Internacional

Primary Colors (XVIII): New Hampshire y la moderación

10 Feb, 2016 - - @egocrata

Otra semana, otro resultado de primarias – esta vez, New Hampshire. Ayer hablaba sobre la importancia de las expectativas para dirimir quién salía ganando y quién salía perdiendo en unas elecciones tan poco representativas como estas. Hoy, al menos en el lado republicano, vemos como las algaradas de los últimos días de campaña han acabado por sí ser importantes en estas primarias.

El previsible resultado demócrata

Desde finales de agosto Bernie Sanders había liderado las encuestas en New Hampshire de forma casi ininterrumpida. Aparte de un par de semanas en noviembre tras su comparecencia en Congreso sobre Benghazi, el senador del vecino Vermont andaba por delante con márgenes cómodos, hasta rondar casi los 20 puntos a mediados de enero. Llegó el día de las primarias, y Bernie ganó por 20 puntos de diferencia.

Es decir, el resultado esperado. Como comentaba ayer, hay evidencia que sugiere que los candidatos presidenciales reciben una cantidad considerable de votos adicionales si vienen de un estado cercano. En primarias anteriores, New Hampshire ha premiado a candidatos de estados de Nueva Inglaterra desproporcionadamente (Dukakis, Tsongas, Kerry, Romney, Kennedy, Cabot), así que la victoria de Sanders no ha sido algo inexplicable. El margen ha sido algo mayor de lo esperado, en gran parte por la enorme cantidad de votantes independientes que han participado en la primaria demócrata (un 41%), con Sanders arrasando 72/27 en este grupo.

¿Quiere decir esto que Hillary Clinton tiene un problema grave y que su candidatura corre peligro? Miremos el calendario. La próxima votación es el 20 de febrero en Nevada (caucus) un lugar que para la desesperación de todos los analistas apenas ha sido objeto de sondeos. Es un estado, sin embargo, con una enorme minoría latina (27%) y un porcentaje de estudiantes y hipsters reducido. Todo parece indicar que favorece a Clinton, y probablemente ganará por 10-15 puntos. Tras Nevada va Carolina del Sur el 27 de febrero, un estado con un amplio voto afroamericano, sureño y que probablemente será algo más reacio a abrazar el socialismo. Me sorprendería si Clinton gana por menos de 20 puntos ahí.

Llegamos a marzo, y la cosa se acelera. El primero de mes los demócratas votan en Alabama (como Carolina del Sur, pero más sureño), Arkansas (de donde vienen los Clinton), Colorado (probablemente parejo, o pro-Sanders), Georgia (sur profundo), Massachusetts (Sanders), Minnesota (ligeramente Sanders), Oklahoma (no abrazarán el socialismo), Tennesse (sureño), Texas (Mordor),  Vermont (Sanders) y Virginia (sureño suave, Clinton).

Para Bernie, es un calendario atroz. A no ser que haya una sorpresa en Nevada se va a comer dos derrotas, y el supermartes se enfrenta a una legión de estados enormes que creen que Vermont es la Unión Soviética con mejor queso. Si sobrevive será un milagro.

El problema además es que después del supermartes en marzo Sanders  sólo tiene terreno favorable en Michigan, Maine y Washington. El resto del mes es todo Hillary. Los estados favorables a Sanders (Nueva York, California, Oregon, Wisconsin, Connecticut) están todos pasado el uno de abril, cuando seguramente tendrá la nominación perdida.

Los periodistas se están emocionando mucho, pero cualquier cosa que no sea un milagro en Nevada o el supermartes le da la victoria a Clinton. El sur, irónicamente, decidirá el candidato del partido que nunca gana en la región.

Trump Über Alles

Donde sí que hay diversión de sobras es en lado republicano. Donald Trump ha ganado, y lo ha hecho a lo grande, con un 35% del voto y arrasando en todos los grupos demográficos. Su resultado dobla el de John Kasich, inesperado segundo clasificado y ganador rotundo de la mini-primaria del establishment. Tercero, para sorpresa de muchos, ha sido Ted Cruz, que a pesar de su mala semana y de estar en un estado que le iba fatal (Nueva Inglaterra no acostumbra a apreciar a los candidatos religiosos) ha sacado un 11,5% del voto.

Lo divertido es lo que viene después. Jeb Bush, tras gastarse 36 millones de dólares en publicidad en un estado de 1,3 millones de habitantes ha quedado cuarto, con menos de 30.000 votos. Marco Rubio, el niño bonito del partido y candidato de moda tras su espectacular tercer puesto (ya sé que decir esto no tiene mucho sentido) ha quedado quinto tras su espantoso debate del sábado. Chris Christie, el que fuera su verdugo en el debate, ha quedado sexto, poco menos que abandonando la campaña tras vivir en New Hampshire varios meses y no sacar un mísero delegado. Su única contribución en estas primarias ha sido acabar con la campaña presidencial del único candidato que temían los demócratas.

En el furgón de cola, ni Carly Fiorina (4% del voto) ni Ben Carson (2%) parecen haber entendido el mensaje y de momento siguen en campaña. Supongo que para vender libros.

Del mismo modo que la tiranía del calendario da una enorme ventaja a Hillary durante las próximas semanas, la complicada geometría del GOP hace que el resultado sea algo más incierto. Los republicanos empiezan el sábado 20 con primarias en Carolina del Sur (sí, los dos partidos tienen calendarios distintos) un estado que seguramente es terreno hostil para los candidatos del establishment. Será una batalla entre Cruz y Trump, con el segundo seguramente saliendo ganador. Nevada (23/2), como todos los estados del oeste, tiene republicanos más moderados, así que la campaña será más abierta.

La duda, otra vez, será si habrá alguien que pueda concentrar ese voto, y hacer que tengamos una carrera a tres. Ahora mismo sobreviven tres moderados medio viables, Bush (inexplicablemente), Kasich y Rubio.  Jeb es Jeb, un tipo que huele a élite privilegiada a dos millas de distancia, y realmente no es un político demasiado bueno (please clap). Rubio viene de un tercer y un quinto puesto, con pifia monumental en debate incluida, y no parece que nadie tenga mucha fe en que esté listo para ganar a Trump.

Queda Kasich, un tipo conservador aunque bastante razonable que sí que sería viable en unas generales. Su problema es que no es especialmente carismático (es más bien un poco friki) y que en el ambiente enfurecido de las primarias del GOP, quizás simplemente no hay suficientes moderados para darle la victoria – y más cuando Trump ha ganado en ese grupo tanto en Iowa como New Hampshire.

Traducido, creo que el GOP va a llegar al supermartes con dos candidatos con cierta base sólida (Trump, como populista, y Cruz, como evangélico) y o bien con un moderado con dudas o bien con Kasich, un tipo razonable que no ha recaudado demasiado dinero hasta ahora. En New Hampshire, Kasich ha ganado a base de meterle horas, casi vivir en el estado (en Ohio, donde es gobernador, apenas lo han visto este último año) y dar cientos de town halls. Esto lo puedes hacer por cuatro duros en un estado pequeñito en Nueva Inglaterra, pero no en una docena de gigantes sureños donde además tu mensaje funciona peor que el de los otros dos candidatos.

Esto que voy a decir ahora va a sonar aterrador, pero parece que lo que sucederá lo siguiente: Trump va a ganar las primarias. Su mensaje es lo suficiente agresivo para ser competitivo o ganar en el sur y oeste, mientras que Ted Cruz tiene problemas en el norte del país. Si  el establishment no llega tiempo para consolidarse y crear un cortafuegos en los estados con votantes moderados (y no lo hará), Donald Trump tiene ahora mismo un camino claro para conseguir la nominación.

La verdad, ojalá me equivoque. Como he dicho en repetidas ocasiones, Trump me parece un cretino irresponsable y peligroso, que aunque probablemente pierda las elecciones tras demoler toda la estructura ideológica del partido republicano, no me gustaría tenerlo ni siquiera remotamente cerca del despacho oval.Una recesión económica inesperada, dos malos debates de Hillary o un escándalo salido de la nada y tenemos un egomaníaco que apela a los más bajos instintos de la derecha americana con el maletín nuclear. Improbable, lo sé. Pero entre Ted Cruz (que es muy, muy conservador, pero es indudablemente brillante) y Donald Trump, me quedo con el primero. Será un ideólogo, pero no está chiflado.

Sí, soy perfectamente consciente que es muy aventurado sacar una predicción sobre las primarias basándome en los resultados de un sitio tan extraño como New Hampshire. Como ya os dije que el candidato republicano iba a ser Scott Walker, tampoco importa ya demasiado.

El fracaso de las élites:

Una nota final sobre el soberbio fracaso de las élites republicanas para consolidar el voto moderado en un solo candidato para detener a Trump. La suma de Christie, Bush, Rubio y Kasich bastaba para ganar hoy en New Hampshire, pero nadie se ha bajado del burro hasta ahora. El motivo, irónicamente, es Citizen´s United, la sentencia del Supremo que abrió la puerta a donaciones privadas casi ilimitadas a traves de superPACs.

Tradicionalmente, el establishment tenía una estrategia bastante sencilla para echar a candidatos de unas primarias: cortar el grifo de la financiación. Dado que las donaciones estaban limitadas a unos pocos miles de dólares, un candidato presidencial medio necesitaba tener acceso a las redes de donantes del partido, a la infraestructura de donantes de la RNC. Cuando las élites decidían concentrar su apoyo en un tipo, el resto de candidatos rápidamente se daban cuenta que nadie quería trabajar con ellos, se quedaban sin dinero y se veían forzados a abandonar.

En la era de las SuperPACs, sin embargo, eso es cosa del pasado. Ahora basta con tener un grupo reducido de amiguetes ricos para recaudar cantidades obscenas de dinero. Se acabó esto de necesitar profesionales del partido para alcanzar a decenas de miles de donantes. Un candidato puede durar casi eternamente siempre que consiga convencer a algún millonario para que le siga el juego. El partido ya no tiene poder para coordinar las estrategias (léase, echar) de candidatos individuales; ahora el centro de la gravedad de las campañas está fuera de las viejas élites. Citizen´s United, el viejo sueño de las élites republicanas para reforzar el poder electoral del partido, ha acabado por demoler su autoridad sobre este.