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25S: (muy) breve análisis postelectoral

26 Sep, 2016 - - @jorgegalindo

Los resultados de las elecciones autonómicas de anoche dejan, probablemente, los mismos Ejecutivos que se encontraron. Los parlamentos han cambiado, eso sí. ¿Pero lo suficiente como para modificar seriamente las dinámicas políticas en Galicia y en el País Vasco? ¿Y en Madrid?

Galicia

El PP ha ganado, de eso hay poca duda. Galicia pasa a ser la única Comunidad Autónoma gobernada con su mayoría absoluta. ¿Por qué ha conseguido Feijóo tan buenos resultados? Hay al menos tres hipótesis posibles, no excluyentes sino quizás complementarias:

Gestión. Lo sugería Pepe Fernández-Albertos en Twitter. Tal vez el mejor resultado de los populares gallegos, sobre todo entre los votantes centristas, se debe a que su gobierno está mejor valorado. No es para nada descartable, aunque lamentablemente no contamos con datos para corroborar la suposición.

Afiliación. El PPdG es un partido con fuerte penetración territorial (para algunos incluye una dimensión cuasi-clientelar similar a la del PSOE-Andalucía) en una comunidad particularmente envejecida y rural, un entorno que favorece al PP en general. Es natural que sea su bastión.

Falta de competencia. La actuación de C’s en Galicia es un fracaso. Se han quedado a las puertas del escaño único, sin tan siquiera conseguirlo. La ausencia de una alternativa sólida para el centro y el centro-derecha favorece naturalmente al PP, habida cuenta de que el PSdeG no se encuentra en su mejor momento, precisamente.

Por el otro lado, el sorpasso tuvo lugar… pero sólo a medias. En Marea sacó más votos y los mismos escaños que los socialistas, no cumpliendo del todo con las expectativas que existían en torno a una plataforma aún joven, cuya implantación territorial y capacidad de poner a funcionar una maquinaria electoral no está a la altura del histórico BNG. Eso se ha notado en los resultados de este último, por encima de lo esperado. Queda, pues, una izquierda gallega que probablemente se entretendrá en luchar internamente (tanto en el eje ideológico como en el nacional) por ver quién es el líder legítimo de la oposición. Es natural, por desgracia para ellos: mientras no haya un vencedor y un vencido claro en el plano electoral, todos los movimientos van a tener en cuenta los próximos comicios, por lejanos que éstos se encuentren. Esto, más su mayoría absoluta y la ausencia de nubes en el horizonte económico, le deja al PPdG vía libre para llevar adelante un programa de gobierno cómodo.

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País Vasco

Si el PSE quiere, el PNV podrá sumar cómodamente su victoria a los escaños de los socialistas para gobernar. De nuevo, Fernández-Albertos sugería (acertadamente, a mi entender) que la buena valoración de su gestión ayudó a sus resultados electorales. A ello es importante sumar, creo, la enorme habilidad de los nacionalistas de serlo y no serlo al mismo tiempo. El PNV siempre ha sido un partido de dos caras, dogmática y pragmática, mostrando una u otra indistintamente en función del momento. Mientras pueda mantener ese equilibrio, será difícil batirle en el centro vasco.

Podemos, por su lado, ha logrado el sorpasso pero sin cumplir objetivos. Posiblemente éstos se pusieron demasiado arriba, interna y externamente, al tomar como referencia los excelentes resultados que obtuvo en las generales. No sabemos a ciencia cierta qué parte de la diferencia se debe a voto dual y cuál es castigo o pérdida completa, pero a mi modo de ver es más probable que el primer factor tenga más peso, sobre todo a tenor de las ganancias de Bildu.

El PP, por su parte, se mantiene en niveles que le permiten hacer una oposición cómodamente irrelevante desde la derecha, no dejando a C’s espacio.

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Madrid

¿Tiene todo lo anterior alguna implicación decisiva en Madrid? Es poco probable. Como la caída del PSOE ha estado ligeramente por debajo de lo esperado, el repunte del ataque interno contra Sánchez no puede adquirir una mayor escala de la que ya todo el mundo (incluido el núcleo de Ferraz) anticipaba. Habrá guerra, habrá llantos y habrá titulares de fracaso. Pero todo estaba escrito de antemano.

En el PP nada se ha salido del guión. Feijóo sale reforzado, pero es que ya era un hombre fuerte (casi el único fuera de la capital) en el partido: nadie ponía una mayoría como la suya sobre la mesa antes, y nadie la pone ahora. Tampoco con el PNV, que solo necesita cerrar un acuerdo cómodo con el PSE sin necesidad de introducir la variable del bloqueo estatal en ningún momento.

Por último, Podemos y sus compañeros de viaje confirman que la estrategia de atacar en el frente del autogobierno no es mala idea. Pero al mismo tiempo observan desde Madrid que el equilibrio interno de fuerzas (pues la plataforma sufre de dolores centro-periferia, como cualquier otra iniciativa estatal en este país, particularmente las de izquierda) no se resuelve claramente de ningún lado. Tras el envite de En Marea a Podemos, que éste tragó, los resultados no han sido apabullantes, aunque sí sean buenos. En Euskadi, una candidatura no exenta de polémica y guerra previa ha batido a uno de los dos rivales que tenía ante sí, quedándose bien lejos de los nacionalistas. En un entorno fragmentado, nadie, ni siquiera los vencedores, pueden contar con un espacio satisfactoriamente amplio. Todo son estrecheces.