Internacional

¿Qué es el racismo?

17 Jun, 2020 - - @egocrata

Durante estas últimas semanas de protestas en Estados Unidos me he acabo metiendo en unas cuantas (demasiadas) discusiones en Twitter sobre la prevalencia real del racismo en Estados Unidos. Los comentarios siempre van en una dirección parecida, señalando que la legislación de derechos civiles fue aprobada hace más de cincuenta años y que las actitudes de los americanos han cambiado, y nadie se atreve a decir en voz alta que los negros son una raza inferior.

Ambas cosas son ciertas, pero me temo que el racismo es algo más complicado que eso. Para empezar, una persona racista es algo bastante distinto a una sociedad racista, que es lo que la gente que protesta en las calles estos días.

Definiendo el racismo:

Una sociedad racista es aquella donde dos personas que nacen en un mismo barrio, en la misma situación familiar, con el mismo nivel de renta tienen una probabilidad considerable de tener trayectorias vitales distintas según su color de piel. Si la probabilidad de un niño blanco de familia pobre de ascender a la clase media es mayor que la de un niño negro exactamente en la misma situación inicial de forma consistente, esto quiere decir que el color de la piel tiene un impacto en las expectativas individuales de cada persona, y podemos hablar de racismo estructural.

¿Sucede esto en Estados Unidos?

Los datos indican que sí, esto es así, y la evidencia empírica en esta dirección es abrumadora. Raj Chetty, Nathaniel Hendren, Maggie R. Jones, y Sonya R. Porter, en un estudio épico basado en una gigantesca base de datos del censo, demuestran de forma concluyente que la movilidad social está increíblemente marcada por el color de la piel, hasta el punto de que para niños que crecen en familias ricas, la probabilidad de que sigan siendo ricos como adultos es más del doble para chavales blancos que para negros. No importa cuántos indicadores y controles añadas (estructura familiar, resultados educativos, lo que sea) esta diferencia de resultados persiste para negros varones en todos los niveles de renta. La clase social juega un papel, pero el color de piel siempre sigue importando.

¿De dónde vienen estas diferencias?

Es cierto que en Estados Unidos no vas a escuchar nunca a nadie decir “no te voy a contratar porque eres negro” en voz alta. Si miras la legislación sobre derechos laborales, acceso a la vivienda, sanidad, seguros médicos, hipotecas, educación o cualquier tema que se os ocurra nunca veréis ninguna cláusula que diga que “los negros no pueden vivir en este barrio” o que “los negros van a pagar extra en la hipoteca”. Si encontrarás en algunos rincones ejemplos de affirmative action, legislación que da “puntos extra” a ciertos grupos (prioridad en acceso a becas, por ejemplo) pero de forma limitada. Esta clase de leyes, además, son cada vez menos habituales.

En realidad, la discriminación racial es bastante más sutil. Pongamos por el caso el acceso a la vivienda, un tema que me obsesiona y del que he escrito varias veces. Las ciudades y suburbios americanos no pueden decir en voz alta en sus estatutos que “no quieren negros”, porque eso es feo e inconstitucional. Lo que llevan haciendo desde hace décadas, sin embargo, es utilizar las regulaciones del uso del suelo para definir qué clase de viviendas se pueden construir, y hacerlo de tal manera como para que sea imposible construir viviendas asequibles en ninguna parte.

Los suburbios de Connecticut, un estado norteño de impecables credenciales anti-racistas y progres, son espectacularmente buenos haciendo estas cosas. El “truco” es poner regulaciones estrictas en tamaño mínimo de las parcelas (un acre), edificabilidad (sólo un 30% de la parcela con edificios), distancia respecto a la calzada (nada de tener casas justo al lado de la calle), plazas de aparcamiento (dos coches por vivienda), o superficie mínima de las viviendas dirigidas a reducir la densidad y aumentar su coste. Todas estas medidas son completamente “neutrales”, pero hacen imposible que nadie que no sea de clase media se mude al barrio.

Las políticas excluyentes en vivienda no se quedan aquí. Ha habido gran cantidad de estudios que señalan que a igualdad condiciones, los agentes inmobiliarios tienden a ofrecer a sus clientes negros viviendas en barrios peores. Cuando van al banco, las entidades ofrecen peores condiciones hipotecarias a clientes negros con idéntico nivel de renta y puntuación de crédito que a sus equivalentes blancos. Aquellos que se mudan a los suburbios, por cierto, se encuentran con esa bonita tradición americana de policía de gatillo fácil del que tanto se habla estos días. La mayoría de los homicidios con policías de por medio en Estados Unidos suceden en los suburbios, no en las ciudades. Por supuesto, cuando un barrio “se llena” de demasiada gente de color la reacción habitual de las familias blancas es largarse, así que lo de vivir en barrios sin segregación racial no lo vemos demasiado.

Todo va en la misma dirección:

En Estados Unidos, las competencias de educación son locales, así que la calidad del colegio al que tienen acceso tus hijos depende directamente de donde vives. En un suburbio “fortificado” con densidades bajas y viviendas caras, los colegios (que se financian con un impuesto a la propiedad) tendrán mucho dinero, muy pocos chavales con pocos ingresos, profesores bien pagados y educación de primera. En una ciudad densa con viviendas pequeñas, más pobreza, y difícil acceso a crédito, los colegios tendrán menos recursos. Si el punto de partida es uno donde las familias negras tienden a vivir en un barrio pobre y las blancas en un suburbio rico, vas a tener toneladas de discriminación racial sin tener que mencionar el color de piel en ninguna parte.

Lo más deprimente es que la discriminación no se limita a vivienda y educación, sino que se extiende a esencialmente todos los sectores de la economía. En el sistema de justicia, los acusados negros reciben penas mayores por el mismo crimen que los blancos de forma consistente. En sanidad, las mujeres negras con idéntica cobertura sanitaria reciben menos tratamiento y supervisión durante el embarazo, algo que genera unas diferencias enormes de mortalidad infantil según el color de piel. Cuando envías tu currículum al buscar trabajo, la probabilidad que te llamen es mucho más alta si tu nombre es más típico “blanco” (Kevin) que «negro» (Tyrone). El efecto individual de cada una de estas discriminaciones es pequeño, pero el problema es que todas van en la misma dirección, y todas van en contra del grupo étnico que empezaba con menores recursos en 1970, y que sigue siendo más pobre ahora.

Es decir: sí, el racismo existe. Y no, no hace falta que nadie sea “racista” para que exista discriminación racial. El racismo sistémico consiste precisamente en eso – un mundo donde nadie es racista porque el sistema, las instituciones, discriminan por ti sin intervención directa alguna.

Bolas extra:

  • Mi truco favorito de urbanismo excluyente, por cierto, es la costumbre de muchos suburbios de no construir alcantarillado y obligar a todo el mundo a tener fosas sépticas. Cuando alguien quiere construir más casas, alegan que añadir más viviendas implica tener más fosas sépticas, y eso acabaría por contaminar el suelo. En Connecticut es habitual encontrarte casas de cuatro millones de dólares con fosas sépticas por este motivo.
  • No hace falta decirlo, pero romper esta clase de instituciones es increíblemente difícil. Estos días muchos suburbios de Connecticut (la clase de sitios con precio de vivienda medio sobre los $500.000 y un 2-3% de población de color) han tenido manifestaciones de Black Lives Matter. La respuesta sardónica de un periódico local ha sido tuitear de forma insistente esos datos por Twitter, sin que nadie acabe de darse por aludido. Yo llevo más de diez años soltándole la tabarra a cualquiera que quiera escucharme sobre el tema, y la mayoría de activistas de izquierda me miran como si fuera Don Quijote cargando contra molinos de viento.
  • Lo de la discriminación hipotecaria, por cierto, lo sé de primera mano. Allá por el 2007-2008 trabaje en una empresa de hipotecas subprime, y sí, sucedía, y sí, era totalmente descarado. Los márgenes de beneficio para las hipotecas basura son más altos.
  • Florida, Texas y Arizona están teniendo escaladas muy preocupantes de infecciones de coronavirus. Son tres estados que abrieron muy temprano, mucho antes de tener la epidemia controlada. Los expertos se están temiendo lo peor.
  • Los sondeos están dando muy malas noticias a Trump estos días. Las elecciones están MUY lejos y Trump tiene una ventaja inherente en el colegio electoral (que dejo para otro día), pero tiene motivos para preocuparse.


11 comentarios

  1. Alnair dice:

    Me quedo con la impresión que faltan piezas en este puzzle.

    Defiendes al principio que no es solo una cuestión de origen social, pero en el resto del artículo mencionas un montón de medidas discriminatorias claramente enfocadas a la clase social a la que perteneces.

    El estudio épico que mencionas encuentra grandes diferencias entre entre hombres negros y blancos, pero no entre mujeres negras y blancas.

    Está claro que hay un manto de prejuicios en la sociedad, pero que esto entre en la categoría de racista (estos son inferiores a nosotros) me parece, al menos, discutible.

    Aquí en España ha existido (y existe) un prejuicio hacia las personas con marcado acento andaluz (nota: soy de origen catalán y vivo en Andalucía desde hace 15 años) que se ha relacionado con el inmigrante pobre y con poca educación que se tuvo que marchar al Madrid, Barcelona o Bilbao para encontrar un futur. El acento se ha usado como marcador social para prejuzgar a la gente. Es, principalmente, una discriminación de clase social.

  2. Jorge dice:

    Me declaro absolutamente incapaz de entender en qué medida todos los ejemplos residenciales que se citan en este artículo excluyen más a los negros de clase baja que a los de cualquier otra raza de clase baja.

    En realidad, toda la argumentación descansa sobre la presunción de que todo desequilibrio social que perjudica a los negros tiene su origen en el racismo. A partir de ahí, todos los ejemplos de desigualdad social son evidencias aplastantes de racismo.

    En fin, la ciencia politóloga.

  3. Roger Senserrich dice:

    ¿Porque los resultados son racistas, la gente que diseña la legislación está a menudo explícitamente diciendo que no quiere «those people» en su barrio y porque cuando empiezan a mudarse negros a un suburbio los blancos se mudan?

    No sé, a veces escuchar lo que dice explícitamente la gente o leer los debates sobre por qué una ley es así cuenta para algo. No es casualidad que haya muchos más pobres (en proporción) negros que blancos, y que los pobres blancos tengan mucha más movilidad social, vayan a la cárcel menos a menudo, reciban mejores hipotecas y no sean acosados por la policía.

    Sí, hay clase social. Pero no es solo clase social.

    • Atlas dice:

      Es que no es sólo clase social porque precisamente una de las particularidades sociológicas de los Estados Unidos ha sido la de unir de manera práctica y psicológica el concepto de raza y clase, aparte de por el racismo histórico por la alergia que tienen los estadunidenses a discutir el tema de la clase abiertamente.

  4. Diego dice:

    ¿Hay algún gran ejemplo de barrios ricos donde NO haya este tipo de tácticas, y haya habido integración y el resultado haya sido positivo? Lo digo por tener un poco de esperanza, no todo puede ser malo.

  5. Virgilio dice:

    Empieza bien el artículo considerando otros patrones además del color de la piel.
    Pero luego vuelve a caer en comparativas absurdas.
    En España también hay zonas residenciales caras (como en todo el mundo), de forma que no se segrega por raza. Se segrega por estatus económico. Que eso tenga un efecto colateral de que haya menos negros es algo colateral e inevitable. Solo haciendo todas las viviendas iguales (qué horror!) podría evitarse.
    No habla vd que en USA los asiáticos cobran más que los propios americanos.
    Ni tampoco habla de lo que verdaderamente importante. La cultura afroamericana es muy diferente a la del resto. De ahí parte todo, pero usted no cita NADA de ello.
    Habla de policías de gatillo fácil. Pero más del 90% de los asesinatos violentos de negros es a manos de otros negros. ¿Son negros de gatillo fácil?
    Más del 70% de los negros se crían sin padre.

    Es clamoroso que no ponga en la balanza todo esto. Y estoy convencido de que sería mucho más efectivo una autocrítica de los negros que mirar a los demás.
    Y tiene cierta gracia que la discriminación hacia los negros de la que habla sea… que se les obliga a vivir en barrios de negros.

    Dice Thomas Sowel que en la USA de los años 40 había menos diferencias entre blancos y negros. Él era un ejemplo.
    Ahora, tras todas las políticas de discriminación positiva, resulta que las diferencias vuelven a aumentar.

    Un artículo realmente malo y tendencioso.

  6. Ricaedo dice:

    @Roger Senserrich muchas gracias por tu genial artículo como de costumbre.

    Me gustaría por favor que comentaras brevemente tu opinión acerca de la educación.

    ¿Crees que más y mejor educación ayudaría a eliminar el racismo? ¿Cuál es tu posición al respecto racismo/educación?

    Muchas gracias de nuevo 🙂

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