Internacional

El muro de las vacunaciones

4 May, 2021 - - @egocrata

Cuando la CDC anunció hace dos semanas una pausa en el uso de la vacuna producida por Johnson & Johnson, hubo muchas voces críticas, tanto de observadores más o menos informados como de expertos, diciendo que quizás no era una buena idea.

Para empezar, el número de personas que habían sufrido reacciones adversas era minúsculo, por encima de un caso en cada millón. Incluso teniendo en cuenta la posibilidad de que la incidencia fuera mayor en un grupo específico (mujeres menores de 50 años), la probabilidad de sufrir una reacción adversa peligrosa seguía siendo comparable o inferior a la de muchos medicamentos disponibles en cualquier farmacia.

El problema más importante, sin embargo, no era uno de posibles infecciones y fallecimientos por COVID por falta de acceso a la vacuna; Estados Unidos, al fin y al cabo, casi está nadando en dosis de Moderna y Pfizer. Lo que temían los expertos es que la pausa fuera vista por aquellos que no estaban del todo convencidos de querer vacunarse como una señal más de que las vacunas no eran de fiar, y como consecuencia veríamos una ralentización significativa en el número de inmunizaciones.

Si miramos los datos, parece que estas voces pesimistas quizás tenían razón:

Estados Unidos llevaba semanas vacunando como posesos. Tras el anuncio de la CDC, el número de total de inyecciones de J&J obviamente se frena en seco, pero las vacunas de mRNA, increíblemente efectivas y seguras, también empiezan a caer casi de inmediato. Y no es una cuestión de suministro. Ahora mismo, en casi cualquier lugar del país, es posible recibir inmunizaciones sin cita previa, de forma completamente gratuita. Estados Unidos puede vacunar a todo aquel que lo desee, pero muchos americanos han decidido no recibir el pinchazo.

¿Qué está sucediendo?

Los sondeos, en este caso, son muy consistentes. Alrededor de una cuarta parte de los americanos dice que probablemente o con toda seguridad no van a vacunarse. La composición política y geográfica de este grupo es, además, muy, muy clara. Son, ante todo, votantes republicanos:

El porcentaje de votantes con reticencias, además, es mayor en los lugares donde Trump ganó por mayor margen el año pasado, y la correlación se mantiene a nivel de condado:

Cuando empezó la campaña de vacunación en diciembre, muchos observadores advirtieron de que podíamos esperar diferencias en vacunación según raza, hablando de la tradicional (y justificada) desconfianza de muchos afroamericanos hacia el sistema médico del país. No ha sucedido; las diferencias son estrictamente partidistas, no raciales (nótese que la población latina es más joven de media, empujando sus “noes” hacia arriba):

Viendo estas cifras, uno no puede más que primero clamar al cielo por la estupidez colectiva de un nutrido grupo de cretinos que viven en este país, y segundo empezar a buscar las causas detrás de esta divergencia.

Los orígenes de la reticencia

Tradicionalmente, el sentimiento antivacunas en Estados Unidos era cosa de dos grupúsculos más o menos diferenciados. Por un lado, una facción pequeña pero vocal de progres / hippies trasnochados que o querían todo natural o no se fiaban de las farmacéuticas. Este era el motivo por el que lugares como Google Linkedin han sufrido mini- epidemias de sarampión en tiempos recientes, o como Disneylandia tiene brotes similares de vez en cuando. Por otro lado, tenías una variedad de colectivos religiosos, casi todos pequeños, que insistían en no ser inmunizados.

Ambas minorías eran pequeñas, pero crecientes, hasta el punto de que las autoridades de salud pública en muchos estados estaban empezando a pedir medidas drásticas para revertir el número creciente de niños sin vacunar. Esta misma semana, sin ir más lejos, Connecticut aprobó abolir una exención que permitía a los padres matricular a sus hijos en colegios públicos sin vacunar alegando motivos religiosos, con manifestaciones multitudinarias a las puertas del capitolio incluidas. Como marca la tradición, varios grupos de padres soliviantados ya han llevado la ley a los tribunales.

Lo que vemos en los sondeos arriba, sin embargo, no son grupitos de chiflados que sólo comen lechuga orgánica o aceptan curas recogidas en la biblia. Son un montonazo de gente. Y el motivo, para variar, es la dichosa palabra que empieza por “p”.

Politizando el final de la pandemia

Las vacunas se han politizado. Durante todo el año pasado, un sector importante del partido republicano, encabezado por el presidente, se dedicó a dudar sobre la severidad de la pandemia y a minimizar sus riesgos y consecuencias. El jefe del ejecutivo, de forma completamente inexplicable en cualquier planeta normal, dedicó gran parte de su tiempo no ya a contradecir sino a pelearse abiertamente con sus propios expertos en salud pública. Y eso era en los días buenos en los que no recomendaba beber lejía para combatir el virus en una rueda de prensa televisada.

Aunque fue la administración Trump la que impulsó el desarrollo de las vacunas, el presidente saliente se ha negado repetidamente a hacer campaña en favor de la inmunización. Trump incluso llegó a vacunarse en secreto antes de salir de la Casa Blanca, y no ha hecho ninguna aparición pública este año centrada en promover lo que fue sin duda el mayor logro de su mandato. Muchos dentro de su propio partido han expresado abiertamente su escepticismo a ser vacunados – y no sólo los flipados de siempre estilo Marjorie Taylor-Greene, sino senadores que deberían ser medio sensatos. Si os preguntáis por qué el discurso de Biden ante el congreso esta semana (habrá artículo sobre ello en algún momento, si tengo tiempo) fue ante una cámara de representantes medio vacía, es porque una cuarta parte de legisladores han rechazado ser vacunados.

El problema añadido, además, es la constelación mediática conservadora. Las redes sociales están plagadas de informaciones falsas y conspiraciones contra la vacuna; Fox News está también haciendo el trabajo de siempre intoxicando a su audiencia; y cretinos como Joe Rogan y otros podcasters conservadores se han echado al monte con ello.

El resultado es historias como esta, en un artículo maravilloso en el NYT:

Mr. Cross, who is also a volunteer fire chief for Cocke County, is a tall, lanky east Tennessean with a blue-eyed focus and a warm mountain drawl (…). Before going to the doctor, many people phone Mr. Cross. Or after the doctor’s medicines don’t seem to be working.

Although his father died of Covid, Mr. Cross won’t get the vaccine. “We jumped into bed with the vaccine too fast!” he said. While he won’t tell people to get it or not, he says pointedly, “Do your due diligence.”(…)

So charged have the Covid shots become that many people have adopted a resigned silence. A vaccinated 20-something barista has given up trying to persuade her not-now, not-ever father. A retired postal worker just lets her doctor assume she’s gotten the shots, because he is a family friend. But she hasn’t — and won’t.

De momento, las autoridades están haciendo lo que pueden, intentando convencer a líderes respetados en la comunidad (pastores evangélicos, alcaldes, pequeños negocios) para poco a poco cambiar la opinión de los que dudan. Una cuarta parte del país quizás no parezca demasiado, pero en muchas zonas rurales podemos encontrarnos con poblaciones con un 50% de gente sin vacunar, una quinta ola de COVID, y un virus mutando para evitar la inmunidad de las vacunas.

Si Trump fuera un hombre medio decente estaría dando vueltas por todo el país como un poseso animando a la gente a vacunarse. Lo que tenemos, en cambio, es el sector trumpista del partido republicano poco menos que intentando matar a sus propios votantes.

Bolas extra:


4 comentarios

  1. Sr.Yo dice:

    Me encantan los documentales de accidentes aéreos. Primero la hostia, después las explicaciones. Es obvio que en ausencia de accidente, las explicaciones no hacen al caso.

    En la página de Gamaleya, el fabricante de Sputnik V, están los datos comparados de todas las vacunas sobre datos reales de eficiencia y efectos secundarios (cifras milesimales en todos los casos) en los países donde se aplican todas ellas, que son ya bastantes. La «mejor» es obviamente la Sputnik V, que para eso sacan pecho, la diferencia no obstante sale a partir del cero coma cero cero. Visto el caos organizado, se puede efectivamente coger la primera que se tenga y santas pascuas.

    Ahora, donde la diferencia sí es brutal es en el precio. La de Pfizer viene a salirle a la SS hispanistana por 200 pavos la dosis, sistema de almacenamiento Star Wars (70 grados bajo cero no es temperatura usual de refrigeración) y logística en precio acorde a la chuchería. Comparada con la de Astra Zéneca o la susodicha Sputnik V, por el precio de una Pfizer vacuno mínimo a cinco personas. Y con muchísimos menos problemas de logística. Y si nos vamos a las chinas, que sí son significativamente un poco menos efectivas (la Sputnik como digo sobre datos reales, un 98%), la diferencia de precio ya de colgar el teléfono a la farmamafia.

    A la Sputnik V la han puesto pingando en parte con el trabajo facilitado por, digamos, el mal rollo político, pero lo de Astra Zéneca ya es alucinante, con la majadera teutona autogoleándose con saña furibunda sin necesidad de sofás turcos.

    Todo esto, por supuesto, es pasta y corrupción. Y lo que mal empieza, pues suele acabar mal, y con suerte regular. Toda esta mierda es lo que ha producido los tiros por la culata, porque la mafia antivacuna también tiene sus intereses creados (y a unos y a otros la salud pública les importa un cojón de megaterio), y sabían perfectamente el chapoteo de mierda que iba a haber, como para dejarlo pasar por alto.

    Pero esto es Occidente y las cosas funcionan así. Luego otro día hablamos de Pfizer, que como Ruíz Mateos o Dia% el autoservicio cutre, de tanto ingresar pasta, a escala agujero negro, acaban con unos rotos a escala superinflacionaria. Lo de tirar el dinero por el váter y luego la cadena es algo que siempre me ha fascinado, porque lo de crear dinero (=deuda) el sistema lo entiendo perfectamente, pero lo palmar muchísima más pasta de la que manejas es algo que escapa a mi entendimiento.

    Pero claro, ya lo decía San Amarreta, contra el vicio de pedir, la virtud de no dar. Pero son enseñanzas en saco roto.

  2. nop dice:

    No termino de entender el problema con que la gente no se quiera vacunar. Una vez que todos los que sí han querido vacunarse lo esten, se levantarán todas las restricciones. Aquellos no-vacunados son plenamente conscientes del riesgo de enferman y lo asumen al no vacunarse, pero no causan peligro a los que sí se hayan vacunado. Basicamente, su problema.

    ¿Me pierdo alguna cosa para levantar todas las restricciones?

    • Sr.Yo dice:

      Claro. Que la gente no vacunada es un reservorio de la enfermedad. La viruela está erradicada porque nadie la padece ya.

      Mientras haya gente susceptible de enfermar y contagiar, el virus seguirá por ahí, y es muy posible que las vacunas dejen de ser efectivas si se producen mutaciones, que lo harán porque el virus circula.

      Obviamente, habría que vacunar a todo el mundo en todas partes y que la vacuna sea de un cierto grado de efectividad (mejor el 100% que el 97%), mientras haya focos tenemos ese peligro permanente.

      Lo de la inmunidad de grupo es un pipe dream o un wishful thinking, como prefieras. La biología es una carrera de armamentos, con la viruela (que es una enfermedad mucho peor que esta) hemos tenido mucha suerte. Por cierto, fue un proyecto de la URSS llevado a efecto desde la OMS. Hoy en día no creo que ningún país del mundo se embarque en eso y menos cuando las farmacéuticas buscan cronificar más que solucionar.

      • Alatriste dice:

        De acuerdo al 99%, pero creo que la inmunidad de grupo merece que se hable de ella con más detalle.

        Una enfermedad para subsistir requiere que cada enfermo contagie al menos a otra persona: si la tasa de contagio es de 1,00, sobrevive; si es de mas de 1, se expande; y si es de menos de 1 se contrae hasta… en teoría, desaparecer.

        De esto se deduce que si la tasa de vacunación es suficientemente alta para reducir la tasa de contagio hasta menos de 1, EN TEORIA la enfermedad se reduciría sin necesidad de que la vacunación fuera universal. Pero si esto fuera tan sencillo, todas las enfermedades contagiosas o desaparecerían o se convertirían en pandemias. El problema es, en efecto, la existencia de reservorios. La gripe, sin ir más lejos, se expande anualmente con el frío y desaparece con el calor, y las aves son el vector o reservorio que la transmite por el globo.

        Volviendo al coronavirus, las personas no vacunadas son un reservorio potencial donde el coronavirus puede sobrevivir y mutar. Y el problema es peor porque las personas reacias a vacunarse pertenecen a grupos muy definidos en términos geográficos, políticos y religiosos.

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