Política

D’Hondt se ha comido mis escaños

23 Oct, 2012 - - @kanciller

En la larga tertulia del pasado domingo hablamos los resultados electorales de Euskadi y Galicia con unos invitados de lujo (aquí para escuchar la maratoniana sesión, aquí Lluis Orriols presenta algunas conclusiones). Sin embargo hoy me voy a aferrar a un hilo colateral de las convocatorias; los lloros por parte de algunos partidos políticos diciendo (otra vez) que han sido maltratados por la injusta Ley electoral. Esta es una cuestión que aflora tras cada convocatoria: “Si hubiera un distrito único habríamos sacado tantos escaños”, “Si tuviéramos listas abiertas en un distrito multinominal hubiéramos sacado tanto otro”, “Si la Estrella de la Muerte no hubiera destruido Alderaan tendríamos un voto más en el Senado” y así. Y el ruido en estas elecciones no es ni la mitad del que hubo tras las Generales, cuando lo que más corrió por Internet fue una simulación de un distrito único en toda España. En serio, ya basta.

Miremos un puñado de cálculos sobre las elecciones del País Vasco y de Galicia. Sobre el caso de Euskadi señalar tres cosas rápidas. Primero, que el umbral efectivo de entrada en el parlamento de Vitoria es realmente bajo (3% en todas las provincias) y que el índice de desproporcionalidad de Loosmore y Hanby apenas arroja un 2.2 de media. Es decir, que entrar en la cámara es realmente fácil. Ahora bien, y este es el punto clave, el sesgo del sistema electoral vasco es de pro-rateo; los votos de todos los territorios no cuestan lo mismo. La decisión de asignar 25 escaños fijos a cada provincia hace que en aquellas en las que haya menos población conseguir representante salga más barato: En Vizcaya hay un diputado autonómico por cada 46.209 habitantes, en Guipuzcoa 28.384 y en Álava apenas 12.769. Este es el sesgo presente en Euskadi, el mismo que ha hecho que apenas 5.435 votos hayan dado un escaño a UPyD. No he leído a fondo el programa de este partido pero me pregunto (sin malicia) si proponen una reforma electoral aquí al igual que en otras comunidades autónomas o a nivel estatal. Desde luego les perjudicaría y mucho.

Saltando a las otras elecciones autonómicas, en el caso de las gallegas los umbrales de entrada son un poco más altos pese a variar por provincias (no la barrera legal del 5%, vease comentarios). Por ejemplo, en A Coruña y Pontevedra es sobre el 3% pero en Lugo es del 4,8% y en Ourense del 5,1%. Mucho más específico de esta elección es la la desproporción en las primas que han obtenido los dos primeros partidos por el efecto de la fórmula electoral, muy superior al de las anteriores convocatorias. He calculado la desviación en porcentaje de escaños/votos  para cada uno de los partidos  desde 1993 (aproximadas, recordad que va por provincias) y no se las puede considerar excesivas. De manera regular la fórmula D’Hondt ha beneficiado a los dos principales partidos: al Partido Popular en torno a un +2 y al Partido Socialista en torno a un +1. En el caso del BNG, este partido ha oscilado entre tener justo lo que le corresponde en relación escaños/ votos y un -1. Todo ha cambiado en estas últimas elecciones, en las que la prima para el Partido Popular se dispara a un +8 y la del PSOE a un +3 mientras que la del BNG cae a un -3 y AGE a un -4.

¿Por qué ha ocurrido esto? Pues principalmente por dos razones a) la enorme distancia del Partido Popular respecto al resto de sus competidores, la cual le ha dado restos mayores en al distribución de escaños y b) la división del galleguismo político, que ha hecho que se les haya escapado la posibilidad de ser la segunda fuerza en A Coruña y Pontevedra. Si estas dos condiciones no se hubieran dado la prima de la Ley D’Hondt hubiera sido mucho menor, más o menos sobre la media. Pero el objetivo de mi reflexión ni siquiera es entrar en la consideración normativa sobre si es deseable que los dos primeros partidos, que serán los que formen coaliciones alternativas, tengan una “recompensa” en términos de escaños. Da exactamente lo mismo un posible trade-off en esta cuestión (representatividad – gobernabilidad) porque con el debate del sistema se busca enmascarar otra cosa. Si se saca de manera interesada el tema de la ley electoral es porque de lo que no se quiere hablar es de la asunción de responsabilidades políticas.

Una minoría se caracteriza por ser numérica; simplemente es tal porque recibe menos votos que otras opciones y la realidad de las urnas es bastante incontestable. Sí, uno puede seguir diciendo que el partido más votado es el de la abstención y que toda ella representa respaldo a mis propias ideas (lo de la abstención activa es supremo). Sí, uno puedo haber votado a una minoría y decir que si hubiera aplicado el sistema de Sainte-Laguë ahora tendría 5 escaños en vez de 3 o 10 en lugar de 7. Fabuloso ¿Y qué? Luego nos encontramos con una dura y cruda realidad institucional y es que los que suman mayoría gobiernan.  Las leyes electorales se encargan de la traducción de los votos en escaños y eso tiene mucha importancia, claro. Pero es que antes de hacer la traducción hace falta tener materia prima, hace falta tener votos.

Desde mi punto de vista refugiarse en la pataleta infantil no es un enfoque demasiado constructivo. Primero, porque hay mucho cínico que se apunta al carro. Que alguien diga que un partido no está legitimado para gobernar porque no le vota la mayoría del censo es indicativo… No sacaría ese argumento si gobernaran los suyos porque la democracia está bien pero solo cuando gano yo. Y segundo, porque el mal artesano siempre echa la culpa a sus herramientas. Con exactamente la misma ley electoral en Galicia se formó un bipartito PSdG-BNG que desalojó a los populares de la Xunta. Con la misma Ley Electoral en España la Izquierda Unida de Julio Anguita llegó a los 21 diputados, muy lejos de los 10 que tienen ahora. ¿Es (toda la) culpa de la Ley Electoral? ¿Verdad que las leyes electorales de Andalucía no están tan mal ahora que se gobierna? Ya vale de echar balones fuera.

Cuando un partido minoritario es tal, cuando uno saca un 5-10% de los votos, es mucho más provechoso que piense cómo dejar de serlo. Las minorías tienen que estar representadas (y de manera proporcional y justa, claro) pero ello no puede hurtarles hacer una reflexión de calado. Por ejemplo, muchos partidos deberían pensar bien cómo es posible que hoy en día, con un PSOE tan mutilado a la izquierda, no sean capaces de meter mucho más cucharada entre sus electores. Y en aquellos sitios donde esto sí que ocurre (incluso con posibles sorpassos), por qué sí que lo consiguen. Si lo que va a hacer un partido minoritario cada vez que han pasado unas elecciones es quejarse porque D’Hondt se ha comido sus escaños en lugar de preguntarse qué está haciendo mal para tener en frente una macro-mayoría del color opuesto, la cosa  da que pensar. Sí, es cierto, el sistema electoral les ha robado tres escaños pero eso no quita para que estén dónde se merecen, en la irrelevancia parlamentaria.