Internacional

Primary Colors (VIII): la pifia de Iowa

4 Feb, 2020 - - @egocrata

Ayer tuvimos la primera votación (bueno, caucus) de las primarias demócratas del 2020. Es pasada la medianoche en la coste este de Estados Unidos, las votaciones hace cuatro horas que terminaron y… no sabemos absolutamente nada sobre quién ha ganado.

No es cuestión de que tengamos un resultado ambiguo, una de esas elecciones donde todo el mundo está a 2-4 puntos de distancia y hablamos de delegados, quién sube, quién baja y quién ha superado las expectativas. Nada de eso. El partido demócrata, en su excelsa, infinita, maravillosa capacidad de hacer el ridículo, ha pifiado algo tan básico como un recuento de las opiniones de las apenas 170.000 personas que han acudido a los caucus, y no tenemos resultados. No sabemos quién ha ganado en absoluto.

¿Qué ha sucedido? Las primarias en Estados Unidos, incluso unas primarias presidenciales en el primer estado de la unión en acudir a las urnas, son gestionadas por los partidos a nivel estatal. El partido demócrata de Iowa, que sólo ha tenido cuatro años para preparar un evento que saben que todo el maldito planeta está siguiendo con una atención desaforada, decidió crear una aplicación de móvil para que los responsables de cada caucus enviaran los datos, con confirmación telefónica si el software fallaba. Estos responsables, huelga decirlo, son voluntarios, no políticos profesionales, porque a nadie se le ha ocurrido que en una campaña electoral donde los candidatos se han fundido más de cien millones de dólares así a ojo la administración que la gestiona sea remotamente profesional o competente.

El software ha fallado. Las líneas de teléfono han quedado saturadas. El partido demócrata en Iowa ha sufrido algo parecido a un ataque de nervios, y hemos acabado pasando la noche con todas las cadenas de noticias hablando sobre el olor de las nubes y sin que nadie tenga la más remota idea sobre cuándo conoceremos el ganador. Los candidatos, los pobres, han salido a dar discursos para agradecer a sus seguidores todo lo que han trabajado e intentar chupar algo de tele.

Todos los equipos de campaña están, no hace falta decirlo, lívidos ante este ridículo espantoso del partido. La importancia de Iowa es que por muy surrealista que sea sus sistema de caucus, el ganador se lleva un empujón importantísimo que puede catapultarle a la victoria en las primarias del partido. Tras invertir millones de dólares, cientos de horas haciendo campaña, y movilizando miles de voluntarios, ninguno de los cuatro favoritos que se suponía podían ganar hoy (Sanders, Biden, Warren, Pete) va a conseguir el más mínimo impulso. Barack Obama, en el 2008, rompió todos los esquemas ganando en Iowa. Su discurso de victoria fue uno de los mejores de su carrera (¨they said this day would never come» – todo el discurso, desde la primera frase, es una obra maestra de tono y ritmo), dándole 13 minutos de prime time en todas las cadenas de TV del país y convirtiéndole de inmediato de un político prometedor a un candidato plenamente viable. Este año nadie tendrá la oportunidad de dar ese discurso. Todo el mundo poco menos que ha tirado millones de dólares a la basura.

Mañana es el discurso del estado de la unión. El impeachment se cierra el miércoles. El viernes hay otro debate de candidatos. El martes que viene se vota en New Hampshire. Incluso si los patanes de Iowa consiguen dar un resultado antes del fin de semana, las primarias de New Hampshire van a tener muchísima más importancia (más aún) que otras veces. El ganador, si ha habido alguno, es Michael Bloomberg, que ni se presentaba en Iowa.


En fin, es divertido quedarte hasta las mil despierto para escribir sobre las primarias y no tener resultado alguno. De forma egoista, por cierto, este resultado me gusta. Esta semana voy a pasar muchos días en New Hampshire trabajando para la campaña de Warren, así que mi vida va a ser aún más interesante. Pero si los demócratas quieren derrotar a Trump, empezar el ciclo electoral haciendo el ridículo de esta manera es muy, muy, muy mala señal.