Ayer discutiendo los méritos del modelo español de crecimiento alguien comentaba que con el ligeramente patético sistema educativo no llegaremos demasiado lejos. También se me pedía mi opinión sobre la ley de educación aprobada hace poco, de la que confesé mi ignorancia.

Lo cierto es que de sociología y educación sé poco (y de hecho, la suspendí en la facultad y todo) pero sí puedo decir algunas cosas de lo que se sabe a nivel académico. Son unas cuantas ideas confirmadas por estudios y datos bien hechos, que en muchos casos van en contra de los que algunos dicen es “de sentido común”. Mis comentarios partirán de la idea, espero que compartida por todos, que la igualdad de oportunidades es algo bueno, y que la educación debe ayudar a que todo el mundo pueda explotar sus capacidades al máximo, independientemente de la clase social de sus
padres. Veamos.

Primero, y más importante, el nivel educativo donde el gasto produce un mayor incremento en la igualdad de oportunidades es en la educación primaria y parvulario. Parece muy poco intuitivo, pero es lo que dicen los datos. El motor principal del éxito escolar de un niño y de su capacidad cognitiva se produce sobre todo, según parece, antes de los 7-8 años. Si se le fuerza a pensar, ser creativo y hacer cosas en abstracto, despertándole la curiosidad, parece que el chaval se pone las pilas rápido. Es en parte por este motivo que la clase social influye tanto en el éxito escolar de los alumnos; si un padre se preocupa de que el niño esté por la labor de aprender desde el principio, le compra juegos de construcciones y se pasa el día rodeado de Legos, es más fácil que el cerebrito obtenga buenas habilidades de aprendizaje.

Está claro que el estado no puede ser un substituto de la tarea de los padres, pero el colegio puede ayudar mucho a que los críos aprendan rápido. Incluso
el mero hecho que niños de clase social diversa se mezclen en párvulos mejora el nivel de aprendizaje de todos. Ya se sabe, jugar es imitar, y son las interacciones las que ayudan.

Lo que lleva al segundo punto, que el gasto en universidades es de hecho regresivo en términos de igualdad de oportunidades. La explicación es muy sencilla. La probabilidad que un niño pase de primaria a bachillerato, y de bachillerato a la universidad, incluso con educación gratuita en todos los niveles, es proporcional al nivel de renta. Como mayor es la renta de la familia, es más probable que el niño llegue a la universidad, así que subvencionándola lo único que hacemos es subvencionar a quien puede pagarlo. Un sistema como el británico, en que la matrícula es relativamente cara para quien puede pagarla, y con becas generosas para quien no, es una manera más eficiente de garantizar esa igualdad de oportunidades.

De hecho el ascenso a través del sistema educativo de un niño está básicamente determinado por
la probabilidad que tiene de saltar barreras. Esta probabilidad varia en gran medida dependiendo de lo buena que ha sido su educación primaria, el interés de los padres (fuertemente correlacionado con clase social) y el entorno del colegio donde está. Si el centro educativo tiene una concentración muy fuerte de gente con tendencia al fracaso, su probabilidad de éxito escolar desciende de forma paralela. Todos los estudios concluyen que concentrar los estudiantes de forma homogénea (colegios para la clase alta, media, obrera, minorías…) tiende a ser una mala idea en cuanto a igualdad de oportunidades. El gasto en un colegio lleno de hijos de familias pobres siempre tendrá menores retornos que en uno mixto, ya que el ambiente en el primero será mucho peor que en el segundo.

Por último, mezclando política, un par de ideas básicas. Primero de todo, el colegio tiene una influencia casi nula en la afiliación política posterior del niño. Tras un par de siglos de educación obligatoria, el mejor
predictor de voto en todas partes sigue siendo la afiliación política de los padres.

Lo que me lleva a otro aspecto importante, que es el modelo educativo en cuanto a la forma de dar clases. La verdad, no es tan importante como todo el mundo dice. A efectos prácticos, la configuración del temario sólo afecta lo que se sabe sobre un tema, no los valores morales o el voto futuro de los chavales. Partiendo de que todos somos ignorantes, sólo que sobre temas distintos, el poco conocimiento que uno puede acumular en unos años no deja de ser hasta cierto punto secundario.

Segundo, y hablando específicamente de Cataluña, el nivel de competencia en castellano de los alumnos de la región está de hecho por encima de la media española. No es ningún problema para un niño aprender dos o tres idiomas al mismo tiempo; el cerebro humano no tiene ningún problema en trabajar en varios idiomas.

Eso es lo que más o menos nos dan los datos. Los dos países que según mis últimas noticias eran los
más eficaces garantizando la igualdad de oportunidades (y dando buenos resultados en el informe Pisa) son Holanda y Suecia (como no); en el vagón de cola de la igualdad estaba Estados Unidos, como de costumbre. Esto es lo que hay, y lo que se sabe. Como veis, gran parte de los debates sobre la ley de educación han sido bastante irrelevantes.