Dibujando un esquema para entender el gasto, los impuestos y la redistribución

Hace un ratín sugería José Rodriguez en twitter que una forma socialdemócrata de financiar la sanidad sería con un impuesto sobre los alimentos altos en grasas. Si José hubiera dicho “eficiente” probablemente no se me habría ocurrido escribir este post, pero al decir “socialdemócrata” lo primero que me ha venido a la cabeza es ¿cuáles sería los efectos redistributivos de un impuesto de este tipo?

Para pensar en como redistribuye un impuesto, lo primero que hago es olvidarme de que estoy hablando de un impuesto y pensar en un problema mucho más general que es ¿como damos dinero a la gente que lo necesita?. Vamos a suponer que somos capaz de definir perfectamente esas necesidades pero, como suele ser bastante habitual, no somos capaces de observar esas necesidades en cada caso. Este problema no es ilusorio. Por ejemplo, podemos querer atender en el hospital a la gente que se ha puesto mala por accidente, pero no por haber llevado un modo de vida poco saludable; podemos querer dar un subsidio de desempleo a la gente que realmente está buscando empleo, etc, pero no poder observar esas condiciones o, de forma más general, gastar dinero en la gente pobre pero no saber quién es, realmente, pobre

Pues bien, hay un artículito de Akerlof precioso para pensar en esto que de paso me va a ayudar a explicar un poco de diseño de mecanismos aplicado a las políticas redistributivas de forma accesible. Suponed que tenemos una población dividida en dos partes: rubios y morenos. Si se cumplen las tres siguientes condiciones:

  1. Todos los rubios necesitan el dinero
  2. Solo los rubios necesitan el dinero
  3. No hay tecnología para convertirse en rubio

entonces un impuesto sobre la gente morena que se redistribuya a los rubios sería una forma perfecta de redistribuir. Este esquemita de condiciones es una buena forma de pensar en una política de gasto o imposición porque, en la medida en que nos estemos desviando de esas tres condiciones, a la hora de elegir un impuesto o un sistema de gasto, vamos a estar distorsionando el comportamiento artificialmente o gastando mal el dinero. Si, por ejemplo, todos los rubios no son pobres, entonces estaremos dando dinero a gente que no es pobre; si una parte de morenos es pobre, entonces le estaremos quitando dinero a gente que lo necesita mientras que no les damos nada; si hay una forma de teñirse de rubio a un coste suficientemente bajo, entonces los morenos evitarán el impuesto tiñéndose de rubio.

Lo interesante a la hora de redistribuir es por tanto encontrar rasgos o combinaciones de rasgos que cumplan o se acerquen lo más posible a esas tres condiciones. Esto es interesante tanto a la hora de diseñar políticas de gasto como de imposición.  Os pongo un par de ejemplos.

El caso más claro son las políticas de discriminación positiva frente a determinados colectivos si ser negro, mujer, huerfanito o extranjero es un signo identificable de necesitar dinero, dar (o gastar) dinero directamente a esos colectivos puede ser algo eficaz porque en principio nadie elige pertenecer a esos colectivos.

Suponed un medicamento que tiene que consumirse en cantidades fijas, por ejemplo, la insulina para los diabéticos. Si consideramos que el hecho de ser diabético es suficiente para determinar que uno necesite dinero según nuestros estándares éticos, entonces una forma de dar dinero a los diabéticos es subvencionando el consumo de insulina. La clave es que la cantidad que se consume es fija y la “elasticidad precio” es nula (condición 3) y consideramos que ser diabético es suficiente para determinar si uno necesita dinero (condición 1). La condición 2 la obviamos porque no estamos suponiendo que es la única forma de distribuir que vamos a usar.

Si esto no fuera el caso, por ejemplo, si la cantidad consumida variara con el precio estaríamos probablemente produciendo distorsiones: gente que no necesita el dinero se estaría beneficiando de la subvención y se consumiría más de lo que realmente necesita.

Otro ejemplo son los impuestos sobre la renta. La idea básica detrás del impuesto sobre la renta es que a) La renta es un buen indicador de la riqueza b) La gente no deja de ganar dinero cuando le pones un impuesto. Este último aspecto es lo que llamamos la “elasticidad de la renta imponible”.

Sin irnos al caso extremo de un cacharro con elasticidad nula, este tipo de argumento plantea una argumento limitado a favor de subvencionar determinados bienes con fines redistributivos si es imposible encontrar una alternativa que distorsione menos. Concretamente si hay bienes cuyo consumo varía poco con su precio (tienen poca elasticidad) pero que solo consume la gente con poca renta (son muy negativamente elásticos respecto de la renta), subvencionar esos bienes puede ser una buena idea.

Ahora vamos a volver a la idea de José. Naturalmente, entiendo que José -esto es solo una excusa para invitar a la gente a pensar de forma análitica- no basaaba su argumento en lo redistributiva que era la política, sino en la necesidad de gravar un comportamiento de forma eficiente. La idea detrás de este razonamiento es básicamente correcta: si uno aumenta su riesgo de ponerse enfermo con un estilo de vida poco saludable y ese coste no es soportado por uno sino por la sanidad pública, entonces es razonable que para que la gente consuma una cantidad óptima (es decir, consuma la misma que si no tuviera sanidad gratuita) de alimentos no saludables, se le haga soportar ese coste. En ese sentido, desde el punto de vista de la eficiencia económica, el razonamiento es básicamente impecable. 

Pero como decía, la idea es que el mecanismo es específicamente socialdemócrata, así que si suponemos que lo específicamente socialdemócrata es una mayor aversión a la desigualdad, lo que me interesa es saber qué tipo de efectos redistributivos tendría.  El efecto redistributivo de poner un impuesto sobre los alimentos altos en grasas sería perfectamente redistributivo (en términos de riqueza) si:

  1. Toda la gente que va a los hospitales públicos es pobre / toda la gente que come alimentos altos en grasas es rica
  2. Solo la gente que va a los hospitales públicos es pobre / solo la gente que come alimentos altos en grasas es rica
  3. El consumo de sanidad y de alimentos altos en grasas varía poco con su coste.

Un primer comentario sobre esto es que se trata de una cuestión esencialmente empírica y técnica, algo que la mayor parte del tiempo se ignora en los debates sobre impuestos y políticas de gasto. Pero la parte interesante es que mi prejuicio (no sé si el vuestro también) es que probablemente la gente que come alimentos menos saludables es, probablemente, la gente más pobre (los alimentos saludables son más caros). En la práctica, si esto fuera cierto, es posible que si proporcionalmente hay más gente pobre que rica que comer alimentos poco saludables en mayor medida de lo que van a los hospitales, el esquema tenga un efecto regresivo.

Esto ilumina otro aspecto muy importante a la hora de diseñar un impuesto. La mayor parte de las veces hay un tradeoff entre redistribución y eficiencia, aunque a la hora de elegir entre esquemas equivalentemente redistributivos, siempre se puede elegir el más eficiente de los dos. Esto es así a menudo porque lo que la teoría de la imposición óptima nos aconseja por el lado de la eficiencia es gravar los bienes menos elásticos (cuyo consumo varía menos con el precio) porque eso distorsiona poco el consumo; pero esos bienes son, muy frecuentemente, consumidos por la gente más pobre, teniendo un efecto regresivo.

Personalmente, creo que el efecto redistributivo sería regresivo y pequeño (pero esto es solo un prejuicio bastante desinformado). Mi principal objección a un impuesto de este tipo estaría relacionada con la implantación y los efecto de umbral a la hora de definir qué es alto en grasas. Sin embargo, como decía al principio, la idea de este post no es hablar de un problema concreto del que sé relativamente poco, sino plantear un esquema de qué variables son importantes a la hora de pensar en este tipo de problemas.

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12 Responses to Dibujando un esquema para entender el gasto, los impuestos y la redistribución

  1. Penny 30 junio, 2012 a las 15:51 #

    Muy interesante, Cives

    Una pregunta: ¿qué es lo específicamente socialdemócrata? ¿una mayor aversión a la desigualdad ex-ante (igualdad de oportunidades) o a la desigualdad ex-post? ¿o a ambas?

    Coincido en que el efecto del impuesto sería regresivo. Como proxy, la encuesta de presupuestos familiares nos indica que el porcentaje de gasto en productos alimenticios desciende conforme lo hace la renta de los hogares http://www.ine.es/jaxiBD/tabla.do?per=12&type=db&divi=EPF&idtab=168

    Saludos

    • Cives 30 junio, 2012 a las 16:06 #

      Es una definición funcional

    • Epicureo 1 julio, 2012 a las 18:53 #

      Según entiendo, Cives, tu definición funcional es esta:

      Socialdemócrata es un programa político-económico que reduce la desigualdad económica (rentas-propiedades) y de nivel de vida entre las personas. O al menos lo intenta.

      Me parece perfecto, porque es lo que yo pienso.

      Por supuesto, se refiere a la desigualdad real, o “ex post” como la llama Penny. La igualdad de oportunidades no es socialdemocracia, es mera justicia. Hasta el más encallecido liberal la reclama (aunque sea con la boca pequeña).

      En todo caso, sería socialdemócrata pensar que, por mucho que se haga en pro de la “igualdad de oportunidades”, es imposible que cada uno gane exactamente lo que su esfuerzo merece; hay desigualdades inevitables, y por lo tanto es necesario redistribuir.

  2. Josei 30 junio, 2012 a las 17:12 #

    ¿Y si lo que se quiere no es redistribuir sino distorsionar el consumo de un producto para que éste disminuya en cantidad del mercado?

  3. Ik 30 junio, 2012 a las 17:27 #

    Tra sufrir el efecto regresivo, puedes compensar a los pobres con la recaudación más el ahorro. El problema pasa a ser si hay pérdidas de eficiencia que te impidan compensar.

    • Cives 30 junio, 2012 a las 17:43 #

      Claro.

  4. Carlos Jerez 30 junio, 2012 a las 17:40 #

    Resulta regresivo a nivel porcentual, pero no absoluto. Paga más impuestos el que se ha comprado un buen filete que el que se ha hecho una hamburguesa.

    Por cierto, no tenéis en cuenta la ganancia en salud para el ciudadano al desincentivar el consumo de un producto insano. Un consumidor de renta baja tendrá una mayor elasticidad que uno de alta, por lo que sus ganancias en salud serán mayores, teniendo un mayor impacto en su bienestar.

    Por ejemplo, una persona pobre paga 11 euros en impuestos por el consumo de productos grasos, y el rico 12. El comportamiento del primero se corrige con mayor fuerza, aumentando por ello más su salud y su bienestar, sumado a que ha pagado menos impuestos (de forma absoluta), el individuo de renta baja sale ganando con la medida más que el de renta alta.

    Un impuesto regresivo de forma porcentual pero no absoluta siempre se puede corregir aumentando el mínimo exento.

    Penny, creo que te has expresado mal al decir: “la encuesta de presupuestos familiares nos indica que el porcentaje de gasto en productos alimenticios desciende conforme lo hace la renta de los hogares” me imagino que quieres decir que el porcentaje de gasto en productos alimenticios desciende conforme AUMENTA la renta.

    Cives, me quedo con tu objección principal, aún así un impuesto para estos casos me parece una opción más interesante que la prohibición, la cual creo que se ha impuesto en algunos estados americanos para ciertos productos perjudiciales para la salud. Por cierto, el mismo dilema se puede plantear con los impuestos al tabaco o el alcohol (que es lo bastante dañino para la salud), simplemente se trata de encontrar la solución técnica que minimice las ineficiencias. En el caso del tabaco, se ha incentivado el uso del tabaco de liar, que parece ser más dañino que los cigarrillos.

    Ah! y se desmontáis mis “teorías” mejor que mejor.

    • Epicureo 1 julio, 2012 a las 18:42 #

      Es muy dudoso que un impuesto de este tipo sea beneficioso para la salud. Habría que estudiarlo. Porque seguramente la elasticidad de demanda de los productos grasos no será total, así que el resultado del impuesto será una cierta reducción en el consumo de productos grasos… más una cierta reducción en el consumo de otros productos que pueden tener efectos positivos para la salud (p.e. fruta fresca). Igual el resultado global es hasta perjudicial.

      No es el mismo caso del tabaco, que es un producto muy concreto y fácilmente tasable, y cuyo precio es ahora mismo bastante disuasorio para iniciarse en el consumo o incluso para continuarlo (ya están subiendo el precio del de liar).

      Y también muy claramente perjudicial, mientras que los efectos de los alimentos en la salud son siempre controvertidos y difíciles de estimar.

  5. Penny 30 junio, 2012 a las 18:50 #

    Hola Carlos

    1. Lo primero, perdón por el lapsus. Efectivamente, el porcentaje de gasto en alimentos es menor en los hogares con mayor renta

    2. La definición habitual de regresividad se refiere a términos porcentuales, no absolutos

    3. El efecto sobre la salud que señalas es una consideración muy importante. El impuesto regresivo podría aumentar el bienestar (esperado) de los ciudadanos, ya que, por ejemplo, aumenta su esperanza de vida

    . …pero, en última instancia, este efecto depende de las preferencias de los individuos (seguro que conoces a muchos fumadores que piensan que su bienestar se reduce con los impuestos sobre el tabaco. De algo hay que morir)

  6. ermennda 1 julio, 2012 a las 17:58 #

    El impuesto funcionaría fatal porque cada vez está mas claro que la causa de nuestros mayores males sanitarios son los carbohidratos de absorción rápida. Pan, pasta y patatas; la comida del parado de larga duración.

    Como bien dices es un asunto con un componente técnico importante. Yo lo digo con un tono jocoso, pero pronto veremos que la crisis tendrá mas efectos sobre la salud que los derivados de los recortes en sanidad.

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