Feminismo

Deliberación, democracia directa y valores desde Irlanda. Análisis del referéndum sobre el aborto.

6 Jun, 2018 -

Savita Halappanavar vivía en Irlanda. En 2012 murió a causa de una infección al no ser atendida en el hospital. Estaba sufriendo un aborto espontáneo, pero legalmente los servicios médicos no podían acelerar el proceso mientras el corazón del feto siguiera latiendo. Abortar en Irlanda estaba prohibido bajo cualquier circunstancia. Hasta hace unos días. El caso de Halappanavar impactó a la opinión pública irlandesa hasta el punto de que, seis años después, esta ha votado masivamente (66.4%) a favor de eliminar la 8ª enmienda de la Constitución en un referéndum histórico. De hecho, el 10% de los votantes del sí afirman en la encuesta a pie de urna de RTE que fue este acontecimiento el que les hizo decidir su voto.

Irlanda es un país con fuerte tradición católica y la religión, para algunas personas, sigue siendo una parte muy importante de su vida y que configura sus actitudes. Sin embargo, en los últimos años se ha producido un rápido proceso de secularización que hace necesario revisar nuestras ideas sobre la sociedad irlandesa. Sin ir más lejos, en el año 2015 el 62% de la ciudadanía votó a favor del matrimonio igualitario en un referéndum constitucional similar al del fin de semana pasado. No fue hasta 1995, con solo el 50.28% de los votos, también en referéndum, se eliminó la prohibición constitucional sobre el divorcio.

Los referéndum son un instrumento común en la política irlandesa. Desde la entrada en vigor de la Constitución en 1937, se han celebrado 36 referéndum constitucionales en Irlanda (si bien algunos de ellos se han celebrado en el mismo día). Irlanda es un país que recurre frecuentemente a mecanismos de participación directa de la ciudadanía. Sin embargo, en el caso de los dos últimos referéndums hay un elemento diferenciador: la adopción de mecanismos de democracia deliberativa previos al voto. En 2012 se estableció una Convención Constitucional para debatir diversos temas. Entre ellos, la aprobación del matrimonio igualitario. Se componía de 66 ciudadanos seleccionados aleatoriamente y 33 miembros del parlamento. Uno de los informes redactados que se llevó a votación fue el de la aprobación del matrimonio igualitario.

Cuatro años más tarde, el gobierno dio un paso más y estableció una Asamblea Ciudadana formada por 99 ciudadanos elegidos aleatoriamente de modo que fueran representativos de la sociedad irlandesa (estratificados por región, edad, género y clase social). Entre los temas a debatir figuraban algunos referidos a políticas públicas, como la lucha contra el cambio climático, pero también otros de regeneración (iniciativas legislativas ciudadanas al parlamento y/o referéndum), de diseño institucional (eliminar la prerrogativa de disolver el parlamento anticipadamente) y de derechos civiles, como el aborto.

El gráfico muestra datos sobre las percepciones del electorado de la Asamblea. Hasta el 65% de los votantes del referéndum habían oído hablar de la asamblea y, de estos, el 65% mostraban más confianza que desconfianza en la misma. Es un dato esperanzador para aquellos que defienden el uso de este tipo de mecanismos de innovación democrática para fijar asuntos en la agenda y promover un debate público de calidad. Solo el 12% de quienes conocían de esta Asamblea Ciudadana no confían en la misma. Los votantes del no, sin embargo, muestran de media una menor confianza en la Asamblea. Este puede ser un indicador de las consideraciones instrumentales de los ciudadanos a la hora de evaluar los mecanismos democráticos. ¿Hasta qué punto quienes se perciben como ganadores están más a favor de mecanismos de participación y debate entre la ciudadanía?

¿Quiénes votaron sí? La figura siguiente dibuja una radiografía de los votantes del referéndum del pasado fin de semana con datos de la encuesta a pie de urna de RTE. Las mujeres votaron masivamente por el sí, con un 72% de votos a favor frente al 66% entre los hombres[1]. El nivel educativo también está relacionado con el voto por el sí. Son aquellos con un mayor nivel educativo quienes más apoyaron el sí (77%) frente a aquellos con estudios básicos, que prefirieron el no, al votar solo una minoría (42%) a favor. En la edad se observa una brecha evidente, así como con la religiosidad. Son los más jóvenes (87.5%) quienes han votado masivamente por el aborto, aumentando el rechazo con la edad. Los mayores de 65 años han preferido el no (58.8%). Un último dato, aunque no sorprendente, es el que nos proporciona desagregar los datos por nivel de religiosidad. Los más asiduos a oficios religiosos votaron masivamente en contra de la legalización del aborto (81.7%).

El nivel de religiosidad puede ser útil para explicar la enorme brecha generacional que se observa en los datos descriptivos. Los jóvenes irlandeses son menos religiosos y tiene sentido pensar que en un tema como el aborto, que se fundamenta sobre todo en valores, la influencia de la religión en los jóvenes sea menor y sea esta lo que está detrás de esta brecha. De hecho, el 62% de los votantes afirman que tomaron su decisión pensando en “el derecho de las mujeres a elegir”. Para testar esta hipótesis he utilizado un modelo de regresión logística con el voto (sí o no) como variable dependiente. En el modelo se incluyen edad, nivel de religiosidad, género, nivel educativo, clase social y estado civil. Los resultados no son sorprendentes: el mejor predictor del sentido de voto en el referéndum es religiosidad[2]. La siguiente figura presenta, una vez descontado el efecto de religiosidad y el resto de controles, la probabilidad de voto sí en el referéndum en función de la edad. Para leerlo hay que tener en cuenta que las líneas punteadas muestran los intervalos de confianza al 95%, una medida de incertidumbre cuando estimamos parámetros.

El gráfico nos cuenta que la brecha generacional se reduce solo ligeramente cuando se tienen en cuenta estas variables. No se aprecian diferencias por edad en grupos consecutivos (ya que sus intervalos de confianza se solapan), pero la relación sigue estando ahí: cuanto más mayor menor probabilidad de votar ‘sí’. El siguiente modelo incluye como predictor haber mencionado “el derecho de las mujeres a elegir” como motivo para decidir el voto. Esta puede ser es una buena aproximación a la prevalencia de valores de autonomía y ‘postmaterialistas’ sobre los religiosos.

Una vez incluida esta medida de valores pro-choice en el modelo, la brecha generacional se reduce sustancialmente. No es un gran descubrimiento, pero los datos sugieren que lo que está detrás del comportamiento diferente entre mayores y jóvenes respecto al aborto es una cuestión de valores. Las nuevas generaciones son más abiertas y mantienen unos valores más orientados hacia la libre elección que los mayores, lo que es coherente con la secularización que ha tenido lugar en Irlanda que, recordamos, es un país con una fuerte tradición católica.

Como reflexión final quiero apuntar que la experiencia irlandesa nos muestra que no hay que tener miedo per se a consultar a la ciudadanía en general. Experiencias como el Brexit han puesto encima de la mesa el debate sobre si los mecanismos de participación directa son beneficiosos o no para la democracia representativa. En Irlanda han mostrado que, con un mecanismo como una Asamblea Ciudadana deliberativa, ciudadanos corrientes (con asesoramiento técnico, por supuesto) son capaces de proponer reformas institucionales de calado y, en el caso de la legalización del aborto, ser refrendadas por la ciudadanía en general con un alto grado de confianza hacia su trabajo. Bien es cierto que el Parlamento irlandés no ha tomado siempre en consideración los dictámenes de la Asamblea pero, cuando lo ha hecho, ha acertado. En España llevamos dos años largos de escasa producción legislativa y con una baja confianza de la ciudadanía a las instituciones. Si hubiese que reformarlas, ¿puede ser la solución que ciudadanas y ciudadanos de a pie debatan sobre ello?

[1] Es necesario mencionar que el dato de síes en esta encuesta es del 69.4%. Es algo superior al resultado real  (66.4%) pero dentro de los márgenes de error razonables, especialmente en una encuesta a pie de urna.

[2] Los resultados completos están disponibles si se solicitan al autor.