose en serio, pero hay más. La semana pasada se hizo público que un informante (whistleblower) dentro de los servicios de inteligencia había enviado una denuncia al inspector general de la oficina del director nacional de inteligencia avisando sobre posibles ilegalidades en la Casa Blanca. En teoría, el el director tiene la obligación legal de pasar cualquier informe del inspector general al congreso de forma automática. El departamento de justicia, sin embargo, bloqueó que eso sucediera, algo que levantó algunas suspicacias. La prensa americana (con el WaPo a la cabeza) no tardó en averiguar que el informe iba sobre comunicaciones presidenciales con Ucrania. No sólo eso, sino que Trump había hablado por teléfono con el presidente de ese país justo en las fechas anteriores a que el informante realizara su denuncia.

A falta de ver el informe, todo son conjeturas, excepto que Trump no está negando que la historia sea cierta. Dejando de lado que como es habitual en él ha ido cambiado sus respuestas sin cesar durante los últimos días, Trump ha reconocido abiertamente haber hablado sobre corrupción y como combatirla con el presidente de Ucrania, e insistido que Hunter Biden debería ser investigado (nota: la historia de Trump sobre Joe Biden favoreciendo a su hijo es falsa). Su defensa, si es que se puede llamar defensa, es que Trump nunca amenazó a Ucrania con retirarles las ayudas militares si no investigaban al la familia Biden, sólo pedido que les investigaran. Aunque reconoce que ordenó bloquear la ayuda militar, insiste que es bloqueo no tiene nada que ver con Biden. El motivo que cita, sin embargo, ha ido variando también según el día.

La defensa de Trump

¿Implica todo esto que Trump es culpable de utilizar la política exterior del país para intentar que una potencia extranjera de en la campaña electoral? Quizás sí, quizás no. El problema es que a estas alturas se me hace muy difícil encontrar una explicación convincente de por qué narices Trump y sus mariachis están haciendo y diciendo todas estas cosas sin implicar que están cometiendo delitos.

Repasando lo que estoy viendo y leyendo en medios conservadores: es posible que todo sea una invención de los medios para proteger a Joe Biden. Sería lógico si Joe Biden hubiera cometido algún delito, pero nadie ha encontrado nada. Es posible que el denunciante sea un demócrata camuflado intentando dañar al presidente. Sería lógico si el presidente y su abogado no andaran por televisión reconociendo abiertamente haber hablado sobre Biden con las autoridades ucranianas. Es posible que el abogado del informante sea un agente de Hillary Clinton porque fue becario de Hillary hace 18 años. Yo ya mira no sé qué explicar ya.

La explicación menos absurda, aunque sigue siendo como mínimo dudosa, es la de Ben Shapiro y unos cuantos conservadores que no están del todo chiflados: decir que lo que hizo Trump es feo, pero no es ilegal. Shapiro defendía hoy que si Trump no utilizó la amenaza de retener las ayudas a Ucrania como chantaje lo que hizo el presidente fue diplomacia, no utilizar recursos públicos, y es motivo de crítica, pero no de impeachment. National Review apostaba por un rotundo «está mal, pero es lo que hacen todos los presidentes«, cosa que tendría sentido si fuera cierto, pero su interpretación de las acciones de Obama y Biden en el 2016 es como poco fantasiosa.

Que tu defensa sea «somos gente deshonesta y sin escrúpulos, pero eso no es un crimen» es una estrategia atrevida también, pero ese es otro tema.

La batalla política

La Casa Blanca sospecho que ha decidido apostar por la segunda opción, en parte porque Trump parece estar convencido que utilizar la Casa Blanca como un cortijo es legal y aceptable. De momento, van a hacer públicas las notas internas sobre la conversación de Trump con el presidente ucraniano (aunque es poco probable que incluyan detalles relevantes) y harán público el informe sobre la denuncia anónima esta semana. Es posible, incluso probable, que estos dos documentos sean lo suficiente ambiguos o llenos de ofuscación tecnicista como para permitir que Trump y los medios conservadores digan que no hay nada ilegal en todo este asunto, y que las quejas de los demócratas son fruto de la paranoia partidista más desaforada. Trump se ha escapado de escándalos similares (aunque nunca tan graves u obvios) utilizando esta clase de tácticas en otras ocasiones.

No estoy del todo seguro, sin embargo, que esta vez funcione. Para empezar, este es un escándalo muy, muy fácil de explicar: Trump está chantajeando Ucrania para que ataquen a sus oponentes políticos. El escándalo ruso era igual de grave, pero era mucho más complicado y técnico, y hablar sobre obstrucción de la justicia es complicado cuando el delito cometido es algo rebuscado. Ucrania es una historia simple que tuvo lugar en apenas unas semanas con Trump siendo presidente, no candidato. Defenderle sin sonar como un conspiranoico extravagante es complicado, y más cuando tu defensa se basa en decir que eres más honesto que un tipo tan inocentón y torpe como Joe Biden. Es aún menos viable como defensa cuando Biden es posible que ni siquiera sea el candidato demócrata en las presidenciales, viendo como va Warren en sondeos recientes.

Segundo, es posible que los republicanos estén empezando a hartarse de justificar historias cada vez más injustificables al hablar de Trump. No me creo en absoluto lo que dice Bill Kristol que hay varios senadores republicanos pro-impeachment ocultos en la niebla ahora mismo (aparte de Mitt Romney, que está de vuelta de todo), pero nadie es inmune a la opinión pública por completo, y es posible que un impeachment haga daño real a Trump. Nixon tuvo el apoyo férreo de la gente de su partido durante toda la investigación del Watergate hasta el momento en que se hicieron públicas las cintas grabadas en el despacho oval. Una vez se rompió el dique, el presidente se quedó solo en pocas horas. Si la investigación descubre algo parecido (y con lo tonto que es Giuliani, no me soprendería que eso sucediera) es dinámica podría repetirse.

De momento, los republicanos en el senado no están por bloquear cosas sin más como habían hecho hasta ahora. Es un cambio pequeño, pero no deja de ser un cambio.

Continuará…

Para el siguiente artículo, cómo puede afectar el impeachment a las elecciones del 2020, qué veremos ahora en el Congreso, qué harán los demócratas en los próximos meses, y los riesgos de meterse en un berenjenal como este. Hay mucho, mucho que contar.