Internacional

Siete años para ganar un derecho (III): la campaña legislativa

4 Jul, 2019 - - @egocrata

Continuación de este y este artículo.

Lo primero que haces cuando estás intentando sacar adelante una ley tan ambiciosa como Paid Family and Medical Leave (PFML, o baja familiar pagada – léase, bajas por maternidad y enfermedad) es dibujar la ruta legislativa que llevará a su aprobación. Esto requiere estudiar qué comités legislativos deben revisar y votar sobre la ley, qué legisladores deben «pilotar» su tramitación, qué cámara debe votarla primero y qué posibles escollos puede encontrarse a su paso.

En el caso de PFML, la ruta era complicada. La ley iba iba empezar a andar en el comité de trabajo y empleados públicos, un lugar lleno de demócratas muy favorables a su aprobación. Dado que la ley implicaba crear un nuevo programa de gasto, la medida después debería pasar por el comité de apropriaciones, que es el que decide sobre gasto público. Finalmente, la ley incluye un impuesto para financiarla, así que debería ir al comité de finanzas antes de salir al pleno. Afortunadamente, en Connecticut el legislativo se organiza en joint committees, es decir, en comités mixtos de representantes y senadores, así que «sólo» necesitabamos tres votaciones, más el senado, la cámara de representantes, y la firma del gobernador.

Empezar en trabajo tenía sus ventajas. Las co-presidentas del comité, la senadora Julie Kushner y la representante Robyn Porter, ambas habían sido elegidas con el apoyo del Working Families Party (WFP). Porter era un legisladora relativamente veterana que se había ganado la confianza del comité. Kushner, recién elegida, tuvo a WFP casi literalmente haciéndole toda la campaña. Para hacer las cosas más fáciles, el líder de los demócratas en el senado, Martin Looney, había decidido que PFML sería su propuesta prioritaria al principio de sesión – sería el Senate Bill 1 (o S.B. 1), la primera propuesta de ley formalmente presentada a la cámara por la mayoría.

La primera impresión, tras los primeros contactos con legisladores en la cámara, era que los demócratas tenían votos más que suficientes para aprobar una ley de PFML de forma abrumadora. El reto, en todo caso, era conseguir que esa ley fuera tan ambiciosa y progresista como fuera posible y aún consiguiera ser aprobada. No queríamos una ley de mínimos que saliera adelante 97-54 en una cámara y 25-11 en la otra. Nuestra ambición era una ley realmente efectiva y generosa (12 semanas de baja, pagos generosos durante ella, incluir parejas del mismo sexo y familiares no inmediatos, gestión completamente pública…) aunque fuera aprobada por unos pocos votos. Ibamos a mover la aguja tan a la izquierda como fuera posible, aunque eso implicarta sacar la ley adelante por la mínima.

Esta decisión conllevaba ciertos riesgos, pero creíamos tenerlos bajo control. En nuestra primera cuenta de votos, en el senado ibamos a perder como mucho 3-4 votos de demócratas conservadores, y deberíamos concentrarnos en un grupito de 4-5 moderados. En la cámara de representantes los márgenes eran parecidos, con unos 10 moderados que deberíamos trabajar.

¿Como se hace esto durante una sesión legislativa? Para empezar, hablas y negocias mucho con ellos, para ver hasta dónde pueden llegar. Los miembros de la coalición se pasaron horas persiguiendo legisladores por el capitolio, coordinandose con Porter y Kushner a cada paso para ver qué quería cada uno y cómo podíamos convencerles.

Lo más importante, sin embargo, no era lo que nosotros dijéramos, sino lo que oían de sus votantes. Durante todo el periodo de sesiones los miembros de la coalición se dedicaron a movilizar a votantes en los distritos de cada legislador que estuviera en la «burbuja» de indecisos, y hacer que les llamaran, escribieran, o hablaran con ellos constantemente.

¿Cómo lo hicimos? básicamente, los bombardeamos con todo excepto anuncios en TV y radio. Los miembros de la coalición, en agregado, tenían una lista de correo considerable (más de 20.000 personas) de gente interesada en aprobar PFML. Durante el periodo de sesiones cada vez que se acercaba una votación importante les pedíamos que escribieran o llamaran por teléfono a sus legisladores para animarles a votar a favor. WFP además contrató una decena de personas para que hicieran puerta a puerta en los distritos de senadores o representantes recalcitrantes, animando a votantes demócratas a ponerse en contacto con su legislador. Para complementar estos esfuerzos, montamos una operación de recogida de firmas potente (superamos las 5.000), además de una campaña de envío de postales y cartas (miles) al capitolio.

También recurrimos a la publicidad pagada. Facebook es una herramienta increíblemente útil para colocar anuncios a poblaciones muy concretas. Durante todo el periodo de sesiones mostramos anuncios teledirigidos a gente interesada («mujer, 20-40 años años, de izquierdas, fan de Bernie Sanders, que vive en esta población, empleada«) animándolos a llamar, firmar peticiones y hacer ruido. Para ello, filmamos una serie de videos cortos (siete clips de 60 segundos) con gente explicando historias sobre por qué PFML era importante, y sacamos partido a las herramientas de Facebook para seleccionar mensajes y grupos demográficos que generaran tanto tráfico como fuera posible.

Además de la relativa finura de Facebook, también recurrimos a publicidad más general, con banners y cortinillas con videos en prensa local y regional. Contratamos publicidad geolocalizada de forma que cualquiera que abriera su teléfono en el Capitolio viera publicidad sobre PFML. Además, usamos listas de votantes demócratas registrados en los distritos de legisladores dudosos para bombardearles con anuncios sobre el tema. Para acabarlo de rematar, enviamos cientos de miles de SMS a votantes en todo el estado pidiendo que escribieran a sus legisladores.

Aún hay más. Para reforzar el mensaje, los miembros de la campaña se coordinaron con decenas de activistas para enviar cartas al director y editoriales sobre PFML a todo periódico que se publicara en distritos claves. Los mensajes de estos artículos iban variando según dónde estaba la legislación y qué escollos se encontraban durante la negociación en cada comité. Cada vez que un senador o representante daba problemas, el periódico de su pueblo tenía gente enviándole a parir por su oposición irresponsable a esa provisión de PFML que tanto necesitaban. Por supuesto, si un legislador salía por la radio, hacíamos todo lo posible para que entre las llamadas del público hubiera alguien hablando de PFML. Si el pobre desgraciado organizaba una mesa redonda, conferencia o algo parecido, ahí aparecían unos cuantos votantes preocupados que le iban a preguntar sobre el tema repetidamente.

Si vivías en un municipio con un legislador moderado y estabas registrado como demócrata, es muy probable que durante el periodo de sesiones viniera gente a darte el rollo en la puerta, vieras decenas de anuncios en Facebook y fuera de Facebook, tu periódico local no parara de hablar sobre PFML, y además, si el legislador organizaba un acto en su distrito, te ibas a encontrar con una decena larga de activistas preguntándole sobre el tema.

Los resultados fueron impactantes. A las pocas semanas de que empezara el periodo de sesiones, muchos legisladores se quejaban que la gente de su distrito no le dejaban en paz, todo el santo día llamando sobre bajas por maternidad. Cada día decenas de cartas y postales llegaban al capitolio pidiendo PFML. Los más avispados no tardaban en darse cuenta que todo era una campaña organizada, pero cuando empezaron a ver los sondeos sobre PFML (un par de ellos pagados por la campaña, faltaría) no tuvieron demasiadas dudas que si votaban en contra era probable que le cayeran unas primarias el año que viene. Al menos tres legisladores nos dijeron explícitamente que ya vale, dejad de poner anuncios en mi distrito diciendo que tengo dudas, me rindo, y declararon que votarían a favor.

Para haceros una idea del ruido que conseguimos armar: los legisladores recibieron más de 3000 llamadas telefónicas, 4500 postales, más de 5000 cartas y más de 10000 correos electrónicos. Los 10-15 legisladores que considerábamos prioritarios recibieron literamente cientos contactos directos por parte de votantes en su distrito. En las primarias para un escaño en la cámara de representantes en Connecticut votan menos de 2000 personas, y eso en un año bueno. Esta clase de campañas no son un modelo de sutileza, pero con recursos suficientes, son efectivas.

Esto no quiere decir, por cierto, que la tramitación de la ley fuera fácil. El comité de trabajo y el de apropriaciones no dieron demasiados problemas, ya que los demócratas allí son bastante progresistas. Finanzas fue más justito. El problema fue el gobernador.

Justo antes de que la ley llegara al senado, el Gobernador Lamont dio una rueda de prensa diciendo que la propuesta, como estaba redactada, era inaceptable y que de ser aprobada así la vetaría. Dejando de lado sus objeciones (que resultaron ser una cuestión de reparto de poder en el organismo que administrará el programa), su amenaza abría la posibilidad de que muchos moderados con dudas desertasen, ya que no iban a jugarse el cuello votando a favor de una ley muy progresista estando en un distrito más bien conservador.

La reacción de la coalición fue por un lado redirigir toda la publicidad para pedir que los votantes llamaran a la oficina del gobernador (les petamos la centralita y el servidor de correo), y por otra intentar buscar una solución negociada que evitara el veto. Dado que quedaban pocos días para que acabara la sesión y la ley ya había sido aprobada por el senado, no había tiempo de enmendarla en la cámara de representantes y devolverla a la cámara alta. La solución fue una chapuza legislativa consistente en sacar la ley en la versión «básica» que no gustaba al gobernador, pero incorporar enmiendas en la ley de presupuestos, que sería votada inmediatamente después. Eso bastó para contentar a Lamont, y aprobar la ley en dos partes.

La ley salió adelante, por cierto, 21-15 en el senado (es decir, con dos votos de margen), y 79-69 en la cámara de representantes (cuatro votos de margen). Es decir, tan a la izquierda como era posible, con unos cuantos votos de sobra para asegurar el tiro. Es, con diferencia, una de las mejores leyes de Estados Unidos en esta materia. Aquí tenéis una explicación sobre cómo va a funcionar.

Una nota final: mi papel en esta historia es menor, pero no del todo periférico. Mi primer contacto con la campaña fue el 2015, el primer año en que se presentó una propuesta de ley. Por aquel entonces era director legislativo en la Connecticut Association for Human Services (CAHS). Una de nuestras analistas testificó a favor de la ley, aunque no participamos demasiado en la campaña. El año siguiente estuve algo más implicado (testifiqué yo directamente) y participamos algo más, aunque la ley naufragó de nuevo.

A finales del 2016 cambié de trabajo y me fui a Connecticut Voices for Children como director de comunicaciones. Aunque Voices apoyaba la legislación, no era una de sus prioridades. Durante el 2017 y 2018 aunque escribí y hice cositas aisladas sobre la legislación, no estuve demasiado implicado.

Este año me fui a trabajar a Working Families, también como director de comunicaciones, y he trabajado más que nunca en esta ley. He llevado gran parte de la publicidad y campaña de medios, y he escrito una cantidad francamente cómica de editoriales y cartas al director (firmadas por otros) durante los últimos meses.

Objetivamente, mi aportación debe andar sobre el 1% del esfuerzo total para sacar la ley adelante, y eso siendo muy generoso. Hay siete años de trabajo detrás, y todo lo que he hecho este año, que es bastante, sólo ha sido efectivo porque decenas de personas habían construido los cimientos (listas de correo, activistas, candidatos, financiación…) para poder lanzar la campaña adelante. En la historia oficial de todo esto, si algún día alguien la escribé, seré una nota a pie de página.

Quizás no sea demasiado, pero a mi me vale.