Internacional

La extraña pasividad del GOP

14 Jul, 2020 - - @egocrata

La epidemia de coronavirus en Estados Unidos está fuera de control. En cuatro estados (Arizona, Texas, Florida y California) el número de nuevos casos diarios se cuentan por miles y no dejan de crecer. Aunque es cierto que el país está haciendo muchos más test que en marzo, el porcentaje de positivos está por encima del 15% en muchos lugares. Incluso donde la epidemia parecía controlada (Michigan, Luisiana, Ohio) los números están empeorando significativamente. El número de muertes diarias, tras semanas de descensos, está empezando a repuntar, siguiendo, como era de esperar, a las infecciones.

El impacto económico de estos nuevos brotes es difícil de estimar. Muchos signos apuntan a que el país está a punto de sufrir una oleada de quiebras de pequeñas empresas y un auténtico tsunami de desahucios. Empeorando las cosas, la mayoría de las medidas fiscales de los tres planes de estímulo aprobados por el congreso en rápida sucesión en marzo están a punto de expirar. Las ayudas a las empresas se acaban en agosto, la plaga extra en las prestaciones de desempleo a finales de este mes, igual que las moratorias de pago de alquileres e hipotecas.

Ante la posibilidad de una catástrofe económica, una segunda oleada de la epidemia aún más letal que la primera con decenas de miles de muertes, con disturbios en las calles, la presidencia de Donald Trump parece enfrentarse a un reto casi imposible, a menos de cuatro meses de las elecciones. Los sondeos para él y su partido oscilan entre lo horrible y lo catastrófico, con los demócratas competitivos incluso en sitios como Texas.

Con este panorama, uno se esperaría que el partido republicano estaría o bien en un estado de pánico, o bien en modo hiperactivo en pleno postureo heroico de hombres de acción enfrentándose al problema, en plan hombres de estado en medio de la tormenta pidiendo unidad nacional y templanza ante el virus, o una combinación más o menos coherente de todas estas posturas.

Lo que están haciendo es… bueno, es difícil saber qué están haciendo, la verdad. Quizás la palabra más adecuada es catatonia.

Tenemos por un lado al presidente Donald J. Trump. Sus declaraciones estos días oscilan entre quejarse de Fox News porque le tratan mal, seguir obsesionado sobre estatuas y monumentos, y retuitear teorías de la conspiración sobre la pandemia. Trump no está diciendo nada sobre economía, aparte de que todo va muy bien y que la creación de empleo es espectacular, e insiste en decir que el coronavirus no es un problema, o que está casi arreglado, o que la culpa de que lo sea es de China, la OMS, los gobernadores que le caen mal o los medios de comunicación. Si alguien esperaba liderazgo desde la Casa Blanca, estos días ha sido difícil encontrarlo.

En el congreso, Mitch McConnell está negociando otro plan de estímulo con los demócratas, pero sin ninguna prisa aparente. Su principal reivindicación, en una oda al capitalismo más desaforado, es exigir que cualquier paquete de medidas debe ir acompañado con protecciones legales para empresas para que nadie les pueda poner un pleito sobre contagios de coronavirus, porque si algo hemos aprendido estos días en Estados Unidos es que las empresas están por la labor de proteger a sus clientes y trabajadores. El equipo económico de la Casa Blanca insiste en que bajar los impuestos sobre ganancias del capital es la mejor manera de combatir la crisis, porque bajar los impuestos a los ricos es la mejor receta para todo. Nadie parece creer que el congreso vaya a aprobar nada antes de las elecciones, a pesar del inminente desastre.

En los estados, los gobernadores de algunos de los estados con los peores brotes de COVID han decidido que lo mejor es no hacer nada. Ron DeSantis, gobernador de Florida, ha decidido permitir que Disneyworld reabra esta semana a pesar de tener más de 10.000 infecciones nuevas diarias, porcentajes de positivos altísimos, UCIs llenas y un número creciente de fallecimientos. Florida ha renunciado a imponer confinamientos o el uso de máscaras, dejando que las autoridades locales tomen la iniciativa. Los restaurantes siguen abiertos en casi todo el estado; la única medida que ha impuesto es prohibir que los bares vendan bebidas alcohólicas. En Texas, Arizona, Georgia y otros estados con brotes intensos los gobernadores han obligado algunos negocios a cerrar, pero las restricciones distan mucho de ser severas.

En resumen: el GOP parece haber visto que un meteorito va camino de impactar directamente sobre el partido y potencialmente extinguir cualquier rastro de vida humana en él este noviembre, y lejos de preocuparse, han puesto tumbonas, servido mojitos y están todos mirando el apocalipsis en primera fila. Es difícil de entender.

Hay dos teorías no del todo contradictorias sobre por qué esto está sucediendo. Tim Allen, en un buen artículo en Rolling Stone, explica como muchos estrategas del GOP han llegado a la conclusión de que las bases del partido han perdido totalmente la cabeza y que cualquier intento de llevar la contraria a Trump es un suicidio político. Sí, el presidente es horrendamente impopular, pero ningún político republicano puede aspirar a ganar nada si el 35-40% de votantes trumpistas convencidos no le apoyan. Por mucho que abrazar al presidente provoque rechazo entre moderados, si la cosa mejora un poco de aquí a noviembre la combinación de un candidato demócrata bien poco excitante y unas bases republicanas enfurecidas quizás les salve los muebles. También es posible que Cthulhu despierte de su eterno letargo y devore a Joe Biden durante la convención demócrata en Milwaukee, pero oye, de ilusión también se vive.

La otra explicación era algo que discutían el otro día Ezra Klein y Matt Yglesias hablando sobre la pandemia. Su impresión es que el GOP está dividido en dos mitades. Por un lado tenemos a los trumpistas, que están tan convencidos como su jefe que el COVID es una trola, el país va viento en popa y que lo que preocupa de verdad a la gente es el racismo anti-blanco, la inmigración ilegal, la preservación de estatuas confederadas y mantener a las hordas del socialismo fuera del poder. A estos lo que digan los sondeos les importa poco; viven en su cámara de resonancia de Fox News, creen que pueden conseguir que el país tema a Joe Biden y están convencidos que Trump está haciéndolo de putísima madre. De chiflados los hay en todas partes, pero el GOP está especialmente lleno de ellos estos días.

La otra mitad del partido son los realistas. Son gente que estarán más o menos a favor de las políticas de Trump y que serán más o menos conservadores, pero que siempre han visto al presidente con cierto escepticismo/desdén y creen que los sondeos no mienten. Para muchos de estos republicanos, la catástrofe sanitaria en ciernes, el desastre económico, la vergonzosa conducta de Trump, y la cada vez más inevitable derrota electoral son vistos como una penitencia, un castigo. El GOP toleró primero y aclamó después a un cretino narcisista e incompetente como líder del partido. Simplemente, no quieren ya luchar por Trump – y no temen a Joe Biden como temían a Sanders o detestaban a Hillary. De forma consciente o inconsciente, están resignados al desastre. No tienen ganas de luchar más.

¿Quiere decir esto que Trump tiene las elecciones perdidas? No, por supuesto; Dios nos libre de decir que alguien no puede ganar jamás en absoluto. Aun así, Trump ahora mismo corre el peligro de algo peor de ser rechazado, temido u odiado, sino simplemente irrelevante: alguien a quien nadie le hace caso, nadie le toma en serio, y que diga lo que diga o haga lo que haga, no es visto como alguien creíble.

Veremos la evolución de los sondeos, pero el GOP realmente tiene un problema.

Bolas extra:

  • La conmutación de la sentencia de Roger Stone el viernes es un escándalo sin precedentes. Otro más. Todo apunta que Stone era el contacto de la campaña de Trump con Wikileaks, es decir, con los servicios de inteligencia rusos (no es una sospecha: Stone lo ha dicho en voz alta). Stone mintió al congreso sobre estos contactos para proteger al presidente y fue condenado a prisión, y ahora el presidente le ha cambiado la sentencia como premio. Pero claro, con 135.000 muertos por COVID quién presta atención a otra ofensa digna de impeachment.
  • La Casa Blanca se ha pasado el fin de semana enviando argumentarios a los medios criticando a Anthony Fauci, el “Fernando Simón” de Estados Unidos y alguien universalmente respetado. Sí, tenemos al equipo del presidente del país enviando a parir a su mayor experto en pandemias. Porque… bueno, a Trump le cae mal y no le gusta que diga que la epidemia está fuera de control en voz alta.
  • 5,4 millones de americanos perdieron su seguro médico entre febrero y mayo al perder su trabajo en medio de una pandemia.
  • El caso más sorprendente del Supremo la semana pasada fue uno que daba jurisdicción a tribus indígenas sobre más de la mitad del territorio de Oklahoma. Aquí hay una buena explicación sobre este caso – y sí, es tan importante como parece. Puedo hablar más sobre ello otro día, si os interesa.


7 comentarios

  1. manuti dice:

    Pues todo muy interesante, pero lo de Oklahoma me ha dejado con la intriga. Cuenta más, por favor.

  2. Ignacio dice:

    Si sería interesante que comentases las implicaciones de lo de Oklahoma.

    Recientemente me he leído «Empire of the Summer Moon» sobre los comanches, y me ha impresionado bastante como sistemáticamente el gobierno engañó y exterminó a las tribus indígenas.

    Los españoles no erámos unos angelitos, pero por lo menos sobre el papel, los reyes católicos, relativamente rápido concedieron la «ciudadania» a la población local, prohibiendo su esclavismo y fomentando su «mezcla» con los colonos… y esto ya en el siglo XVI.

  3. Alatriste dice:

    A mí también me interesa ¿Por qué es tan importante que los casos que envuelvan a indios Creek (y supongo que la jurisprudencia lo hará extensivo a otras tribus con tratados similares) sean juzgados en tribunales federales y no en los estatales? ¿Es por el principio establecido de que los tratados no son letra muerta?

  4. Javi Fdez. dice:

    Pues sí, nos tienes en ascuas con lo de Oklahoma (puede sonar a ironía, pero no ).

  5. Diego dice:

    Como espectáculo no está mal, pero da vértigo pensar que Estados Unidos sea el primer país del mundo en premios nobel e investigación y medio país esté básicamente decidiendo ignorar cualquier recomendación que no esté basada en la testosterona.

    • Durruti77 dice:

      Es el papel de los medios de comunicación, que hace tiempo abandonaron cualquier pretensión de hacer periodismo y se dedicaron a hacer propaganda en interés de sus amos…
      Pero peor lo tenemos aquí, que encima no tenemos investigación y la educación es un desastre.

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