Internacional

Indignados en su laberinto

15 Mar, 2021 - - @egocrata

Para un alienígena o un europeo que aterrice estos días en la política americana, la mezcla de líneas argumentales y debate público es difícil de comprender. Por un lado, tenemos un estímulo fiscal monumental lleno de medidas históricas para redistribuir renta; los expertos calculan que reducirá la pobreza infantil a la mitad.

Por otro lado tenemos esto:

Por algún motivo incomprensible, Ted Cruz, senador republicano por Texas y hombre al que le gusta irse a Cancún durante emergencias, está firmando copias de un libro infantil escrito en 1960, diez años de que él naciera.

Quizás lo que sucede es que Ted Cruz se ha vuelto loco y está delirando, pero no parece ser un caso aislado. Aquí tenemos a Kevin McCarthy, líder de los republicanos en la cámara de representantes, leyendo Green Eggs and Ham ante las cámaras:

Esto no se limita a líderes políticos republicanos. En Fox News no pueden dejar de hablar de Dr. Seuss, el autor de este libro. Están obsesionadoscon Dr. Seuss, y llevan semanas hablando sobre ello sin cesar.

Esto se ha visto reflejado en los sondeos. Morning Consult, que son unos cachondos, han preguntado a votantes republicanos si habían visto, leído o escuchado algo sobre un puñado de noticias de actualidad. El resultado es… interesante:

Dr. Seuss es, literalmente, la noticia más importante en los medios de comunicación conservadores. Más que $1,9 billones de estímulo fiscal. Más que COVID. Más que las vacunaciones. Nada ha dominado la agenda del mismo modo.

Entonces… ¿qué narices es esto del Dr. Seuss?

Theodore Geisel, también conocido como Dr. Seuss, es un autor de libros infantiles amado y venerado en Estados Unidos. Sus libros son surrealistas, imaginativos, extraños; escritos en verso, con rimas ingeniosas, criaturas inverosímiles y juegos de palabras siempre creativos. Geisel era un escritor e ilustrador estupendo, sin duda.

Dr. Seuss empezó a publicar libros infantiles en 1937. Aunque sus libros son maravillosos, algunos no han envejecido del todo bien, ya que incluyen algunas caricaturas raciales bastante fuera de tono a estas alturas; uno poco como “Tintín en el Congo”, vamos, aunque menos ofensivo en cuanto a temas.

El dos de marzo, Dr. Seuss Enterprises, la compañía que lleva los derechos de los libros de Dr. Seuss, anunció que dejaría de publicar seis libros antiguos y no demasiado conocidos del autor que incluyen las imágenes más desagradables. Esto es, los propietarios de los derechos de los libros (Geisel murió en 1989) han decidido, por sí mismos y sin que nadie les pidiera hacerlo, que no van a imprimir nuevas copias de un puñado de libros infantiles.

Nada más que eso.

Indignación y censura

Este es el motivo por el que el partido republicano, Fox News, y todo comentarista conservador con ganas de juerga ha perdido totalmente la cabeza y están hablando todo el santo rato sobre Dr. Seuss, cultura de la cancelación, progresistas que quieren silenciar la libertad de expresión, quema de libros, y el fin de la civilización occidental. La cobertura mediática ha generado una oleada de compras de libros del Dr. Seuss en protesta (¿?) ante la cancelación de su obra, algo que a buen seguro debe haber hecho mucho, mucho daño a Dr. Seuss Enterprises, responsables de que los libros dejen de ser publicados.

Y todo porque una empresa privada ha decidido que no quiere publicar más libros que son de su propiedad, sin que nadie, absolutamente nadie, nadie en absoluto de ningún gobierno, sea federal, estatal o local, haya hecho nada en absoluto para obligarles a ello. Esto es como si yo mañana decidiera borrar un artículo mío en Politikon escrito en el 2007 y que en respuesta todos los políticos de Vox en España clamaran que Pedro Sánchez está censurando internet y pidieran a sus militantes que se suscribieran a Four Freedoms.

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La polémica (es un decir)

La polémica (aunque francamente, más que polémica parece un ataque de paranoia aguda) tiene un par de efectos secundarios curiosos. Por un lado, ha hecho que Fox y compañía hablen muy poco en contra del estímulo fiscal, cosa que explica en parte su excepcional popularidad en los sondeos. Por otro, ha servido para unificar a los republicanos en una causa común en la que todos parecen estar super contentos indignándose, evitando así hablar sobre el elefante naranja de Mar-a-Lago que insiste en dirigir el partido después de haberse estrellado en las últimas elecciones.

Fuera de la burbuja conservadora, la “cancelación” de Dr. Seuss ha recibido, sin embargo, mucha menos cobertura mediática. Habitualmente los medios conservadores, el colectivo indignado-ofendido de la derecha, marca la agenda política del país a base de cabrearse muchísimo sobre un tema al azar, llevando a políticos republicanos a quejarse sobre por qué los medios mainstream y el presidente de los Estados Unidos no está diciendo nada sobre ello. Hacen polémica sobre por qué no hay polémica, y diez minutos después estamos hablando todo el santo día de los emails de Clinton, Benghazi, o la chorrada irrelevante del día que emociona al GOP.

Con Seussgate, sin embargo, esto no ha sucedido. Joe Biden es alguien que evitó como la peste meterse en charcos de guerras culturales durante toda la campaña electoral; una vez en la presidencia, han seguido la misma estrategia. Aunque Fox News ha preguntado varias veces a la portavoz de la Casa Blanca sobre el escándalo (lo dicho, es muy importante), no han mordido el anzuelo. Si quieren hablar de ello, que lo hagan, pero no le van a dar oxígeno. Los demócratas, como mucho, se han dedicado a mofarse de todo el tema, pero ni se han molestado en debatir la cuestión.

No que puedas debatir gran cosa, pero bueno.

Ignorando el berrinche

Creo que esta es la estrategia correcta. Los republicanos, y el populismo conservador en general, sólo dominan la agenda con tonterías si les hacemos caso. Que alguien se indigne, patalee y llore sobre algo absurdo es sólo noticia si le damos un micrófono y hacemos que sea noticia. Por muy estúpido que sea el argumento de tu oponente, si el presidente del gobierno o líderes de tu partido se ponen a debatir con él lo convierte en noticia, así que lo mejor que uno puede hacer ante una sarta de tonterías es ignorarla por completo. Joe Biden tiene 78 años y es la clase de persona que no está para perder el tiempo con chorradas a estas alturas. Deberíamos hacerle caso, en vez de tirarnos al barro cada vez que algún reaccionario con ganas de que le hagan caso dice alguna fascistada absurda.

Por supuesto, acabo de escribir 1.000 palabritas sobre Dr. Seuss en internet, pero ya me entendéis.

Bolas extra:


8 comentarios

  1. Alatriste dice:

    Primero de todo ¿Que has borrado algo que escribiste en Politikon en 2007? ¿Quieres decir que Politikon ya tiene 14 años o más? Se conserva bien, no le hubiera echado ni la mitad – en serio, si no es una errata de repente me siento viejo.

    Luego, es muy posible que lo que estén intentando los republicanos al montar una polémica sobre unos libros infantiles escritos en los 30 es precisamente que no se hable de temas que no les convienen. Es mejor llenar los minutos del Telediario con el Dr. Seuss que con leyes muy populares o con aperturas suicidas en Texas y Mississippi, por no hablar de que Jackson lleve semanas sin agua, como si Estados Unidos fuera el Tercer Mundo.

    Y para terminar, estos conflictos culturales son incómodos. Resulta difícil asimilar que un autor que te gustaba y que te sigue gustando (de música, libros, películas… qué mas da) tenía al menos en cierto periodo de su vida ideas que puede que entonces fuesen mayoritarias, o casi universales en ciertos casos, pero hoy chirrían. Ya que mencionas a Tintín, estoy comprando sus libros a mis sobrinos, pero dejando muy deliberadamente para cuando tengan más edad tanto «Tintín en el Congo» como «El Loto Azul» que también es la repera en bici (curiosamente, y si recuerdo bien, «Tintín en América» ya mostraba otra actitud, igual que «En el país del Oro Negro» pero por si acaso también se quedan para el final).

    ¿Que por qué creo que os interesa esto? Porque os dice cuál es mi postura. Me resulta repugnante la idea de cribar las obras del pasado y tratar de borrar las que no respondan a nuestras ideas modernas o mucho peor, aquellas en las que ocurran cosas «ofensivas» incluso si el autor no las elogia (adiós a la Iliada y la Odisea y a casi todo lo griego y lo romano, a Otelo, el Mercader de Venecia, Romeo y Julieta y La Fierecilla Domada, adiós a Don Juan Tenorio y a todas las obras de Lope sobre la honra…) Claro que se impone una medida de responsabilidad; no me parece bien darle a leer «Tintín en el Congo (belga)» a un niño de 10 años y si el dr. Seuss es comparable, no creo que esos 6 libros sean adecuados para niños… pero hay que decir las editoriales dejan de publicar incontables libros por incontables razones. Y en estos tiempos de Internet, scanners y smartphones que un libro esté «agotado» no significa nada. En otras palabras, antes todo libro no impreso recientemente desaparecía; hoy es imposible hacer desaparecer un libro ni con todo el poder y el dinero del mundo.

  2. Fulano dice:

    Por haber dicho que has borrado un artículo tengo curiosidad

  3. Sr.Yo dice:

    Toda la historia humana está llena de cambios. Como «el mayor espectáculo sobre la Tierra», como le llama -muy adecuadamente- el genmaníaco reduccionista embarcado en su cruzada antirreligiosa Dawkins. Que conste que no me parece mal, eh, y menos aún si en este supermercado de Dios hay de todo, de lo mejor y de lo peor. Porque tiene que haber de todo.

    Pues hablando del panta rei, hay dos tipos de cambios, o de aquello que nuestra mente percibe como cambios. Ya los conocemos, uno, el de cambiar todo para que nada cambie, lo que podríamos llamar el cambio aparente, y el otro, el cambio verdaderamente real, ése, curiosamente, no sólo pasa desapercibido entre los contemporáneos, es que incluso a los historiadores les cuesta enormemente percibirlo primero, y ni digamos comprenderlo. Por descontado, nos gusta más, en todas las épocas, el cambio aparente, el que cambia para no cambiar, es «el mayor espectáculo sobre la Tierra». Porque a fin de cuentas, es un cambio, pero aparente, lo que hay entre un oftalmosaurio, una merluza y un delfín, los tres viven en nichos similares y son enormemente distintos, pero responden a las mismas soluciones para problemas similares, y es un cambio muy diferente cuando la atmósfera de la Tierra se modificó profunda e irreversiblemente eones atrás o cuando hubo una explosión de planes corporales en el precámbrico. Los cambios entre merluzas y delfines no los comprendemos del todo, pero tenemos una buena base relativamente firme y entendemos la mecánica general. De lo otro, aparte de conocerlo peor que muy mal, a día de hoy no tenemos la más puta idea.

    La sociedad del siglo XVII, la que aparece relatada en la literatura, es complemente diferente de la de principios del siglo XX, por decir algo, son un abismo. Si un contemporáneo de 1920 fuese teletransportado a 1660, no sé si podría sobrevivir (empezando porque al abrir la boca bien podría ser linchado in situ, supongando que la lengua que hablase fuese inteligible dentro de ese lapso temporal, con el inglés iba a haber problemas y con el castellano no tantos, pero los iba a haber también y no sólo por cuestiones morfológicas y prosódico-fonéticas). Sin embargo, sobre todo si quitamos los avances científicos, en lo nuclear la sociedad no era tan diferente. Se había cambiado muchísimo, sí, pero para que nada cambiase. El cambio principal hubiera sido el fin formal, que no informal, de la esclavitud, es decir, la propiedad privada de un congénere, algo que no suele destacar mucho en los libros de historia. Sin embargo, actualmente los cambios no «de mantenimiento» se han acumulado bastante: el poder de las mujeres ha avanzado muchísimo con respecto a otras épocas, y con ellas el de otros grupos sociales menores en demografía (porque las mujeres siempre son biológicamente mayoría sea cual sea la esperanza de vida, y eso que nacen un pelín más de varones, por supuesto ignoramos la causa). Todo esto es un cambio sustancial, que sí se ve pero incluso a pesar de que se le explota, porque es un subproducto relativamente gratuito del sistema (en el sentido de que no le penaliza a la acumulación de capital, no hoy, por supuesto, sí lo hubiera hecho en el pasado), no somos plenamente conscientes de la importancia de esto.

    Me da que los reaccionarios del GOP sí son conscientes, así que quizá no sean exactamente tonterías. A fin de cuentas, sabemos que los nazis eran de todo, pero como toda expresión política que ha puesto al estado a su servicio (y qué estado), no daban puntada sin hilo.

    Para mí el mejor Tintín siempre fue El loto azul. Muy superior a cualquier otro (algunos son rematadamente malos). Es también, con diferencia, el más realista.

    • Alatriste dice:

      Si quieres que te diga la verdad solo conservo vagos recuerdos de la trama de ‘El Loto Azul’… pero esos recuerdos, espero que correctos, incluyen cosas como el infanticidio, los ‘pies de loto’, fumaderos de opio (¿fumó opio Tintín, o lo fingió? Solo recuerdo imágenes sueltas) y unos japoneses estúpidos y brutales de gruesas gafas redondas y enormes dientes salientes como salidos de la propaganda de 1941-45.

      • Miguel dice:

        El Loto Azul es una obra pro-China que denuncia el imperialismo japonés en un momento en el que Occidente consideraba a China barbara a Japón una avanzadlo la de Occidente. Visionario y contracorriente, este álbum de Herge debería ser de lectura obligatoria, pero claro, estamos en un mundo en el que Huckelberry Finn se prohíbe por racista en las escuelas de EEUU

      • Sr.Yo dice:

        Tintín es bastante enclenque tal y como lo dibuja Hergé, basado en gran parte en su propia adolescencia (qué diferencia con uno de sus brillantes colaboradores, creo que era Jacobs, que se basaba en sí mismo para hacer de malo retorcido), y vista la ideología general del personaje, dudo mucho que fumase opio (es decir, morfina), ahora bien, en la época del comic el consumo de drogas, endorfinas en particular, vamos a dejarlo en que no era visto como lo fue posteriormente e incluso hoy. Baste decir que el láudano (morfina y alcohol) aún era de uso generalizado y que jugó un papel brutal en la ley seca americana.

        Los japoneses en aquel momento, es decir, su gobierno y su política exterior, eran estúpidos y brutales. Muy poca gente sabe que el ataque de Pearl Harbour vino precedido de un embargo salvaje y terrorista de petróleo por parte de EEUU y RU (y NL, ocupada por los nazis). Para ese momento, al Japón sólo le quedaban dos opciones después de la paliza de los Sóviets en Jaljín Gol (1939), rendirse estrepitosamente ante EEUU (no estaban en guerra… militar) y retirarse humillantemente de China, con el subsiguiente colapso político, o hacer su estupidez más brutal, que fue lo que hicieron. La declaración de guerra fue transmitida cifrada a la embajada japonesa en Washington y Roosevelt la tuvo descifrada por su inteligencia militar horas antes de que la presentase el embajador, éste, naturalmente, horas después de Pearl Harbor. Japón pierde la guerra en Midway, meses después.

        Me da que sí, que eran estúpidos y brutales. Vale que Leopoldo se montó su genocidio en el Congo pero claro, los negros del Congo importaban una mierda y Bélgica no tenía una política exterior mesiánica, siendo racista como la de Japón, era más paleta, no tan filonazi (aunque es sabido que la monarquía belga tuvo sus estupideces y brutalidades con los nazis, pero es otra historia).

        Es además, el álbum más apegado a su realidad contemporánea. Pero nunca sabremos cuánto le debe al amigo chino de Hergé (porque Hergé, evidentemente, de chino ni puta idea).

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