Internacional

El masterplan alemán: una solución que deja solo problemas

6 Jul, 2018 - - @fdelledonne

Los conservadores alemanes dejaron de pelear entre ellos. Lograron un consenso que a primera vista, dejaría a todos contentos. Sin embargo, la pregunta aquí es: ¿quiénes son „todos“?. El acuerdo entre el partido de la canciller Ángela Merkel (CDU) y la Unión Socialcristiana (CSU) de Baviera genera más problemas de los que soluciona. Tanto en el frente interno como en el externo surgen voces que exigen explicaciones. A nadie le gusta aceptar compulsivamente un acuerdo. Y mucho menos si su objetivo real consiste en apuntalar la estrategia electoral de los conservadores bávaros en las regionales de octubre. En otras palabras: ¿Vale la pena poner en riesgo la estabilidad de un gobierno y tensar las relaciones con otros países de la Unión Europea sólo por unos comicios regionales?

El capricho del bávaro: Operación extorsión

Horst Seehofer, jefe de la CSU y ministro del Interior, Fomento y Patria (Heimat), decidió anunciar hace apenas algunas semanas un „masterplan“ para la solución de la cuestión de los refugiados. El contenido del plan nunca se dio a conocer en detalle, pero sí se hizo público un punto en particular: Aquellos refugiados que intenten ingresar a Alemania y ya hubiesen sido pedido asilo en otros países de la Unión serían deportados inmediatamente a este último. Amparado en el acuerdo de Dublin, Seehofer encendió un fuego que nadie esperaba e inició así la operación „extorsión“.

La canciller Merkel reaccionó con una negativa. No estaba dispuesta a permitir que se ponga en práctica la deportación automática de refugiados. Según ella era necesaria una solución europea. Seehofer subió la apuesta y anunció un últimatum: si Merkel no traía un buen acuerdo de la próxima cumbre, podría en práctica su masterplan. En contra de todas las expectativas, la canciller consiguió el apoyo de Grecia y España. La periferia europea salvando el pellejo de Merkel. Paradójico. Sin embargo, el líder bávaro no cedió y amenazó incluso con renunciar.

La escalada parecía interminable y luego de una ardua reunión entre los peces gordos de ambos bandos se llegó a un acuerdo: se establecerían „centros de tránsito“ para los refugiados en la frontera con Austria. En ellos se comprobaría, entre otras cuestiones, si ya había una solicitud de asilo en otro país miembro. Y finalmente, se procedería con la deportación previo acuerdo con el país receptor. En otras palabras, Seehofer podría decir que expulsaría refugiados y Merkel que no se trataba de una medida unilateral de Alemania. Sin embargo, lo que parecía ser el fin de la crisis gubernamental más importante se convirtió en un disparador para nuevos problemas.

Socios compulsivos

El resultado del acuerdo entre conservadores necesita de la venia de varios terceros, cuya opinión nunca fue consultada. El gobierno de Austria, por ejemplo, se ha mostrado sorprendido y, en algún punto, se ha sentido ignorado por sus pares alemanes. El canciller austríaco Sebastian Kurz afirmó que esta situación los lleva a reforzar las fronteras con Eslovenia e Italia. Otro paso hacia el aumento de los controles fronterizos entre países miembro de la Unión Europea. Algo que justamente Merkel buscaba evitar. Por otra parte, el procedimiento demanda que los países receptores de los deportados también estén de acuerdo con ellos. La buena predisposición que mostraron con Merkel los presidentes griego y español presenta un escenario optimista en ese sentido. Pero, ¿se puede esperar una actitud similar del nuevo gobierno Italiano?

Otro actor que fue olímpicamente pasado por alto al momento de cerrar y anunciar este acuerdo fue el partido socialdemócrata (SPD). La socialdemocracia forma parte del gobierno federal junto a la CDU y la CSU. Sin su aprobación es imposible que el plan pueda ser implementado. Y la misma no será sencilla. En efecto, este escenario pone al SPD en un nuevo dilema. Uno de aquellos que puede terminar dañando su credibilidad. Hace apenas tres años el ministro de Justicia socialdemócrata Heiko Maas, actual ministro de Exteriores, se manifestaba absolutamente en contra de los centros de tránsito para refugiados. Su partido lo acompaño en aquel momento.

Dos líderes del SPD anunciaron que hubo acercamientos con los conservadores, pero que todavía debe discutirse más a fondo. Los socialdemócratas sin embargo no están en condiciones de forzar mucho la negociación. Lo que menos desean es provocar una caída del gobierno y un llamado a nuevas elecciones, justo ahora que su intención de voto están en el sótano (entre 16 y 19%).

La construcción de la amenaza latente

Más allá de ese gran obstáculo que implica poner de acuerdo a varios actores, locales e internacionales, para que el plan comience a funcionar, queda sin responder una pregunta importante: ¿valía la pena esta crisis?

En octubre próximo se celebran elecciones regionales en Baviera. Una más de los 16 Estados Federales que componen Alemania. Sin embargo, para la CSU, estos comicios son existenciales. El partido de Seehofer ve seriamente amenazada su mayoría absoluta. Y, lo que es aún peor, ve en peligro su hegemonía sobre la derecha del espectro político. Esa amenaza tiene nombre: Alternative für Deutschland (AfD). AfD, la nueva ultraderecha alemana, controla desde hace años el discurso político en torno al tema refugiados e inmigración. Su electorado transversal tiene un fuerte componente ultraconservador que se ha convertido en una sangría para partidos como la CSU. En la última elección federal septiembre pasado los conservadores bávaros perdieron más diez puntos, mientras que AfD crecía más de ocho.

En dicho contexto Seehofer se decidió por un golpe de efecto: el masterplan. Una supuesta solución para un problema que, según los datos oficiales, no parece ser tan grave como la CSU plantea. Al menos para Alemania. La Oficina Federal de Migraciones y Refugiados (BAMF) indica que los pedidos de asilo entre agosto de 2016 y mayo de 2018 disminuyó en un 87%¹. El clima de caos y descontrol que reinaba entre fines de 2015 y principios de 2016 ha desaparecido. Lo que ha quedado en pie es la capacidad comunicacional del la ultraderecha de AfD de seguir manteniendo viva aquella amenaza latente. En esa trampa ha caído la CSU y su líder.

Con su accionar Seehofer ha conseguido varios resultados de los cuales es posible que se arrepienta muy pronto. Por un lado, su imagen frente a la opinión pública ha caído fuertemente. Dos de cada tres alemanes piensa que debe renunciar, incluso la mitad de los votantes de su partido comparte esa idea. Él carga con la responsabilidad de generar una crisis política que puso en peligro al gobierno, debilitó a la canciller e inició en Europa una dinámica peligrosa que puede fortalecer posiciones nacionalistas y eurófobas. Por otro lado, al utilizar los marcos de la AfD, ha contribuído con su crecimiento y en consecuencia perjudicado a su propio partido en medio de la campaña electoral. Finalmente, el ministro del Interior, Fomento y Patria ha dañado la credibilidad del gobierno y de los representantes políticos con su accionismo en un momento en el cual el desencantamiento con la clase política en Alemania se encuentra in crescendo.

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¹: Datos recolectados por el Centro Federal de Educación Política (Bundeszentrale für politische Bildung). Disponible aquí: https://www.bpb.de/gesellschaft/migration/flucht/218788/zahlen-zu-asyl-in-deutschland