Son las 11.30 pm hora este, y Biden acaba de cerrar su discurso aceptando la nominación demócrata. Van aquí algunas primeras reacciones rápidas, a la espera de un repaso más sosegado de la convención y los discursos en días venideros.

El tema principal de la campaña demócrata es muy simple: dignidad. Es un concepto que suena antiguo, un poco pasado de moda, pero Joe Biden no deja de ser un tipo un poco antiguo y pasado de moda. Es también una idea efectiva, ya que sirve para enlazar todas las ideas de la campaña. Es también algo en lo que el candidato cree profundamente.

El hilo conductor del discurso es que Estados Unidos necesita recuperar la dignidad, tanto en público como en privado. Donald Trump es un presidente que sólo piensa en sí mismo, soez, maleducado, incapaz de entender la importancia del cargo. Alguien que no se ha preocupado por gobernar, ni por prestar atención a los problemas de sus ciudadanos. Alguien que no es digno de ocupar la Casa Blanca.

Joe Biden es alguien que entiende el honor que representa servir al país como político y como presidente, alguien con una profunda empatía, que ha sufrido, y que cree en la dignidad de los americanos. Es alguien que valora la dignidad del trabajo, los valores de comunidad, de confiar en el prójimo, de ayudarse mutuamente, de la importancia de que nadie se quede atrás.

El contraste es simple: un presidente indigno de su cargo, un candidato con un profundo aprecio en la dignidad de las personas. Un presidente resentido, un candidato que confía en sus ciudadanos.

Este era el hilo del discurso de Biden hoy, el armazón en el que ha construido todo su argumento. Un buen discurso parte de una idea, una virtud, un bien al que aspirar, sobre el que construyes todo tu argumento. La intervención de Biden hoy (y hasta cierto punto, la convención entera, aunque de forma imperfecta), ha seguido este esquema, y ha funcionado bien.

Biden es un orador sólido; no es tan bueno como Obama (y no tiene su voz), pero es alguien que es capaz de hablar bien si le dan buen material. Aunque es un político que siempre se ha definido por su espontaneidad (es el retail politician por excelencia), es más que competente leyendo en un teleprompter. Un buen discurso debe adaptarse a las virtudes y defectos del orador que debe pronunciarlo, y el equipo de Biden conoce a su jefe y le ha dado el material que necesitaba. Biden es emotivo, un poco sentimental, alguien que disfruta contando historias y que se tiene un temperamento fuerte y se indigna cuando algo le ofende. El texto ha saltado entre estas sensaciones, dando la oportunidad al candidato de expresarse y ser convincente.

No ha sido un discurso, no obstante, de grandes ideas. Aunque ha citado a Kierkegaard (“Faith sees best in the dark”, la fe ve mejor en la oscuridad, una frase preciosa), Biden no es alguien de grandes ideas ni programas detallados. No es Elizabeth Warren o (gasp) Hillary Clinton, candidatas que disfrutan inundando sus intervenciones con datos, no con anécdotas. La crítica que veremos mañana en medios conservadores, no lo dudo, será que Biden no ha explicado sus planes, o qué hará para mejorar la vida de los americanos. Ha explicado lo mal que está todo, pero no ha dado alternativas.

Creo que en este discurso no hacía falta. Biden tiene un programa de gobierno sorprendentemente detallado (está en su web), pero el tipo demolió a sus oponentes en las primarias sin meterse en jardines ideológicos. Dudo mucho que lo haga en las generales. La estrategia es hablar de valores, de qué país quieren, del respeto que sienten por el país y sus trabajadores. Los planes son para enero.

¿Es esta la estrategia adecuada para ganar estas elecciones? Es difícil saberlo. De momento van ocho puntos por delante en los sondeos, así que algo estarán haciendo bien. De momento, la extraña convención de la era de Zoom ha resultado funcionar mejor de lo que esperaban, Biden parece tener un tema consistente, y los demócratas cierran la semana algo más confiados (pero no mucho) de que su candidato sabe lo que hace.

En esta era en que las convenciones importan (relativamente) poco, un buen discurso del candidato, un gran discurso del ex-presidente (Obama ayer estuvo extraordinario) y una buena presentación de la candidata a la vicepresidencia no es un mal balance. No creo que los actos y festejos de estos días cambien gran cosa en los sondeos, pero los demócratas pueden estar contentos.

Bolas extra:

  • Mi momento favorito de toda la convención ha sido una pequeña pieza en la previa del discurso de Biden, un video sobre un chaval de New Hampshire.
  • Biden es tartamudo, algo que casi nunca menciona – así que la anécdota es especialmente bonita.
  • Los republicanos, con Trump a la cabeza, llevan semanas diciendo que Biden está senil y que no hace campaña porque es incapaz de hilvanar dos frases seguidas. El muy buen discurso de hoy les ha dejado a dos velas.
  • Steve Bannon, ex-director de campaña de Trump el 2016, ha sido detenido acusado de fraude. Bannon montó una ONG de pega para recaudar dinero para construir el muro entre Estados Unidos y Méjico, y se pagó a sí mismo un millón de dólares. Es el segundo director de campaña de Trump (tras Paul Manafort) de ser acusado de crímenes federales.
  • Forma parte de un mini-universo de trumpistas que se han hecho de oro montando chiringuitos pro-Trump. A veces de forma honesta.


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