Recientemente hemos visto una querencia muy especial por Portugal, especialmente entre algunos periodistas y comentaristas de la actualidad. No sólo por ser un país fantástico, sino especialmente por su situación política en contraste con la española. Un gobierno en minoría de Antonio Costa, del Partido Socialista, apoyado desde fuera por el Bloco de Esquerda (BE) y el Partido Comunista (CDU) que no hace más que crecer en las encuestas. El escenario soñado por algunos tras el 20 de diciembre de 2015.

Además, en términos de rendimiento económico, Portugal ya ha salido del procedimiento de déficit excesivo y ha tomado medidas como a rebajar la jornada laboral de los empleados públicos a 35 horas semanales, indexar de nuevo las pensiones al IPC, paralizar algunas privatizaciones e incrementar el salario mínimo un 10%. Aunque no es cierto que se haya expandido el sector público ni que el crecimiento esté evolucionando mejor que en España, aunque la recuperación ya empezó con el anterior gobierno, lo cierto es que ha esperanzado a algunos sectores que argumentan que es posible seguir otras políticas económicas.

No es mi ánimo entrar en esto último pero sí me gustaría es ver en qué medida la situación de acuerdo entre tres partidos de izquierdas es comparable o no con el escenario español. Ya que tenemos la mitad del tiempo a los medios nacionales hablando de los Hamon y los Corbyn, vamos a ver si se puede arrojar un poco de luz sobre lo que pasa con Antonio Costa. Al fin y al cabo, los votantes parece que lo están premiando. Y como dice Marco Lisi en este artículo de la SESP, probablemente para entender su acceso al poder hay que entender bien el nivel de polarización en país tras la intervención de la troika y la situación interna dentro de la izquierda portuguesa.

La troika en Portugal

Desde que se inaugura la democracia en Portugal, dos han sido los principales partidos del país; el Partido Socialista (PS) y el Partido Social Demócrata (PSD). Ambos han gobernado formando, cuando no tenían la mayoría necesaria, gobiernos en minoría (especialmente los socialistas) o de coalición (especialmente el PSD con la CDS-Partido Popular). La crisis de deuda de 2010 en la Eurozona cogió justamente a ambos lados de la frontera a gobiernos socialistas al frente pero, a diferencia de España en aquel momento, arrastró a Portugal a una intervención (¿innecesaria?) de la troika en abril de 2011. El gobierno en minoría de José Sócrates, sin apoyos suficientes en la Asamblea y tras perder su cuarto plan de recortes, presentó su renuncia el 23 de marzo y el Presidente de la República, Cavaco Silva, convocó elecciones para junio.

El PS se dejó en esas elecciones 8 puntos, prácticamente lo que subió el PSD de Passo Coelho y que le permitió formar un gobierno de coalición con el CDS-PP. A diferencia de Sócrates, en España las elecciones nos serían inmediatas tras los decretos de mayo de 2010. El PSOE intentaría impulsar una reforma bancaria y laboral pero arrastraría al PSOE a una caída de 15 puntos desde, eso sí, un punto mucho más alto de concentración bipartidista. Queda a la especulación lo que hubiera pasado si Zapatero hubiese adelantado elecciones en 2010.

Sin embargo, este adelanto no es el único elemento diferencial; también lo es la polarización derivada de la intervención de la troika en Portugal.  Si uno mira los programas de BE y el CDU verá que en materia económica no son muy diferentes, aunque sí en materia de Unión Europea – digamos que el primero es más como ICV y el segundo más como el PCE. Desde la llegada de la troika, ambos  mantuvieron desde el principio una posición muy dura con la austeridad aunque el BE está más a favor de reestructurar la deuda, la CDU está de salir de la Eurozona. Sin embargo, lo que defiende Marco Lisi es que lo relevante no es tanto las políticas públicas concretas como el nivel de polarización y la mayor separación entre el PSD y el PS.

Fuente: Lisi,M. (2016). U-Turn: The portuguese Radical Left from Marginality to Government Support. South European Society and Politics, 1-20.

Hasta 2012 los socialistas habían tenido una oposición suave a los paquetes de austeridad aplicados por el PSD. Su posición era la de reclamar responsabilidad hacia los compromisos internacionales tras el rescate por más que implicara subir impuestos, privatizar y recortar los sueldos públicos. Por ejemplo, el PS se abstuvo en los presupuestos de ajuste de 2012. Sin embargo, poco a poco, los socialistas fueron virando a posiciones más críticas dadas las protestas masivas en la calle. Se suele señalar la disputa sobre la propuesta de bajar contribuciones empresarios a seguridad social como el punto de viraje. El PS fue abandonando el consenso del MoU de la troika hasta que en 2013 votó contra el Presupuesto y hasta puso un recurso en el tribunal constitucional.

Resulta bien curioso ver como el PS vira a posiciones más duras sobre la materia pero en España, donde se supone que los socialistas hacían una protesta frontal contra los ajuste del PP, esto parece que no era percibido por el electorado ¿Era una cuestión de agencia, es decir, de quién lo decía? ¿El efecto de no haber adelantado las elecciones? No lo sabemos, pero esta “distancia” respecto a la austeridad del PS que el PSOE no pudo/supo mantener algo tendrá que ver con que no hayan surgido nuevos partidos en Portugal pero sí en España.

La cohesión hacia adentro

Un aspecto que no debe dejarse de lado es lo importante que es en cualquier proceso de negociación es en qué medida las políticas hacia adentro importan. Comentaba el otro día Sandra León una hipótesis muy interesante; en tiempos fragmentados e inciertos, la cohesión interna puntúa doble. Algo parecido podemos decir cuando hablamos de negociar. En ese sentido, dentro de la izquierda portuguesa las diferencias entre el Bloco y los comunistas eran patentes.

Los comunistas en Portugal siempre han tenido un mando muy cohesionado bajo el histórico Jerónimo de Sousa y un ligamen muy fuerte con el sindicato CGTP, principal impulsor de su acción en la calle. En el caso del BE la situación es bien diferente. Al fin y al cabo, sus buenos resultados en las pasadas elecciones no quita todas las turbulencias de las que venía.

En diciembre de 2011 año se salieron 200 miembros en desacuerdo con la dirección de su partido. En 2012, sufrió una escisión de una de sus corrientes internas, Ruptura. En 2013 se dió de baja el histórico fundador del partido Daniel Oliveira y su facción más moderada se salió del partido en julio de 2014 tras el mal resultado de las Europeas. Es a partir del liderazgo de Catarina Martins como portavoz de su comisión interna y la revisión de la estructura del Bloco en la IX Convención que este partido se estabiliza. Por lo tanto, viene de una situación interna complicada.

En el PS también hubo un cambio de liderazgo con la decisión de Antonio Costa (alcalde de Lisboa) de retar al líder del aparato Antonio José Seguro como candidato a Primer Ministro, el cual había sido elegido en primarias cerradas en 2013. Lo que hizo este fue avenirse a primarias abiertas para el candidato, que ganó Costa por el 64% pese a la falta de apoyo de la mayoría del grupo parlamentario y las estructuras locales del partido. Por cierto, un sistema de dos selectorados diferentes para Primer Ministro y Secretario General, lo mismo que tiene el PSOE en España. Al fin y al cabo, nada impide a otro candidato retar a Pedro Sánchez para optar a la Presidencia.

Si uno lo piensa, esta dinámica de división no es tan diferente respecto a lo que había en la izquierda española aunque con matices.

Si uno hace la equivalencia del BE como Podemos, la división era previsible pero aún no había aflorado por la vorágine electoral. En España además esta viene dada fuertemente por sus confluencias territoriales – a la espera de que las dos facciones internas se disputaran la batalla en Vistalegre II. En el BE estallaron por los malos resultados electorales en 2011, cuando tenía potencial de crecer. El 26J las hizo aflorar definitivamente en Podemos. En el PSOE, por el contrario, había un líder que no era el outsider Antonio Costa, sino uno apadrinado por el aparato y luego en pugna con él; Pedro I. Ahora las cosas son diferentes en ambos partidos pero lo interesante es ver si los incentivos para el acuerdo se pueden haber movido.

El acuerdo de izquierdas, el acuerdo de supervivencia

Durante la campaña electoral de 2015 el PS insistió en que quería encabezar un gobierno en solitario pero Antonio Costa dijo preferir, en cualquier caso, una cooperación con la izquierda que en facilitar un gobierno el PSD. En el campo de la derecha se formó una coalición pre-electoral  entre el PSD y CDS-PP bajo la marca Portugal al Frente (PàF) en un acuerdo ratificado por los líderes ambos partidos; Passos Coelho y Paulo Portas. Mientras que el BE hablaba de la idea de alianza de izquierdas como el camino deseable, la CDU se mantuvo en su tradicional beligerancia cruzada con el PS, al cual acusaba de ser parte de la troika nacional.

Las elecciones arrojaron un severo castigo al partido en el gobierno y una suave remontada del PS. El BE duplicó sus resultados y la CDU subió en mucha menor medida. Sólo cabían dos opciones; permitir un gobierno de PàF o bien formar algún tipo de entente en la izquierda, pero los socialistas eran en todo caso los diputados “medianos”. En sus manos estaba el devenir del país… Como le había de pasar al PSOE. Cavaco Silva, el presidente de la República, se empeñó en nombrar Primer Ministro a Passos Coelho. Como el sistema es semi-presidencial, el gobierno fue investido de modo automático, pero en una moción de censura tras apenas 11 días fue tumbado por la unión de los votos de la izquierda. El mismo día de su caída se publicaron los acuerdos separados entre las formaciones BE, CDU y PS.

En este caso es indudable el juego mutuo y las reticencias entre los grupos que evitaron un acuerdo conjunto. Comunistas y Bloco tienen relaciones históricamente tensas y no hay duda de que el BE se convirtió en un resorte para vencer las reticencias de la CDU. Aunque Costa les invitó a entrar en el gobierno, se negaron, pero el punto de encuentro fue satisfactorio para las partes. Costa sabía que su caída era probable si facilitaba un gobierno de la derecha y no era Primer Ministro mientras que BE quería diferenciarse por su apertura a negociar sobre políticas concretas de lucha contra la austeridad ¿Era esta la estrategia de Sánchez para mover la posición de Podemos tras el 20D? ¿Quería atraerse y Compromís e IU para usarlos de palanca?

Por supuesto, la aritmética parlamentaria era más simple en el caso de Portugal que de España – los bloques ideológicos suman y el eje territorial no existe. Pero en este caso Costa y Sánchez compartían la idea de que su supervivencia quedaba blindada si llegaban al poder (aunque ya se ha visto que se podía resucitar). Pero el caso es que mientras que el BE sí podía tener interés en asegurar la alternancia, en el caso de España el escenario era bien diferente. Para Podemos la oportunidad de ganar la hegemonía de la izquierda en una repetición electoral era demasiado suculenta dado lo cerca que, tenían la percepción, habían estado ya el 20 de diciembre.

No sabemos qué habría pasado en el caso de España de haberse producido el acuerdo pero tampoco deberían lanzarse las campanas al vuelo en Portugal. La viabilidad de este gobierno y en qué medida tiene éxito en su país aún queda por ver.

En conclusión

La intención de este repaso sobre la situación de Portugal es intentar enfriar un poco los ánimos sobre las comparativas fáciles con nuestro país. El devenir de la crisis allí ha sido mucho más agresivo, con la intervención de la troika, y ni la estructura de competición ni la polarización de su política sobre la materia es directamente comparable. Tampoco el desconcierto de la derecha buscando un liderazgo más eficaz. Ni el eje territorial, que por supuesto es importante en España.

Pese a esto, es más probable que cara al próximo ciclo vayamos a ver lógicas de cooperación distinta. Cuando la volatilidad electoral se reduzca y los equilibrios de competición se vuelvan más estables, es probable que empecemos a ver más gobiernos de coalición. Al fin y al cabo, en Portugal no surgieron nuevos partidos. Además, es muy probable que desde 2019 veamos a Ciudadanos y Podemos asumiendo carteras, la forma real de empezar a cambiar las cosas. Porque seamos honestos, de momento esta legislatura en términos de cambios de fondo, deja bastante que desear.