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Get the job done. Terminad el trabajo.

28 Mar, 2018 - - @MartinOlalla_JM

Hoy a las 11:00CEST la página web del grupo Nature ha hecho público el trabajo titulado Latitudinal trends in human primary activities: characterizing the winter day as a synchronizer en la revista Scientific Reports. Resumen: lo que he ido contando en estas páginas de Politikon se ha convertido en un trabajo científico revisado por pares. I got the job done: el trabajo ha terminado.

El trabajo no ha sido evaluado por profesores de mi área de conocimiento. Casi al principio tuve claro que iba a tener poco recorrido en el campo de la física. He elegido el campo de la fisiología, la cronobiología y los ritmos circadianos para su evaluación. Me gustaría resaltar el gran trabajo de los revisores, de uno particular (siempre hay uno en partícular): han ayudado a que el texto original mejore, mucho. Pueden ver parte de la evolución del proceso de revisión en el pre-print que publiqué en arXiv el 31 de julio. Casi basta con leer el título de las diferentes versiones. También valoro especialmente que hayan aceptado un artículo proveniente de alguien completamente ajeno al campo de la cronobiología.

Los ritmos circadianos aparecieron en mi vida de por boca de Nuria Chinchilla. No es experta en la cosa, pero que dijo una vez teníamos los ritmos vitales alterados por culpa de la hora de Berlín: esa parte naturista de Ahroe. A mí me hizo mucha gracia porque, sin conocer nada de ellos, sabía que era imposible. Hice mofa de su afirmación en el primer encuentro público que tuve sobre esta cosa horaria y alguien del sector cronobiología me lo afeó. Lo hizo advirtiendo que los ritmos circadianos existen, son importantes etcétera. Yo respondí que no me mofaba de los ritmos circadianos. Me mofaba de que lo asociaran con la hora. Con el reloj. Tuve que volver a ver la grabación del evento para cerciorarme de que dije lo que pensaba y no una tontería o inconveniencia. Y con el tiempo comprendí que era el mejor campo donde podía enviar el trabajo. La alternativa era algo de la sección de Economía o Sociología: directamente ligadas a las encuestas de empleo del tiempo.

Dos meses después de enviar el artículo la Fundación Nobel otorgó su premio anual en Fisiología o Medicina a los padres de los ritmos circadianos. Unos señores que explicaron científicamente algo que es obvio: el acoplo de los ritmos biológicos con la rotación de la Tierra. No vean en esto un menosprecio. Todo lo contrario. Una de las misiones más bellas de la Ciencia es explicar lo que es o parece obvio.

El comunicado de prensa del anuncio del premio Nobel me permitió dar con una imagen que muestra lo fácil que es caer en el equívoco de Chinchilla, quien no desaprovechó la oportunidad para mostrarnos que sigue empeñada en el error. Vean esta imagen:

Ritmos circadianos y un reloj. Imagen tomada del comunicado de prensa de la Fundación Nobel anunciando el premio en Fisiología o Medicina del año 2017 a Jeffrey C. Hall, Michael Rosbash y Michael W. Young.

La imagen no muestra solo los ritmos circadianos (la adaptación fisiológica a las diferentes fases del día). Muestra los ritmos y un reloj. El reloj no forma parte del ritmo. Su papel en la figura es de mero contextualizador. Y el contexto que proporciona es arbitrario: pueden ser esos números u otros; podemos girarlos. Una versión de esa imagen sin los números del reloj sí habría sido una imagen del ritmo circadiano.

La imagen, además, tiene una simplificación, lógica en una nota de prensa, de la que son conscientes los fisiólogos. La Tierra gira inclinada y los días rara vez son equinoctiales, que es la impresión que da la imagen de la Fundación Nobel. La cosa puede volverse así:

 Imagen de la Tierra vista desde la Estrella Polar el día del solsticio antártico (invierno en el hemisferio ártico).

En el campo de la cronobiología es interesante identificar sincronizadores y aparecen dos opciones triviales. De una parte el sincronizador asociado a la rotación de la Tierra, con un periodo de 24h y que coincide aproximadamente con el periodo de los ritmos biológicos: es el que se trastoca con el cambio de hora estacional o con los viajes interhuso. De otra parte el sincronizador del ciclo de luz/oscuridad que, a gran escala, no coincide exactamente con el anterior por culpa de la inclinación del eje de rotación. No sé hasta qué punto se ha analizado fisiológicamente esta competencia pero sí sé que hay fisiólogos que consideran a la luz diurna como el principal sincronizador (a veces usan una palabra alemana para sincronizador: Zeitgeber). El hombre es una especie de hábitos diurnos y el amanecer es su principal disparador. El hombre también es una especie originada en el Ecuador y conforme migra hacia los polos le suceden cosas extrañas: estaciones, frío, días cortos, noches largas. ¿Cómo se adaptó a esto?

Así tenemos un sincronizador meridional (es decir, independiente de la latitud), el reloj mecánico, que tanto gusta a Arhoe pero que tan poco sabe de cuándo amanece o anochece. El otro sincronizador, el ciclo de luz/oscuridad, es la forma antigua (y natural) de referir el tiempo desde el amanecer al anochecer; divido en doce horas, con la sexta como mediodía (un saludo afectuoso a la siesta). El artículo busca las trazas de este viejo reloj natural en sociedades que viven fuertemente sincronizadas por el reloj mecánico.

Por supuesto es más cómodo tener referencias sociales horarias (tipo: se entra a trabajar a las 8am) que referencias sociales naturales (tipo: se entra a trabajar cuando amanece). Además necesitamos forzar un gran cambio de latitud para percibir un gran cambio en el sincronizador de la luz diurna y solo lo percibiremos en los solsticios. Por eso no es fácil caracterizar la competencia entre ambos sincronizadores.

Hemos perdido también la noción de disparador. Interaccionamos tan naturalmente con los relojes que si entramos a trabajar a las 8am hora de Berlín no somos conscientes de que lo que estamos diciendo es «entro a trabajar cuatro horas antes de que sea mediodía en Berlín (o cinco en Castellón)». Evidentemente nadie entra a trabajar a las 8am porque queden cinco horas para el mediodía en Castellón o cuatro en Berlín. La decisión hay que contextualizarla en el ciclo de luz/oscuridad. Para mí fue una satisfacción saber que Sandford Fleming, el diseñador de los husos horarios pero también de la hora universal, ya hubiera señalado esto.

Y todo esto, evidentemente, también tiene relación con el cambio de hora estacional que acabamos de tener. Porque ese instante siempre será cuatro horas antes del mediodía en Berlín pero será alborada, de día o muy de día dependiendo de la estación del año. Lo que cuestiona naturalmente la racionalidad de esa decisión.

El trabajo se centra en analizar estos sincronizadores y su competencia usando encuestas de empleo del tiempo. Esto es muy novedoso y es complementario de lo que se hace en fisiología. Creo que en ese campo están acostumbrados a caracterizar las preferencias espontáneas, particularmente de sueño. Realizan para ello cuestionarios específicos, algunos de los cuales se pueden rellenar por internet. Por contra yo siempre me he centrado en estudiar trabajadores porque este subgrupo de personas no eligen arbitrariamente su ciclo de vida y porque, indiciariamente, deben estar acoplados al ciclo de luz y oscuridad.

Hay una parte del trabajo científico nueva: la referida a la caracterización de las correlaciones y pendientes de ambos sincronizadores. Es algo tediosa y también creo que es algo discutible. Siempre huí de ellas: preferí encajar las actividades humanas en intervalos, contextualizándolo con los amaneceres y anocheceres invernales. Por ejemplo señalar que la mayoría de datos europeos muestran la cena a unas tres horas después del anochecer invernal. Los revisores pensaron de otra forma y pidieron correlaciones, pendientes, estadística. Oía sus voces: «esto es un artículo científico, no una entrada en Politikon». Las tuvieron. Las caractericé y quedaron muy bien en la foto: la figura 5 del texto.

El trabajo muestra semejanzas no evidentes entre el comportamiento de sociedades cuyas condiciones naturales son marcadamente distintas. A los científicos, en particular a los físicos, nos pone estupendos caracterizar semejanzas. Cosas que no cambian. Si no son evidentes nos encanta aún más. Otros prefieren señalar lo que es diferente. Y esta historia va un poco de eso: cuando amanece y cuando anochece las sociedades hacen más o menos lo mismo. Son disparadores naturales de la activación y desactivación social. Su huella se observa a lo largo del día en según qué actividades.

Pero como son contrapuestos (uno crece con la latitud y otro decrece con ella) dos cambios de tendencia aparecen a lo largo del día. Uno ocurre al mediodía y el otro por la noche. Ahí las sociedades se comportan de forma más diferente (aunque se observan semejanzas) quizá porque las condiciones luminosas son más constantes, lo que permite estrategias diferentes. Muchos centran la atención en esas diferencias.

El trabajo es global. Está escrito con esa intención. No es un trabajo sobre los hábitos españoles. De hecho algún revisor me llamó la atención con que si en España se hace tal o cual cosa: respondí que no era el objeto del trabajo caracterizar diferencias sino semejanzas. De los hábitos españoles solo puedo decir que el análisis de la asociación Arhoe es incorrecto en lo relativo al huso y a su relación con los horarios. Parte de un error que también he observado en trabajos circadianos. Desconocer que en España (y en otros países) el reloj está adelantado y hay que tener cuidado en compararlo con un reloj estándar. En algunos trabajos circadianos he visto, con algo de sorpresa, cómo se comparan preferencias de sueño en España e Italia usando horas de reloj: sin caracterizar el amenecer o el anochecer. El reloj adelantado es un problema para quienes comparan. No es un problema específico para las personas. El ejemplo español es el más claro al respecto: se puede derogar un adelanto de la hora retrasando los horarios. Solo en la imaginación de los miembros de Arhoe tenemos un problema con el huso horario. Identificar erróneamente las causas, propagar problemas ficticios y remedios milagrosos sigue siendo un lugar común.

Podría reiterar los agradecimientos que aparecen en el trabajo pero ya basta. Sí es de justicia agradecer aquí a los editores de Politikon la posibilidad que me han dado de diseminar estas ideas. Ni pertenezco a Politikon, ni conozco a nadie de Politikon, ni siquiera he tomado cervezas con nadie de Politikon, al menos conscientemente. No me habría importado. Desde el primer momento han sido muy amables conmigo.

También es de justicia agradecer los comentarios e interacciones que he tenido en este foro y, también, en la red social Twitter.