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La educación, un antídoto parcial para la brecha de género en el voto

17 Oct, 2019 - y -

Cada voto cuenta lo mismo, pero votar no cuesta lo mismo para todos

La igualdad de los ciudadanos en democracia exige que todos puedan votar y que su voto cuente lo mismo. Idealmente, también debería implicar que votar sea más o menos igual de fácil para todos. Pero esto último no sucede: como hemos mostrado en un trabajo publicado en la revista Journal of Elections, Public Opinion and Parties, los costes del voto dependen de las características sociodemográficas y las actitudes políticas de los ciudadanos. Entre otras cosas, hemos detectado que, en comparación con los hombres, las mujeres perciben sistemáticamente que votar tiene costes más altos. Este resultado, nunca antes investigado por la ciencia política, se suma a otros de un creciente número de estudios que se centran en analizar si existe un gap de género en otros asuntos políticos. 

Educación e igualdad de género

Como es de sobra conocido, la expansión de la educación formal es una fuerza impulsora de la igualdad de género a nivel planetario. Además, las sociedades con altas tasas de alfabetización son más favorables a la igualdad entre mujeres y hombres, y la educación promueve la información política y facilita la decisión sobre a qué partido votar. 

Es lógico así preguntarse si la educación puede aminorar los altos costes que entraña el voto para las mujeres. Esperamos por lo tanto que la interacción de género (mujer) y educación (post-secundaria) tenga un efecto negativo sobre los costes. En un estudio publicado en la revista Social Politics de Oxford University Press, hemos puesto a prueba si nuestra hipótesis es cierta, empleando la base de datos del proyecto Making Electoral Democracy Work (MEDW), que contiene información sobre los costes del voto en Canadá, Francia, Alemania, España y Suiza entre 2010 y 2015. 

Las mujeres y los de educación baja tienen costes más altos

La Figura 1 muestra las probabilidades de percibir costes altos en función del género y el nivel educativo. Los valores de estas probabilidades para las mujeres están representados por bolas rojas y los de los hombres, por cuadrados negros. Los valores de quienes tienen un nivel de educación bajo (hasta secundaria) están a la izquierda, y los de quienes tienen un nivel elevado, a la derecha. Las líneas verticales que acompañan a las bolas y cuadrados representan los intervalos de confianza al 95%. La Figura 1 revela dos cosas: primera, los costes son mayores para las mujeres, tanto si el nivel educativo es bajo como si es alto. Segunda, tener una educación elevada reduce los costes para ambos sexos.

Figura 1 Probabilidades predichas de percibir que el coste de votar es elevado dependiendo del género y de la educación

La brecha de género se reduce con la educación

Una observación atenta de la Figura 1 permite descubrir que la distancia entre mujeres y hombres es mayor entre los de educación baja. Esto puede apreciarse mejor en la Figura 2, que muestra directamente esta distancia, esto es, el efecto de ser mujer en lugar de hombre. Los intervalos positivos demuestran que la brecha de género se mantiene con independencia del nivel educativo. Sin embargo, los efectos de ser mujer son 0.3 más pequeños para quienes tienen educación alta. Además, es posible demostrar que esta diferencia de 0,3 no se debe al azar. Es decir, la educación atenúa, aunque no elimina por completo, la brecha de género en los costes de votar.

Figura 2 Efectos marginales medios del género dependiendo de la educación

La educación inmuniza parcialmente a las mujeres de sus mayores costes 

La educación reduce así la percepción de costes altos tanto para las mujeres como para los hombres, pero tiene un efecto más fuerte para las primeras. Podemos concluir entonces con una buena y una mala noticia. La buena es que, a los efectos positivos de la educación en cuanto a la reducción de desigualdades entre mujeres y hombres, hay ahora que añadir uno nuevo: tener educación disminuye la percepción de que el ejercicio más básico en democracia, participar en el proceso electoral, sea especialmente costoso para las mujeres. La mala es que esta disminución es solo parcial, y parte del diferencial de costes de voto entre hombres y mujeres persiste incluso en países desarrollados y democráticos como los que recoge nuestra base de datos.