Internacional

Impeachment (IV): las opciones republicanas

31 Oct, 2019 - - @egocrata

La saga del impeachment de Donald Trump ha tenido tres tendencias bastante claras estas últimas semanas. Primero, esencialmente todas las noticias sobre las investigaciones demócratas sobre el escándalo de Ucrania han sido entre malas y espantosas para el presidente. Durante las dos últimas semanas un testigo tras otro ha corroborado la historia inicial, confirmando todas y cada una de las afirmaciones del denunciante anónimo (¿hay una traducción mejor para whistleblower?) en el escrito que empezó todo el proceso.

Segundo, las encuestas no se han movido demasiado estos últimos días. El apoyo al impeachment se disparó en la semana que siguió la denuncia, pero desde entonces se ha estabilizado un poco por encima del 50%, según cómo se formule la pregunta. Esto es en menos malo de lo que parece para los demócratas, ya que no parece que los votantes estén tragándose el argumentario republicano de que este es un proceso partidista. Es también un poco descorazonador, por supuesto, ya que tras dos semanas de noticias espantosas para Trump, el apoyo entre el electorado no ha variado demasiado. Las cifras sobre el impeachment son muy parecidas a las cifras de popularidad del presidente; Trump es impopular, pero la lealtad de partido se está imponiendo al ciclo informativo.

La tercera tendencia es más sutil, pero creo que es la más significativa de todas. Aunque durante las últimas dos semanas no hemos visto (casi) ninguna deserción republicana, muchos políticos conservadores se están poniendo un poco de perfil estos días cuando les preguntan sobre el impeachment y el presidente. Hemos visto unos cuantos artículos ya sobre senadores republicanos lamentándose en privado sobre la potencial catástrofe para el partido y diciendo que si el voto fuera secreto votarían a favor de sacar a Trump de la Casa Blanca. Uno de los senadores más cercanos a Trump, el antaño racional y cuerdo Lindsay Graham, lleva días intentando hacer que sus compañeros de partido firmen una declaración condenando la investigación de la cámara de representantes, pero muchos de sus colegas se han resistido; cuatro siguen sin apoyarla. Los periodistas hablan sobre cómo muchos legisladores se esconden cuando les preguntan sobre el impeachment; fuera de los 3-4 iluminados que seguirían a Trump al infierno (Graham, Blunt, Crapo…) nadie está contestando nada.

El movimiento más significativo ha sido el de Mitch McConnell, el líder del partido en el senado y probablemente el tipo más listo de todo el GOP. McConnell tenía la opción, gracias a sus amplias prerrogativas como líder del senado, de adoptar unas reglas para el juicio en la cámara alta que fueran muy favorables al presidente: un juicio corto, o solucionarlo todo en un par de votos sobre procedimiento y listo. Sin embargo, ha avisado a sus colegas que el juicio en el senado será un proceso de verdad, no una cosa abreviada para evitar ruido. Aunque sigue apoyando al presidente, McConnell sigue dejando una puerta abierta por si acaso deben dar el paso hacia un impeachment real.

Esto no quiere decir que Trump esté perdido. Un número significativo de republicanos está siendo un tanto ambiguo con sus declaraciones, pero nadie en el senado o la cámara de representantes con peso o poder real está rebelándose abiertamente contra el presidente. El cálculo sobre qué conviene al partido es bastante más complejo complejo.

Para empezar, los republicanos en el senado tienen como principal prioridad conservar la mayoría en la cámara, pero el impeachment coloca a muchos de ellos ante un dilema importante. Partiendo de la premisa de que lo que ha hecho Trump y que todo Dios está corroborando con documentos estos días es ilegal por completo y que en cualquier planeta más o menos sano sería más que suficiente para echarle a patadas de la Casa Blanca*, un legislador puede o bien aceptar esta idea y apoyar el impeachment o buscar excusas más o menos creativas para votar en contra. Apoyar a Trump es muy posible que provoque una pérdida considerable de apoyo entre votantes moderados; votar en contra hará que las bases del partido quieran lincharle.

Para alguien como Bill Cassidy, que representa Luisiana, este dilema tiene una resolución sencilla. En el estado hay tres votantes moderados y tres millones de republicanos hardcore, así que apoyará al presidente. Alguien en un estado donde el voto republicano está más concentrado en los suburbios y es más moderado como Joni Ernst (Iowa) o incluso John Coryn (Texas), sin embargo, sabe que perder moderados puede costarle caro. Para los legisladores con márgenes ajustados (léase Cory Gardner en Colorado) perder cualquier apoyo, en cualquiera de los dos flancos, equivale a una derrota electoral casi segura.

La cuestión es que de los 53 senadores del GOP, sólo 19 ellos se enfrentan a una reelección el 2020 (el senado renueva un tercio de legisladores cada dos años). Dos (Alexander, Enzi, y Roberts) se jubilan el año que viene. Según avance el caso, estos legisladores se pondrán más o menos nerviosos, y casi seguro irán actualizando su estrategia.

Los incentivos, en agregado, tienden a empujar hacia mantener al presidente en el cargo. Hay muchos más senadores en un escaño «seguro» (léase, estados muy conservadores) que en escaños marginales, y estos tienden a temer más unas primarias por parte de activistas del partido iracundos que perder unas generales. Los pobres legisladores en swing states saben que sus votos no bastan para ganar un impeachment, pero que su rebelión bastaría para costarles el cargo, sea en primarias, sea porque las bases se quedan en casa. Es casi mejor quedarse callado, fingir que todo esto es una pelea partidista, y dejarlo correr.

Aún así, todo el mundo sabe, desde Mitch McConnell hasta el presidente, que la investigación del impeachment puede empeorar y mucho para Trump. Los demócratas están haciendo entrevistas a puerta cerrada; todo lo que sabemos es por declaraciones de abogados y filtraciones, pero no hay un «yo acuso» dramático de nadie ante las cámaras. Cuando empiecen las comparecencias televisadas es muy posible que las encuestas vuelvan a moverse. Por añadido, es probable que algunos de los nuevos testigos sigan añadiendo más madera al fuego de la investigación. Aún peor para Trump, puede que pesos pesados de verdad como John Bolton hablen en público sobre el tema, algo que sería devastador para el presidente.

Queda también el pequeño detalle de que Trump es horrendamente impopular hoy, a pesar de que la economía americana va viento en popa y el paro está en mínimos históricos. Si las cada vez más abundantes señales de desaceleración económica se confirman, sin embargo, el GOP puede verse en la tesitura de tener que apoyar un tipo que no sólo es corrupto hasta la médula, sino que además ha metido al país en una recesión. Si los republicanos creen que Trump va camino de una casi segura derrota electoral, es posible que la opción «de perdidos al río» gane enteros, y decidan cortar amarras.

Mi predicción, no obstante, no ha variado: creo que hay un 20% de posibilidades de que Trump pierda el cargo, sea por impeachment, sea porque le convencen que dimita (a la Nixon). El escenario más probable es que haya más senadores votando a favor de echarle que en contra, pero no se alcance la mayoría de dos tercios que fuerce su salida.

Aún así, un 20% no es una probabilidad insignificante en absoluto – y es mucho más fácil ver un escenario donde las cosas empeoran para el presidente que uno donde mejoran.

*: El listón de todo el GOP cuando empezó esta historia es que lo que hizo Trump era motivo para impeachment sólo si había un quid pro quo explícito en sus reclamaciones a Ucrania, investigar a Biden a cambio de ayuda militar. Todo Dios está diciendo que eso es lo que sucedió. La defensa más racional para los republicanos ahora mismo es de hecho decir que eso es lo que hicieron y pedir perdón, de hecho; es la única que les queda.