Las convenciones de los dos grandes partidos americanos han sido ambas bastante surrealistas por culpa de la pandemia.

Los demócratas de las arreglaron para montar un espectáculo con altibajos, pero más o menos coherente. El tema central era claro, todos los oradores defendieron ideas y valores similares, y aún con alguna pifia y salida de tono, había un hilo conductor, un plan.

La conferencia republicana ha sido… un poco especial. Casi todos los discursos son grabados, pronunciados en el escenario de un auditorio vacío con columnas de mármol y bandera americanas. La realización ha sido un poco más efectista que la de los demócratas (Trump, al fin y al cabo, viene del mundo de la televisión), aunque un poco repetitiva.

El problema ha sido el contenido, porque la convención republicana parece estar sucediendo simultáneamente en varios universos paralelos. Esta ha sido una convención en la que un presidente que se ha pasado tres años y medio trabajando como un poseso para reducir la inmigración en Estados Unidos celebró una ceremonia de naturalización televisada, concediendo la ciudadanía a cinco inmigrantes en la Casa Blanca. También ha sido la convención en la que Trump, tras pasarse todo su mandato intentando derogar la ley de sanidad de Obama, ha tenido múltiples oradores diciendo que el presidente ha defendido varias de sus provisiones más populares.

Lo de mentir salvajemente sobre las posiciones políticas del presidente es algo casi habitual en esta administración, pero eso no ha sido lo más extraño. En la misma convención hemos tenido a múltiples oradores criticando a Joe Biden y Kamala Harris por ser unos anarquistas que están a favor de los saqueos y que sólo traerán más violencia en las calles y criticándoles también por ser unos fascistas que han encarcelado miles de personas durante años debido a sus políticas anticrimen draconianas. Joe Biden es simultáneamente alguien que es un vendido a Wall Street y los poderosos que sólo ayuda a los ricos y un radical de izquierdas que va a colectivizar los medios de producción. Trump, mientras tanto, es un anti-racista entusiasta que a la vez habla sin cesar sobre cómo Biden quiere que pobres e indeseables (léase: negros) ocupen los suburbios.

Por supuesto, esta clase de contradicciones internas nunca parecen molestar demasiado a Trump, alguien capaz de defender una idea y su contraria sin el menor problema moral. Para un espectador neutral viendo esta convención (de existir alguno), todo debe resultar bastante confuso.

La cuestión, sin embargo, es menos lo que digan los republicanos estos días importa menos que el contexto en el que esta convención está teniendo lugar.

Para empezar, Trump es el presidente, no una incógnita. Hace cuatro años su alegre falta de coherencia interna podía parecer un torpe intento de ambigüedad calculada o desprecio por la ortodoxia partidista de antaño, algo que abría la puerta a que los espectadores escucharan de él lo que querían oír. Hoy, sin embargo, tiene cuatro años de gobierno a sus espaldas, así que cuando insiste en un escenario que le gusta la diversidad y los inmigrantes, resulta poco creíble. No creo que quede nadie en todo Estados Unidos que no tenga una opinión formada sobre Trump, así que inventarse cosas alegremente y repetir que es una bellísima persona no convencerá a casi nadie.

Más allá del historial de Trump, las noticias en Estados Unidos esta semana son abrumadoras. Tenemos un huracán gigantesco a punto de arrasar una ciudad en Luisiana, protestas después de otrotiroteo policial de una persona de color, con milicianos de ultraderecha matando dos manifestantes, la NBA cancelando todos sus partidos esta noche porque los jugadores se han declarado en huelga contra el racismo, incendios forestales devastando California y una epidemia que sigue matando un millar de americanos cada día. Los colegios en medio país no van a reabrir el mes que viene por la pandemia; muchas universidades que han intentado hacerlo han tenido que cerrar tras brotes virulentos en sus campus. Todo eso por no hablar de desastres más consolidados como una economía en crisis, millones de parados, un congreso bloqueado incapaz de aprobar un estímulo fiscal, y recortes presupuestarios en ciudades y estados.

El problema para el GOP es que mañana por la mañana, cuando las redacciones de informativos de todas las cadenas decidan con qué abren las noticias, el discurso de Mike Pence (que ha sido competente, pero no especialmente brillante) estará compitiendo con un huracán arrasando una ciudad, un chaval de 17 años acusado de asesinar dos manifestantes, y los debates del distrito escolar local sobre si es posible reabrir con COVID aún en todas partes. Este es un problema parecido al que tuvo Biden en la convención demócrata, pero Biden va entre ocho y diez puntos por delante en las encuestas, mientras que Trump va por detrás. Los republicanos necesitan esta convención, necesitan una campaña electoral que cambie la tendencia en los sondeos. La actualidad no está dejándoles espacio en los medios.

Empeorando las cosas, los republicanos no tienen un programa de gobierno. Esto no es una exageración; en la convención han acordado que la plataforma política del 2016 sigue en vigor, y que el partido acuerda que “apoya entusiásticamente al presidente Trump y rechazan las posiciones políticas de la administración Obama-Biden”. La falta de coherencia interna de la convención no es un accidente; el partido lleva tres años sin más agenda de gobierno que bajar impuestos a los ricos, nombrar jueces, y responder a los gañidos y bramidos de Donald Trump sin ofenderle. A Trump le han preguntado en varias entrevistas qué planes tiene para un segundo mandato, la pregunta más básica que cualquier candidato debería poder responder, y ha sido incapaz de dar una idea coherente.

Bolas extra:

  • La mayor ironía de la convención es pasarse horas y horas diciendo que Biden traerá el caos, saqueos y disturbios al país como los que estamos viendo estos días en Wisconsin, cuando el que es presidente durante estos días de caos, saqueos y disturbios es Trump. En fin.
  • Esto es una gota en el océano de corrupción de esta administración, pero durante esta convención el GOP ha violado repetidamente la prohibición legal de utilizar recursos y edificios públicos en actos de campaña. Esto acabaría la carrera de un montón de gente en otra presidencia, pero con Trump ya ni le prestamos atención.
  • En serio, contemplad el detalladísimo programa electoral de Trump en su web.
  • California está teniendo problemas en contener los incendios forestales en parte por falta de mano de obra. El estado utiliza presidiarios como bomberos en temporada de incendios, pero brotes de COVID en las cárceles han impedido utilizarlos.
  • Sí, en Estados Unidos los presos pueden ser utilizados como mano de barata con sueldos miserables haciendo cosas como apagar incendios.


3 comentarios

  1. José Luis Fernández dice:

    No tiene que ver con este artículo, pero llevo una semana enganchado a la serie el ala oeste de la casa blanca gracias a Roger. En otro artículo suyo al que llegué a través de otro enlazado recientemente recomendaba la serie y me animé a verla. Me parece fantástica, aunque el presidente y su equipo no parecen políticos humanos. La realidad es mucho más deprimente. Sobre todo si compara con la administración de Trump (o de Pedro Sánchez).

  2. Sr.Yo dice:

    Y bueno, está demostrando que el gag de los Simpsons «alabar al simio» («Hail the chimp» si se quiere ver en Youtube) es certero. En realidad, mal que pese, las diferencias entre Trump, Bush hijo (no el padre, para nada), Clinton el pendón, o Reagan, son nimias. Por otro lado niego la mayor: por supuesto que tiene programa, lo ha tenido desde el primer día, que es beneficiarse todos los grupos sociales, por llamarles algo, y a saco. A diferencia de la administración Reagan, que hizo un enorme esfuerzo propagandístico por presentar lo blanco negro, y viceversa, el Donald ha demostrado que la sociedad americana está madura para que le vayan colando gato por liebre mientras en vez de desgastarse convirtiendo herejes con combatiendo cismáticos, se hace ruido y ya tal.

    No es tan distinto de Rajoy, ¿verdad? Simplemente Mariano era más acomplejado, pero no de sus políticas, que fueron llevadas a sus últimas consecuencias, sino de los suyos. No en vano antes de salir a patadas de la presidencia del gobierno, ya tuvo la misma medicina en la Xunta de Galicia hace más de 30 años, acabando exactamente igual y en gran medida, gracias a los suyos. No hay ningún político español que haya sido expulsado dos veces por una moción de censura. La estadística no es causalidad, pero no miente.

    Trump a los suyos los trae a raya. Excepto los psicópatas del oligofrénico pero esos ya se queman solos.

    Dos cosas. Trump es el único presidente en cien años, quizá más, que no ha empezado ninguna guerra (de flipar, ¿eh?). Obama expulsó cuatro veces más inmigrantes que Trump (vale, en dos mandatos), con la agravante que el flujo es aún mayor ahora. No es sólo la, «política», de Trump lo que es extraño, es la política, de Trump. De hecho, puede parecer delirante que un presidente que ha permitido, a fin de cuentas, que entren y se asienten más inmigrantes, naturalmente en peores condiciones, tenga unos aspavientos tan, digamos, pintorescos, y repugnantes entrando al trato físico que muchos han sufrido, sobre el particular, pero es que me parece que el tema es diáfano, crystal clear como dicen ellos. Dame pan y llámame tonto.

    Darlo por muerto tururú. Puede perfectamente ganar las elecciones. De hecho ya es el tercer sondeo que veo, de esos gurús, que dicen que si Trump sale en las encuestas con menos de cuatro puntos, palma. No sé si la campaña demócrata está enfocando correctamente el tema, pero otros cuatro años más con este personaje y comprobaremos que su legado va a tener un efecto muchísimo más profundo que las burradas económicas y morales de Reagan.

    No está mal para no tener programa. Por cierto, en Hispanistán estamos habituados a que el PP no tenga programa.

  3. Sr.Yo dice:

    Todos los grupos sociales que lo apoyan a él, me quedó en el tintero. Por supuesto grupos sociales es ironía por camarillas, que ni a camarilla llegan algunos de ellos.

    Pero bueno, en Inglaterra (no RU) con el Brexit también se empoderaron, como dice el Padre Pablo, una horda de personajes igualmente pintorescos (todos tienen en común que les flaquea la pierna derecha, no el brazo del mismo lado que tiene un tic), que como Donald, a ellos desde luego les está yendo de puta madre.

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