Política

Votantes a favor del caos

6 Sep, 2019 - - @egocrata

En la campaña de las presidenciales del 2016 se hizo famosa una frase de Peter Thiel, megamillonario, emprendedor, y villano de película de James Bond:

«The media is always is taking Trump literally. It never takes him seriously but it always takes him literally. I think a lot of the voters who vote for Trump take Trump seriously but not literally.»

La expresión de que muchos votantes se toman a Trump «seriamente, no literalmente» fue vista desde la izquierda con una mezcla de mofa, estupor y desesperación. La idea era que no importaba que Trump estuviera mintiendo; muchos votantes eran perfectamente conscientes de ello, y no les molestaba lo más mínimo. Lo que apreciaban era la actitud de Trump (gamberra, antielitista, irrespetuosa, faltona, dispuesta a saltarse los límites) y eso era lo que les atraía de él.

Ya en el 2016 hubo algunos analistas que en vez de horrorizarse señalaron que lo que decía Thiel no era en absoluto descabellado. Trump era y es una extensión de las viejas tácticas nixonianas de apelación al resentimiento, pero sin la patina de respetabilidad tradicional de políticos republicanos recientes. Bush (hijo y padre, que por mucho que fuera de estadista bien tuvo a Lee Atwater de director de campaña) buscaban pulsar los mismos botones en el mismo electorado.

Trump, no obstante, es más extremo. Los políticos republicanos tradicionales podían ser muchas cosas, pero nunca basaron sus campañas en decir y hacer cosas sólo para provocar a la progresía. El GOP nunca fue un partido abiertamente antielitista y orgullosamente deshonesto como es la presidencia de Trump. Cuando a Bush, Romney, Reagan, o Nixon les pillaban mintiendo al menos se avergonzaban de ello. Trump, en cambio, discute, pelea, acusa a todo el mundo de ser parte de una conspiración y habla de demoler las instituciones, sin que le importe lo más mínimo actuar de forma deshonesta.

En un artículo reciente, Michael Bang Petersen, Mathias Osmundsen, y Kevin Arcenaux intentan averiguar hasta que punto esta actitud prácticamente nihilista de Trump es parte de su atractivo. Para ello, hicieron cuatro sondeos con un total de 5.157 entrevistas en Estados Unidos (y dos con 1.336 entrevistas más en Dinamarca) preguntando si a un votante está a favor en contra de las frases siguientes:

  • Tengo fantasías sobre un desastre natural aniquilando la mayor parte de la humanidad que permita que un pequeño grupo de gente empiece de cero.
  • Pienso que debemos quemar nuestra sociedad hasta los cimientos.
  • Cuando pienso en instituciones políticas y sociales, sólo se me ocurre pensar «dejadlas arder».
  • No podemos arreglar los problemas en nuestras instituciones sociales, debemos demolerlas y empezar de cero.
  • A veces sólo quiero destruir cosas bonitas.

Esto que parece el programa electoral de una anarquista especialmente violento en 1902 resulta ser extrañamente popular para un grupo en absoluto pequeño de votantes americanos. Un 24% está a favor de quemar la sociedad hasta sus cimientos, un 40% quiere ver las instituciones arder, y un 40% apoya demoler el orden establecido.

Los autores, basados en estas enternecedoras respuestas dignas de un etarra especialmente flipadillo, elaboraron un índice de «ansia de caos». El resultado es que como mayor el amor por quemar cosas del votante, mayor es la probabilidad de que sientan simpatía por Trump. Los votantes de Bernie Sanders también son ligeramente caóticos (supongo que caótico bueno; el Trumpista medio será más caótico neutral). Sólo los simpatizantes de Hillary están a favor de la ley, el orden, y el aburrimiento.

¿Quiere esto decir que el Trumpismo es un movimiento fascista violento? No, en absoluto. Un sondeo es un instrumento imperfecto, y las preguntas no deben ser interpretadas de forma literal (aunque debemos tomárnoslas en serio, claro). Cada una de las frases empleadas expresan más exasperación que ansias de violencia; son expresiones comunes de frustración, no de querer incinerar cámaras legislativas. Sin embargo, el hecho que tantos votantes de Trump parezcan querer enviar todo a la mierda señala que una parte importante del electorado quiere abiertamente que las instituciones entren en crisis, y el hecho de que Trump sea un patán con dos lanzallamas no es un problema, sino un virtud.

Tengo la sensación (completamente subjetiva y sesgada, pero sensación) que esta voluntad abiertamente pirómana de una parte significativa del electorado es algo fuertemente anglosajón. Basta ver el inexplicable ascenso de un cretino como Boris Johnson en el Reino Unido y la mera existencia de Trump para darse cuenta que hay algo muy, muy disfuncional en estas dos democracias. En España, Vox es un partido reaccionario que quiere más estado (central), no menos y a Podemos les gusta más un ministerio que nada en este mundo. El FN en Francia es chovinista y xenófobo, pero no es abiertamente antielitista, ly los ultras alemanes, aunque dan miedo (porque son ultras alemanes), son un porcentaje pequeño del electorado. Italia y la Liga quizás se acerquen al Trumpismo más que nadie en Europa, pero veremos cómo sobrevive el partido a la pifia que les ha hecho perder el gobierno.

El detalle importante de esta lista de países, de todos modos, es que a pesar de que los votantes americanos y británicos que adoran al Caos Reptante quizás parezcan un poco chiflados, su ansia por romper cosas es casi justificable. Estados Unidos tiene un sistema político profundamente disfuncional y un nivel de desigualdad atroz; Reino Unido no tiene un gobierno tan radicalmente incompetente, pero el grado de cretinismo de las élites británicas en las últimas décadas ciertamente dan ganas de sacar un mayal. Quizás apoyar el caos, en estos países, no sea una idea tan descabellada.

Trump y Johnson no son el problema. Son un síntoma de un sistema disfuncional.