Internacional

Trump y el exceso de escándalos

7 Mar, 2018 - - @egocrata

Nadie puede decir que Donald Trump no dejara claro qué clase de político era durante la campaña electoral. Durante toda la carrera hacia la Casa Blanca, Trump fue un líder errático, indisciplinado, caótico, impredecible, grosero, maleducado y voluble. Su equipo y organización eran desordenados, sin direcciones claras, más precoupados de atizarse entre ellos y hacerle la pelota al jefe que de ser efectivos. Toda la campaña fue un ejercicio de drama continuo. El hecho que fueran capaces de ganar las elecciones fue una combinación entre una suerte prodigiosa, ayudas externas (Comey, filtraciones de e-mails de la campaña de Hillary, intervención rusa) y la triste realidad que los expertos de comunicación política profesionales, por muy bien pagados que estén, realmente no saben lo que están haciendo.

La duda, para algunos, era si Trump sería la misma persona cuando llegara a la presidencia, o si continuaría con sus viejos hábitos de siempre. Es complicado saberlo, más que nada poque  no sé si el caos de la Casa Blanca es tan pronunciado como durante la campaña o si es notablemente peor.

La mejor manera de verlo es con unos cuantos ejemplos. Todas los eventos en la lista que daré a continuación han sucedido en los últimos diez días:

  • Una actriz porno ha puesto un pleito al presidente para poder hablar en público del affaire extramatrimonial que tuvo con ella.
  • El abogado de Trump pagó $130.000 a dicha actriz porno en una transacción que el banco marcó como sospechosa para que fuera investigada.
  • Un notorio consejero del príncipe de los Emiratos Árabes Unidos conocido por sus conexiones con mafiosos rusos y gente de mal vivir está colaborando con la investigación del fiscal especial Robert Mueller sobre la campaña de Trump.
  • El principal asesor económico de la Casa Blanca, Gary Cohn, dimite al estar en desacuerdo con los aranceles sobre el acero que Trump anunció de improviso la semana pasada.
  • Una detallada crónica en NBC describe el proceso por el que Trump decidió imponer aranceles, con un montón de fuentes diciendo casi literalmente que el tipo ha perdido la cabeza. Nadie en la Casa Blanca se molestó en decir lo contrario on the record.
  • Trump ha defendido una cosa y su contraria con apenas horas entre ambas intervenciones en control de armas, inmigración o sanidad, de todos modos. El consenso es que su opinión suele variar según quien sea la última persona con la que ha hablado. La gente de su partido lo ha descrito como “negociar con una máquina de pinball“.
  • Hope Hicks, directora de comunicaciones de la Casa Blanca (29 añitos, sin experiencia política alguna antes de que le dieran el cargo aparte de ser amiga de Ivanka) dijo abiertamente en una comparecencia en el congreso que a veces miente al presidente para que no se enfade.
  • Hope Hicks, ahora ya ex-directora de comunicaciones de la Casa Blanca, dimitió al día siguiente.
  • Parte del problema es que Hope Hicks parece que convenció a John Kelly, el jefe de gabinete de la Casa Blanca, que no despidiera a Rob Porter, el secretario del gabinete (el hombre que decide qué documentos llegan al presidente), cuando este descubrió que Porter había pegado a sus dos anteriores esposas. Hicks mantenía una relación sentimental con Porter.
  • En las últimas semanas han dimitido seis altos cargos de la Casa Blanca (Cohn, Hicks, Porter, Josh Raffel, Dina Powell, Jeremy Katz). Nadie ha sido substituido; la administración está teniendo serios problemas de personal, ya que nadie parece querer ir a trabajar a la Casa Blanca.
  • El abogado de Trump está siendo investigado por Robert Muller. No por el pago a la actriz porno (eso lo investigará la SEC), sino por sus negocios blanqueando dinero ruso.
  • Jared Kushner, yerno del presidente y en teoría el tipo responsable de negociar la paz en oriente próximo, modernizar el gobierno y salvar las ballenas, pierde su autorización para acceder a información secreta ya que el FBI simplemente ha decidido que no es de fiar. El tipo llevaba un año con acceso a información privilegiada con una autorización profesional, hasta que John Kelly se puso serio.
  • Más que nada porque en otro escándalo que estalló el mismo día, resulta que hay hasta cuatro países que han intentado manipular a Kushner ofreciéndole dinero sabiendo que su empresa familiar está endeudada hasta las trancas.
  • Algo completamente plausible, porque su negocio familiar recibió préstamos millonarios de varias empresas tras reuniones de Kushner con sus responsables en la Casa Blanca.
  • Kushner sigue siendo asesor de Trump en la Casa Blanca. Su único talento conocido sigue siendo ser hijo de un millonario que acabó en la cárcel tras contratar a una prostituta para intentar seducir a su cuñado (!!!), meter la empresa familiar en horribles problemas de deuda y casarse con Ivanka.
  • Mientras tanto, Trump llamó a Anthony Scaramucci, el legendario The Mooch, para que fuera a CNN a pegarle caña a John Kelly, su jefe de gabinete.
  • Sam Numberg, un ex-asesor de la campaña de Trump, se paseó todo el lunes medio borracho por CNN y MSNBC dando entrevistas diciendo poco menos que Trump era culpable de delitos graves.
  • Una escolta rusa encarcelada en Tailandia con conexiones a un oligarca ruso que estuvo en contacto con la campaña de Trump dice tener grabaciones incriminatorias del presidente. Es más que probable que sea una locura, pero con todo lo que está pasando, ya me diréis.

Cualquiera de estas noticias bastaría, en una Casa Blanca “normal”, para garantizar una cascada de dimisiones, escándalo interminable, aullidos de la prensa y caídas en barrena de la carrera política de todos los presentes . En la era Trump, a esto le llaman “un miércoles cualquiera”.

Insisto: todo esto es de las últimos 10 días, y estoy bastante seguro que me he olvidado un buen puñado de polémicas, declararaciones incendiarias, noticias sobre la investigación de Robert Mueller y varios ejemplos de caos organizativo, mentiras obvias y salidas de tono. Hay días en que hay tres, cuatro escándalos solapándose, con los pobres presentadores en CNN y MSNBC (no en Fox, donde siguen investigando los escándalos de Hillary Clinton) pidiendo a los cielos que por favor los dejen ya en paz. Aunque la economía americana sigue yendo bien (creando empleo un poco más lentamente que en el último año de Obama, pero bien) y los republicanos acaban de aprobar una enorme bajada de impuestos, no es de extrañar que la popularidad del presidente oscile entre mala y lamentable.

Aún así, el gigantesco volumén de caos, disfunción, escándalos, chapuzas y corrupción que sale de la Casa Blanca cada día hace francamente difícil aclararse. Los medios no tienen el ancho de banda para cubrir todas las noticias; no hay suficientes horas de televisión en este mundo para cubrir cada uno de estos pollos como se merece, así que cuesta ya recordar qué clase de barrabasadas ha dicho Trump a estas alturas. Sucede un poco como los escándalos de corrupción del PP, donde ya no recuerdo quién sale de Bankia, de Gurtel, de la visita del papa a Valencia o simplemente estaba desfalcando dinero por ahí de forma independiente, lo único que a lo grande.

Paradójicamente, el nivel de caos es tal que seguramente ayudó a Trump durante la campaña, y seguramente le está ayudando ahora. En el 2016 los medios americanos dedicaron más o menos la misma cantidad de tiempo al único escándalo de Hillary Clinton (los dichosos emails), que era bastante irrelevante, que a toda la constelación de locuras y pufos en el historial de Trump. Esto seguramente dio la impresión que los múltiples problemas legales de Trump eran escándalos menores comparados con el escándalo de Clinton. Estos días el constante ruido mediático de una burrada tras otra es posible que haga que muchos votantes simplemente desconecten o acaben por interpretar las caras de pavor de los periodistas como una caza de brujas.

Lo que me temo que es innegable es que lo de esta Casa Blanca no tiene nada de normal. En absoluto.