Economía

Un poco de perspectiva sobre la subida del salario mínimo

12 Oct, 2018 - - @egocrata

El acuerdo entre el PSOE y Podemos para subir el salario mínimo interprofesional (SMI) a €900 al mes ha sido recibido con aplausos desde la izquierda y con los esperables aullidos de terror desde la derecha y la CEOE. Dejando de lado el hecho que la subida es sólo ligeramente mayor que la pactada por el PP y los agentes sociales hace unos meses (€850 al mes, dijeron), vale la pena echar un vistazo rápido a lo que sabemos sobre los efectos del salario mínimo en el mercado laboral, y qué podemos esperar de esta medida.

Lo que muchos liberales en lo económico de andar por casa dirán estos días es que el salario es el “precio” que un empresario paga por su mano de obra. En (casi) cualquier mercado, cuando el precio de un producto sube la demanda baja. Una súbida del SMI encarece el precio de la mano de obra no cualificada, y por lo tanto hará que los empresarios contraten menos gente, aumentando la tasa de paro.

Es una explicación convincente, pero me temo que la evidencia empírica indica que es errónea. El mayor estudio reciente sobre los efectos de aumentos en el mercado laboral del salario mínimo es este de Doruk Cengiz, Arindrajit Dube, Attila Lindner y Ben Zipperer, publicado el año pasado, y reseñado en el WaPo aquí. Los autores aprovechan que en Estados Unidos todos los estados y muchas ciudades* han aprobado aumentos del salario mínimo por encima del nivel federal. Esto permite analizar los efectos en salarios y empleo comparando lo que sucede en lugares donde el SMI aumenta y sus vecinos. Dado que Estados Unidos es un país enorme, el artículo tiene datos de 137 subidas de salario mínimo entre 1979 y 2016.

El resultado se resume en este gráfico:

Una subida del salario mínimo al cabo de cinco años destruye un montón de puestos de trabajo que pagaban menos que el salario mínimo, pero crea un número básicamente idéntico de puestos de trabajo por encima del nuevo SMI en el mismo periodo de tiempo. El número total de empleos no cambia; los salarios en el mercado laboral suben. Sólo en los estados donde el salto del SMI es muy elevado hay algo parecido a un efecto ligeramente negativo, pero incluso en esos casos la pérdida de puestos de trabajo es casi imperceptible.

¿Por qué un aumento del coste de mano de obra no produce un descenso apreciable de la demanda? El mercado de trabajo, en contra de lo que diría la explicación estilizada de liberales entusiastas, dista mucho de ser perfectamente competitivo: el poder de negociación de empresarios y trabajadores no es simétrico. Aunque sea obvio decirlo, el hecho que alguien que está buscando empleo está en una posición económica mucho más vulnerable que alguien que quiere ampliar un negocio o substituir un empleado mediocre tiene un impacto directo en la negociación sobre el precio/salario. El mercado laboral es funciona como una constelación de monopsomios, un mercado donde hay muy pocos compradores y muchos productores.

Esto hace que en el mundo real, los salarios sean casi siempre menores que lo que veríamos en un mercado perfectamente competitivo con un número infinito de empresas y trabajadores. La diferencia se traduce en mayores beneficios empresariales y trabajadores cabreados.

La solución obvia para evitar que esto suceda es dar más poder a los trabajadores, sea haciéndoles menos vulnerables cuando están sin trabajo (el estado de bienestar, vamos), bien sea dándoles más poder de negociación, creando instrumentos para que puedan coordinar sus demandas salariales (los sindicatos). A la práctica,estas soluciones no siempre son viables; el estado de bienestar no siempre dedica suficientes recursos a los trabajadores más vulnerables (en España, de hecho, es espectacularment ineficaz haciéndolo), y los sindicatos o bien han sido “cazados” hasta su práctica extinción (lo que vemos en Estados Unidos) o bien representan a los trabajadores ya empleados, no a los parados (España).

Queda entonces la regulación, es decir, crear un salario mínimo que impida a los empresarios dar ofertas con sueldos ridículos a los trabajadores más desesperados. Esto reduce la competencia entre trabajadores, aumentando su poder de negociación, y acaba por aumentar sus ingresos a costa de disminuir los beneficios empresariales.

¿Quiere esto decir que la subida del SMI a €900 es una buena idea? No necesariamente. Para empezar, es perfectamente posible que esta cifra sea demasiado elevada. Si no recuedo mal, la OCDE recomienda que el salario mínimo de un país no debería superar el 60% del salario mediano (cito de memoria – no encuentro ahora mismo la cifra exacta). En España, el salario mediano ronda los €1400 mensuales, colocando el SMI ligeramente por encima de esa cifra. El salario mediano en Estados Unidos está sobre los $21,65 la hora ($3.745 mensuales**) y es aún mayor en las jurisdicciones que han visto subidas del salario mínimo más elevadas (Seattle, SMI de $15/hora, salario medio $31.42), así que es posible que el impacto en el empleo sea más negativo en nuestro caso de lo que el estudio parece indicar.

Por añadido, el mercado laboral en Estados Unidos es mucho más flexible que el español. Cuando Connecticut, Nueva York o Seattle suben el SMI, los empresarios pueden responder despidiendo y contratando trabajadores sin apenas costes adicionales, así que la reconversión de puestos de trabajo con poco valor añadido hacia otros más productivos es relativamente sencilla. En España, gracias a nuestros rocambolescos contratos laborales, esto no sucede; el ajuste siempre se lo comen el tercio de trabajadores temporales. Es perfectamente posible que una subida del SMI vea su efecto diluido ya que muchas empresas no pueden reconvertirse sin sufrir unos costes enormes de despido mientras que los trabajadores temporales siguen sin tener poder de negociación alguno.

Lo que me lleva al último punto, repetido mil veces en esta página: si realmente queremos ayudar a los trabajadores que menos ganan en España lo que deberíamos hacer es eliminar la dualidad del mercado laboral (por ejemplo, con un contrato único), no hacer juegos malabares con el salario mínimo. El SMI es un instrumento ocasionalmente útil, pero a menudo torpe, para responder a los desajustes del mercado laboral. Combatir la temporalidad en serio (no con proclamas de “poner más inspectores”, sino igualando los derechos de todos los trabajadores) es mucho mejor para los currelas que la izquierda dice defender. Como de costumbre, lo han dejado para otro día.

Subir el SMI, por tanto, no es una medida necesariamente mala; es posible que haga algún bien. Me temo, sin embargo, que dista mucho de ser la solución idónea para España ahora mismo.


*:Sí, en Estados Unidos hay muchos lugares donde el salario mínimo puede fijarse a nivel municipal; varía según los estados si las ciudades pueden hacerlo o no.

**: Estados Unidos es un país absurdamente rico, y los lugares ricos de Estados Unidos los son aún más. La renta familiar mediana en Seattle ronda los $80.000 al año, y no es el lugar más próspero del país.