Economía

Un mapa del racismo en Estados Unidos

12 Dic, 2018 - - @egocrata

Hay veces que los mapas explican mucho más de lo que parece. Hace un par de meses el NYT publicaba un mapa fascinante de los Estados Unidos dibujado estrictamente en blanco y negro. En vez de mostrar carreteras, autopistas, ríos o algún dato demográfico curioso, en el plano sólo aparecen dos cosas, espacio vacio y edificios. Visto de lejos, el mapa permite ver claramente la inmensidad de las grandes ciudades del país, y los enormes vacíos en los grandes espacios abiertos entre las dos costas. Nueva York y su área metropolitana tienen este glorioso aspecto:

La inmensidad al oeste de Chicago, camino de Oregón:

El mapa es fascinante desde esta perspectiva, pero es si cabe aún más revelador si nos acercamos un poco más al terreno.  Miremos, por ejemplo, este mapa de la zona metropolitana de New Haven, Connecticut. En el lado derecho, tenemos el centro de la ciudad de New Haven; hacia el oeste, los suburbios de Woodbridge y Orange, al norte y noreste, y West Haven, al oeste. De una esquina a otra del mapa hay aproximadamente 10 kilómetros.

Los límites entre municipios no están dibujados en el mapa, pero se ven claramente. La zona blanca marcada como Yale Nature Preserve es una enorme zona arbolada que la universidad declaró como espacio protegido en 1925; alberga un campo de golf. La zona vacía al oeste de esta franja son otros dos campos de golf, esta vez privados.

Lo más chocante, sin embargo, es la enorme diferencia en densidad de población entre New Haven y sus suburbios. Mientras que en Westville (el barrio queda justo al lado de Woodbridge) el tamaño de parcela mínima para construir una vivienda unifamiliar es un tercio de acre (1350 metros cuadrados, más o menos), en Woodbridge exigen 1,5 acres, o más de 6.000 metros cuadrados, en casi todo el municipio. Orange no bajan de un acre (4.000 metros) más que en algunas zonas pequeñas cerca de New Haven. Cuando el estado de Connecticut les ofreció construir una estación de ferrocarril en la línea que cruza el pueblo (comunicando Nueva York, New Haven y Boston) se negaron, ya que una de las exigencias del gobernador era que permitieran parcelas más pequeñas cerca de esta.

La gente de Woodbridge y Orange, por supuesto, no está haciendo esto por capricho. Las zoning laws, como en Estados Unidos se conocen los planes urbanísticos locales, son una cosa que los habitantes de los suburbios se toman muy, muy en serio. Si hablas con alguien de Woodbridge u Orange te dirán, con gesto preocupado, que lo de mantener la densidad baja es esencial para conservar el carácter bucólico del barrio, el ambiente rural y tranquilo de Nueva Inglaterra. Poner más casas o (vade retro!) apartamentos (cara de profundo asco) lo único que haría sería atraer tráfico, ruido y desorden, algo que les molestaría mucho y que haría bajar el precio de sus casas.

Es precisamente eso, el precio de la vivienda, lo que está detrás de las parcelas  enormes y la radical oposición por tierra, mar y aire a cualquier cosa que suene a construcción plurifamiliar. Una casita en una parcela de 1200 metros cuadrados puede ser relativamente barata, ya que no estás utilizando demasiado terreno, la parte más cara de cualquier construcción en el denso noreste. Una casita en una parcela de 6000 metros va a ser, inevitablemente, muchísimo más cara, y excluirá a muchos más compradores que no pueden permitirse comprar una granja además de una vivienda. La regulación urbanística no está ahí para proteger el medio rural, sino para evitar que esa clase de gente se muden a nuestro tranquilo suburbio.

Vayamos un poco más al este, dentro del mismo Connecticut, para ver Bridgeport y Fairfield County. Prueba de agudeza visual – adividan dónde acaba la ciudad y empiezan sus suburbios.

Ahora adivinad la composición racial de los habitantes a uno y otro lado de estas fronteras municipales. New Haven es 30% blanca; Woodbridge es un 90%. Bridgeport es un 39% blanca, Westport es un 93%. La segregación no es sólo por nivel de renta; es por raza. La vieja práctica de redlining (de la que hablé en detalle aquí hace una temporada) sigue existiendo, aunque los documentos oficiales o los códigos de urbanismo no mencionan color de piel o lugar de origen en ningún sitio. Los suburbios de Connecticut ahora lo hacen todo mediante tablas, regulaciones y mapas increíblemente esotéricos y detallados que simplemente hacen imposible que cualquiera que no sea de clase media acomodada pueda comprar o alquilar nada en el pueblo.

La cosa va más allá. En Connecticut, la educación primaria y secundaria es competencia municipal. Los colegios e institutos del estado se pagan mayoritariamente con property taxes, el IBI local. El impuesto es un porcentaje del valor catastral de la vivienda (una forma de decirlo – la figura fiscal es distinta), que varían considerablemente de un municipio a otro. Dado que sitios como Westport o Easton trabajan durísimo para evitar que haya una vivienda remotamente barata en sus municipios, su mill rate (dólares de impuestos por cada mil dólares de valor de la propiedad) es relativamente bajo; 18 en Wesport, 24 en Fairfield. En Bridgeport o New Haven, a pesar de que el estado ayuda a financiar la educación, el mill rate está por encima de 41. El impuesto medio en los 15 municipios más ricos del estado está en 10,9; las cinco ciudades más pobres están todas por encima de 40, y supera los 70 en Hartford. Los pobres y minorías pagan más impuestos para ir a colegios peores, y no tienen oportunidad de mudarse a otro sitio mejor.

Detrás de estos mapas y de todos estos puntitos negros hay una serie de instituciones que perpetúan la desigualdad y segregación racial. Es sutil, nunca se dice abiertamente y nunca sale en las noticias, pero es algo persistente, común y habitual en todo Estados Unidos, y uno de los motores de las enormes desigualdades que dividen el país. Y es algo que se puede ver a simple vista, sólo fijándose en el tamaño de las casas.