Internacional

Impeachment (II): la conversación

26 Sep, 2019 - - @egocrata

La historia del impeachment se está moviendo con inusual rapidez, hasta el punto que es a lo largo del día he cambiado de opinión varias veces sobre cómo acabará este escándalo.

A primera hora, mi sospecha era que quizás los demócratas se estaban pasando de frenada. La Casa Blanca parecía demasiado segura de si misma como para que esto pareciera que fuera a llegar lejos. La historia iba a ser más simple, con los periodistas embelleciendo demasiado una conversación que había sido cordial y diplomática.

Cuando la Casa Blanca hizo público el texto-resumen de la conversación telefónica entre Trump y Zelensky, mi opinión cambió por completo. La charla entre ambos líderes es peor, en muchos aspectos, de lo que la prensa había anticipado. Trump habla de lo mucho que está haciendo Estados Unidos para ayudar a Ucrania; Zelensky responde entusiasmado que quiere comprar más misiles. Trump le frena, diciéndole que «me gustaría que nos hicieras un favor, por cierto» (I would like you to do us a favor though) y le pide que investigue a Joe y Hunter Biden repetidamente.

La cosa no se queda aquí. El gobierno ucraniano ha dicho que entendían perfectamente que hablar de esa investigación era un requisito obligado si querían hablar con el presidente. Trump y Giuliani llevaban meses presionando a las autoridades ucranianas con este tema. Detalles de la queja del informante detrás de todo el escándalo señalan que el Departamento de Justicia intentó bloquear la denuncia, y que el informe es creíble.

La historia parece clara: en el mejor de los casos, Trump pidió una y otra vez a un gobierno extranjero que iniciara una investigación contra un potencial rival en las elecciones presidenciales del 2020. En el peor de los casos, Trump exigió que un gobierno extranjero iniciara una investigación amenazándole de forma velada con dejarle a merced de los rusos. Esta es, a todas luces, una situación políticamente insostenible para Trump y sus aliados republicanos. De no haber una monumental sorpresa exculpatoria (algo como «Hunter Biden es un asesino en serie») el impeachment iba a provocar un daño atroz al presidente. Que perdiera el cargo pasaba de ser algo imposible a algo muy improbable, pero no fuera de toda duda.

Al final de la tarde, sin embargo, me empezaron a entrar las dudas. Escuchando radios conservadoras (Hannity, Limbaugh, Hugh Hewitt y Ben Shapiro, porque soy masoquista), el consenso era que todo esto era muy malas noticias para Joe Biden. Dejemos de lado el absurdo de que no hay absolutamente nada ilegal en lo que ha hecho Biden y su hijo en Ucrania por un momento. Los medios conservadores (porque Fox, Daily Caller, Breitbart y familia se han apuntado a esta teoría) dicen que sí, obviamente Trump pidió a Zelensky que investigara a Joe Biden un montón de veces, pero que esto no es ningún problema en absoluto. El presidente puede pedir lo que quiera a quien quiera sin límites, porque todo es diplomacia. Mientras no haya una amenaza explícita en sus palabras, no es delito ni nada grave, y todo esto del impeachment no es más que una bobada demócrata que sólo conseguirá que los votantes vean la corrupción de Joe Biden.

Es decir, que cuando un mafioso se acerca a tu comercio y te dice eso de «bonita tienda, ¿eh? Sería una lástima que le ocurriera cualquier desgracia» no es delito, ya que no hay una amenaza explícita. Pedirle a un país que eche mierda sobre tus rivales políticos es perfectamente aceptable siempre que acepten hacerlo gratis. Esta es la línea argumental de los medios conservadores americanos, y esta es la línea oficial de la Casa Blanca, que cometió la torpeza de enviar su argumentario a los demócratas por error esta mañana.

Es un argumento absurdo, pero La mayoría de legisladores republicanos en el congreso, o al menos la inmensa mayoría de los que se atreven a hablar con la prensa, lo han aceptado sin rechistar.

No importa que aceptar o solicitar ayuda material de un estado o ciudadano extranjero en una campaña electoral sea delito federal. No importa que la Casa Blanca esté reconociendo que Trump estaba pidiendo ayuda a Zelensky sin el más mínimo pudor, y que el mismo Zelensky, en una rueda de prensa que casi dolía verla, pidiera que a ellos no les metieran en campaña y que le dejaran en paz. El GOP dice hoy que esto es perfectamente aceptable, y que los demócratas son unos paranoicos. Y lo hacen en bloque.

Así que, a las 11 de la noche, ahora soy más bien pesimista. Si los republicanos mantienen la disciplina, desde el punto de vista político, el impeachement será percibido como una lucha partidista, y la mayoría de votantes se creerán la historia que cuentan los suyos, sin más. La popularidad de Trump es muy baja, así que dudo que salga reforzado, pero tendremos una batalla política ruidosa y esencialmente estéril.

Desde el punto de vista institucional, sin embargo, el daño de un impeachment fallido ante un caso de esta gravedad será considerable. Los republicanos se pasaran meses defendiendo que conductas increíblemente amorales (y casi seguro delictivas) del presidente son más que aceptables. El precedente de que cualquier presidente puede pedir felizmente a terceros países que echen mierda sobre sus rivales quedará impune.

A ser sinceros, esta es la conclusión más probable de toda esta historia: la cámara de representantes investigará y votará a favor del impeachment. Uno o dos congresistas republicanos votarán a favor, el resto en contra. El caso irá al senado, donde Mitch McConnell lo cogerá, aprobará unas reglas para el juicio entre ridículas y absurdas, y el senado rechazará la destitución o bien con una pequeña mayoría de noes con un par de senadores del GOP cambiando de bando (Mitt Romney y quizás uno de los que se van a retirar este año), o bien votará a favor, pero quedará lejos de la mayoría de dos tercios. Trump cantará victoria y dirá que todo esto demuestra que era inocente. Las encuestas no se moverán apenas, y en las presidenciales el impeachment será otro tema de discusión más, pero Trump se jugará la reelección en cómo va la economía más que en cualquier otra cosa.

Lo que me gustaría ver (y dudo que suceda) es que las dudas que algunos senadores parecen albergar en privado al menos se hagan públicas, y que el debate sobre el impeachment sea sobre hechos, no ortodoxia de partido. Incluso en ese contexto sería muy, muy improbable ver la mayoría de 2/3 necesaria para que Trump perdiera el cargo, pero sería bueno para la salud institucional del país. Sólo en un caso muy, muy extremo veremos una estampida en dirección al impeachment como la que sufrió Nixon – y que ocurrió con unas acusaciones mucho menos graves que las que se han hecho públicas hoy.

Nunca dejará de sorprenderme, de todos modos, la increíble lealtad del GOP hacia alguien como Trump. Si fueran un poco racionales, la posibilidad de ir a las urnas bajo un presidente Mike Pence debería casi ser preferible a seguir apoyando a un tipo que parece incapaz de entender la dignidad de su cargo. El partidismo es algo tremendo.