Política

El nihilismo intelectual del independentismo

19 Dic, 2018 - - @egocrata

Ayer el Parlament de Catalunya aprobaba una moción con los votos de los tres partidos independentistas «sobre el régimen del 78 y la necesidad de plena soberanía para construir un país liberado nacional y socialmente».

En el gran dibujo del cada vez más cómico debate catalán, esta moción no es realmente gran cosa. Es otro voto simbólico dentro de una lista casi inacabable de votos simbólicos donde los chicos de la CUP, ERC y comoquiera que se llame Convergència esta semana agitan el puño alzado de forma airada proclamando lo muy revolucionarios que son. Es un texto sin más valor jurídico que expresar la opinión de la cámara, sin efectos prácticos más allá del postureo político. La cuestión es que es también un ejemplo claro, doloroso, del nihilismo intelectual en el que vive el secesionismo político estos días y su alegre falta de respeto por la realidad.

El documento aprobado manifiesta el carácter antidemocrático y antisocial de la constitución española, dando siete motivos para rechazarla. Es un listado peculiar:

Uno no ve a menudo listas tan consistentemente erroneas en documentos políticos ahí fuera, así que no hay más remedio que recuperar las viejas tradiciones de la blogosfera y repasarlo punto por punto.

Dicho en pocas palabras: si estos siete puntos son condiciones imprescindibles para que un país pueda ser considerado democrático y social estos días, bajo el criterio de los independentistas ni en Europa ni el resto del mundo hay democracias. Vayamos por partes.


1. Monarquías:

Europa está plagada de monarquías constitucionales; Bélgica, Dinamarca, Reino Unido, Holanda, Nueva Zelanda, Canadá, Australia o Noruega son bonitos régimenes democráticos con un jefe de estado hereditario. Huelga decirlo, muchos de ellos (todos los de la lista anterior excepto Bélgica) son democracias completas. En muchas de estas monarquías el monarca tiene bastante más capacidad de intervenir en política que en España; en Bélgica hoy mismo el rey debe decidir si acepta la dimisión de su primer ministro.

2. Derecho de autodeterminación:

No hay ninguna constitución democrática ahí fuera que reconozca el derecho a la autodeterminación. En los inusuales casos en que ha existido un referéndum (Quebec y Escocia) el gobierno central ha concedido una votación; en el caso canadiense, con muchísimas limitaciones (la ley de claridad exige una reforma constitucional en caso de secesión, por ejemplo). Sobre la prohibición de federación entre comunidades autónomas, esta es una limitación muy habitual en constituciones federales, empezando por la de Estados Unidos (artículo I, sección 10).

Lo de «dividir naciones históricas» me lo tomaré en serio cuando en Valencia y Baleares haya un clamor para reunificarse con Cataluña.

3. Fuerzas armadas:

Animo que pregunten a Jefferson Davis si las tropas federales de Estados Unidos tienen la obligación constitucional de defender la integridad territorial y la constitución. El papel de las fuerzas armadas como garante del orden constitucional está recogido en un montón de constituciones (de memoria Austria, Francia de forma indirecta, Estados Unidos, pero hay más). La constitución española es inusualmente explícita y adjetivada en ese artículo, pero no es nada fuera de lo común.

4. Iglesia y religión:

Aunque nunca me ha acabado de gustar esta parte de la constitución, hay multitud de países que tienen menciones explícitas a una confesión religiosa en su articulado (véase Austria, Dinamarca, Grecia, Argentina – y no son las únicas). En el Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelanda, el jefe de estado es el gobernador supremo de la Iglesia de Inglaterra, así que mucha separación no hay.

Sobre el resto, me parece obvio que los padres deben tener el derecho de educar a sus hijos en un colegio religioso si así lo desean; lo antidemocrático sería prohibirlo.

5. Economía de mercado:

Hay una auténtica barbaridad de constituciones que establecen que el país donde están vigentes es una economía de mercado de forma explícita, y esencialmente todas garantizan el derecho a la propiedad privada y libre comercio/empresa en su texto.

No conozco ninguna constitución en un país razonable que hable de alternativas al capitalismo, con una excepción: la constitución española. El artículo 129.2 reza que los poderes públicos «establecerán los medios que faciliten el acceso de los trabajadores a la propiedad de los medios de producción.» Tanto el artículos 128  como el 129 de nuestra constitución son deliciosos, y no tengo ni la más remota idea sobre cómo acabaron en el texto.

6. Pensiones y sanidad como derecho fundamental:

Ninguna constitución europea es lo suficiente idiota como para colocar cosas como la sanidad o las pensiones en la constitución sin que requieran desarrollo normativo adicional. Esto es en parte por un motivo práctico (la ley de seguridad social española ocupa 208 páginas, y sólo cubre una fracción del estado de bienestar), en parte porque poner cosas en la constitución que vayan más allá de normas de funcionamiento del estado y derecho fundamentales es una idea espantosa. La lista de horrores derivables de hacer algo así es extensa: desde una colosal falta de flexibilidad en políticas públicas al hecho de que estas son decisiones distributivas, y que deben decidirse votando cada cuatro años, no por los padres de la patria en un documento irreformable.

Hay un lugar donde esta clase de derechos y políticas públicas concretas son relativamente habituales: los estados dentro de Estados Unidos. Alabama, el estado con la constitución más larga (310.000 palabras, 928 enmiendas)y que incluye toda clase de paridas en el texto (desde el derecho a organizar bingos benéficos por condado a impuestos sobre mosquitos), es un caso especialmente enloquecido, pero no es único.

El problema, al menos para un izquierdista bienpensante como yo, es que las enmiendas constitucionales a menudo van contra los derechos sociales, como en Oklahoma y el requirimiento constitucional de mayorías de 3/4 para subir impuestos. Incluso cuando la constitución tiene cosas que me gustan, como Connecticut garantizando el derecho a la educación, tener esto en la ley fundamental tiene efectos secundarios perniciosos. En el caso de Connecticut, una miriada de pleitos que han hecho que gran parte de la política educativa del estado haya sido establecida mediante sentencias judiciales, no debates democráticos. Incluir temas substantivos en la constitución es muy mala idea.

7. Los intereses de la deuda:

Este es un clásico de la demagogia de izquierdas en España; hablé sobre ello cuando fue aprobada por aquí. Básicamente, si España o cualquier país democrático medio se metiera en una situación presupuestaria donde tiene que decidir entre pagar los intereses de la deuda o pagar las pensiones, seguramente está ahí porque no puede pagar esas pensiones sin endeudarse. Declarar un impago (es decir, una bancarrota soberana) ya de por sí crearía una crisis que haría imposible que el estado pudiera mantener los derechos socioeconómicos del estado de bienestar. El 135 es importante en otros aspectos (aunque mucho menos de lo que se dice habitualmente), pero en lo de prioritizar pagos está hablando de algo que hacen todos los gobiernos que no quieren emular a Argentina.

Por cierto, hay otras constituciones que incluyen cláusulas parecidas – empezando por la de Estados Unidos (XIV enmienda, sección cuarta).


En agregado, la moción no deja de ser un documento fascinante. Algunas de las «condiciones» son simples arreglos institucionales perfectamente legítimos (monarquía, religión), otras son decisiones conscientes derivadas de que hacer las cosas de otro modo es una idea espantosa (no poner la sanidad en la constitución, abrazar el comunismo), otras son quejas sobre estructuras organizativas básicas del estado (ejército, deuda). Ninguno de los siete puntos se refiere a nada que sea realmente antidemocrático ni antisocial, y dudo que ningún país serio ahí fuera pueda cumplir con ni siquiera la mitad de estas condiciones. Los independentisas, para exigir democracia a España, han creado un enorme hombre de paja constitucional, exigen cosas absurdas que no cumple nadie, y se declaran indignadísimos. Otra vez.

Ignoro como puedes sentarte a negociar con alguien que exige que le traigas siete unicornios como condición mínima para considerarte demócrata, pero esto es lo que los independentistas están pidiendo con esta moción simbólica. La democracia española tiene problemas serios y graves (y sabe Dios que me paso la vida quejándome de ellos), pero aquí algunos parecen que han venido a hablar de fantasias.