política exterior

Guía de batalla: Las elecciones federales de Canadá

18 Oct, 2015 - - @kanciller

Canadá es un país fascinante por muchas razones y, entre ellas, se encuentra las políticas. Al fin y al cabo, en cuestiones de encaje territorial en Estados multinacionales tienen un doctorado cum laude. Pues bien,  este estado de casi 10 millones de kilómetros cuadrados de superficie y apenas 35 millones de habitantes afronta mañana unas de las elecciones federales más interesantes de su historia reciente. Stephen Harper, el primer ministro conservador, intenta revalidar su mayoría en el parlamento de Ottawa pero todo indica que el escenario final estará muy abierto. Esa incógnita se despejará en breve, pero merece la pena hacer un breve repaso sobre algunas cuestiones de esta elección para no perderse demasiado cuando llegue el recuento.

La tortura de Duverger

Canadá es un sistema parlamentario bicameral en el que básicamente todo el poder lo tiene la Cámara de los Comunes. La Reina Isabel II es la jefa de Estado, si bien quién ejerce como sustituto en el país es el Gobernador General  (el actual es David Johnston). Esta figura es designada por el Primer Ministro y realiza, básicamente, funciones simbólicas ligadas a la representación del país – por cierto, se desenvuelve perfectamente en inglés y francés, ambas lenguas co-oficiales a nivel federal.

El sistema electoral canadiense es un modelo mayoritario first-past-the-post, tal como ocurre en la mayoría de los países de la Commonwealth. Esto implica, como es conocido, que haya distritos unipersonales y que el representante elegido sea aquel que obtiene la mayoría simple de los votos. Este sistema se reproduce en todas las Provincias – equivalentes a los Estados de EEUU-, aunque no han faltado intentos para cambiarlos (véase British Columbia u Ontario). En la actualidad hay 338 distritos para las elecciones federales. Además, a diferencia  de sus vecinos del sur, tienen un sistema con una comisión independiente que cada década revisa el censo y el trazado para evitar problemas de gerrymandering o de desviación de la población.

canada2011

Como buen sistema electoral mayoritario, hace que las elecciones se decidan en los pocos distritos que pueden cambiar de manos, los swing districts. Es decir, el peaje por la famosa cercanía con el diputado es que la mitad de ellos son bastiones seguros de algún partido y el voto tiene un impacto limitado. Además, genera los conocidos incentivos al comportamiento estratégico de partidos – que no gastan donde no hay opciones – y votantes – que hacen el conocido popularmente como “vóto útil”. Estas elecciones al cuadragésimo segundo parlamento se decidirá en los 128 distritos que pueden cambiar de partido. Esto ha llevado a una curiosa iniciativa para coordinar el voto a partidos progresistas… por internet.

Normalmente se ha considerado a Canadá como un caso desviado respecto a las expectativas de la Ley de Duverger. Se suponía que este tipo de sistemas electorales deberían facilitar que hubiera sistemas bipartidistas, pero jamás ha sido el caso – al menos ha habido cuatro grandes partidos, Liberales, Conservador Progresista, el Bloque Québécois y el New Democratic Party. La razón básica es que Duverger se cumple, en esencia, al nivel del distrito y en Quebec la pareja de baile siempre ha sido el Bloque porque existe otro cleavage de competición. Al menos hasta recientemente.

Un sistema de partidos que parece el Dragon Khan

Desde finales de los años 90 no hay nada que le guste más a los canadienses que volar por los aires a sus partidos federales – sin mayores trastornos, por otra parte. Es imposible hacer una revisión de todos los cambios de los últimos tiempos; la desaparición de los Conservadores Progresistas y la emergencia del Partido Conservador (con el Partido reformista y la Alianza por Canadá en medio); que el Bloque Quebecois llegara a ser primer partido de la oposición en 1993 o el colapso de los liberales en 2011 y el sorpasso del NDP. Sin embargo, una característica muy propia de ese país es la desconexión de sus partidos entre niveles de gobierno. Es decir, que aunque compartan nombre y puedan coordinares, las organizaciones a nivel de provincia y federal son autónomas. Cómo será la cosa que los liberales son la izquierda en el nivel federal pero son la derecha en Quebec.

Desde 2006 el Partido Conservador está en el poder y el actual primer ministro, Harper, ha batido a sus rivales en tres elecciones federales. Sin embargo, tanto en 2006 como en 2008 ha estado gobernando en minoría. Esta última legislatura fue la más turbulenta y acabó tras una moción de censura en el Parlamento, aunque los votantes recompensaron a los conservadores con una mayoría absoluta. El segundo partido en liza y que podría ganar las elecciones es el Partido Liberal, que ha gobernado el país la mayor parte del tiempo. Tras el la debacle de este partido en 2011 con Michael Ignatieff al frente – en serio, que escriba libros y no vuelva a la política – ahora está liderado por Justin Trudeau, el hijo del ex Primer Ministro. Este partido ha ido perdiendo apoyos desde tiempos de Paul Martin hasta acabar tercera fuerza, pero ahora podría ganar. Prueba de que los canadienses cambian rápido de opinión.

El tercer partido en liza es el New Democratic Party, un partido fundado en 1961 y que se parece más a la socialdemocracia europea. Su éxito más importante fue ganar la provincia de Alberta, aunque ahora también gobiernan en Manitoba. Su histórico líder Jack Layton llevó a este partido a ser el primero de la oposición con 103 escaños y reduciendo a los liberales a la marginalidad. La histórica elección fue en mayo de 2011 pero apenas dos meses después falleció, con lo que fue reemplazado al frente del partido por Thomas Mulclair, elegido en un complejo proceso de primarias internas. Por último, los cuartos más importantes en liza es el Bloque Québécois, los nacionalistas quebequeses. Este partido también fue pagano de la arrolladora subida el NDP, que hizo que los distritos de Quebec se pasaran masivamente a ese partido, quitándole 43 de sus 47 escaños. Guilles Duceppe, que perdió su distrito esa elección y sigue de líder del partido desde 1997, volverá a probar suerte con sus electores de Laurier-Sainte-Marie.

Las elecciones federales, una cambiante pelea a tres

Las encuestas han mostrado un panorama cambiante para la próxima elección federal canadiense. Hasta prácticamente enero de 2013 los sondeos daban en cabeza al NDP pero durante los años siguientes fueron perdiendo fuerza hasta una situación de triple empate. Tras esta situación, los Conservadores volvieron a ponerse marginalmente en cabeza y ahora mismo, mientras el NDP se desfonda hasta la tercera posición lejos de sus rivales, los Liberales podrían ganar la elección.

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Gráfica por Wikipedia.

¿Por qué esta caída del NDP? Lo cierto es que más o menos hay acuerdo en que el punto de inflexión lo marca un debate en Quebec sobre la prohibición del niqab durante las ceremonias ciudadanas. Sin embargo, lo cierto es que el incremento de las campañas negativas de los conservadores contra Trudeau y el buen desempeño de este en los debates han tendido a polarizar de nuevo en torno a los partidos clásicos. Esto parece haber hecho que el NDP pasara a ser considerado como un potencial socio menor de los liberales y no como un partido que opte realmente al gobierno. Ahora, pese que el voto para echar a los conservadores se esté volviendo a concentrar en el tradicional partido liberal, el NDP mantiene seguros sus escaños en Quebec, lo que deja al Bloque frente a un panorama poco halagüeño.

De acuerdo con estos sondeos el resultado más factible sería un gobierno en minoría o incluso uno de coalición de los liberales y el NDP. Este resultado acabaría con la larga hegemonía conservadora en Canadá y, como está pasando en tantos países, abriría un panorama de gobernabilidad más complejo e interesante. Nada que allí no se conozca. Sin embargo, en esta situación tan volátil, con un sistema electoral mayoritario y con una fragmentación importante en los distritos clave hay que estar alerta con las encuestas. Después de todo, se da exactamente el mismo cóctel que generó el desastre de las encuestas inglesas. Y ojo al dato, que si a algo están acostumbrados los canadienses es a cambiar de partidos en serio. Qué gran país.